Los doce años de Pontificado de Francisco dejan un legado imborrable en la historia de la Iglesia Católica. Dejando de lado las controversias sobre su figura que no vienen al caso, el Papa será recordado por sus atributos excepcionales como pastor, por su vocación reformista, por su apertura permanente al diálogo ecuménico y, sin dudas, por su predilección por los pobres. Entre tantas cosas a destacar, sobresale el interés de Francisco por Asia. “El futuro de la Iglesia está ahí”, dijo, en repetidas oportunidades.
Como buen jesuita, Francisco siguió los pasos de Matteo Ricci y tantos otros misioneros de esa orden que, a partir del SXVI, emprendieron la titánica tarea de llevar al catolicismo desde Europa hacia los confines de Asia, hasta entonces un mundo tan lejano como desconocido y hostil. Francisco no se quedó en la mera retórica, ya que Asia fue uno de los destinos predilectos de sus numerosos viajes apostólicos.
El Papa estuvo primero en Corea del Sur, en 2014. Poco tiempo después visitó Sri Lanka y Filipinas, en 2015. Siguieron Myanmar y Bangladesh, en 2017. Luego visitó Tailandia y Japón, en 2019. En 2022, llegó a Asia Central, para visitar Kazajstán. En 2023, el turno fue de Mongolia. Finalmente, a fines de 2024 exigió su debilitado físico al extremo, al visitar Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Timor Oriental y Singapur, en apenas once días. En cada uno de estos destinos, el Papa convocó a multitudes.
La historia del Papa Francisco con Asia: diplomacia y diálogo en un continente clave
En sus viajes por Asia, Francisco fue venerado y aclamado en cada lugar que pisó y se convirtió en el punto de encuentro de sectores que, en muchos casos, se enfrentaron durante décadas en cruentas guerras civiles.
Si sumamos a Medio Oriente y al Cáucaso en la lista de viajes papales, Francisco también visitó durante los siguientes países: Jordania, Israel, Palestina y Turquía (2014); Armenia, Azerbaiyán y Georgia (2016); Emiratos Árabes Unidos (2019); Irak (2021) y Baréin (2022).
Un capítulo aparte merece el vínculo con la República Popular China, históricamente muy complicado para la Iglesia, sobre todo desde 1949 a la fecha. El Vaticano es el único Estado europeo que aún no reconoce a la RPC y sigue manteniendo relaciones diplomáticas formales con Taiwán.
Ese status no cambió con Francisco, pero sí hubo hitos de acercamiento muy relevantes con Beijing. En 2014, en su viaje hacia Corea del Sur, Francisco se convirtió en el primer Papa de la historia en sobrevolar el espacio aéreo de la China Continental. Incluso, Francisco envió una carta de salutación a Xi Jinping. Fue el comienzo de una nueva y promisoria era de las relaciones bilaterales. Luego de arduas negociaciones, en 2018 el Vaticano y la RPC llegaron a un acuerdo inédito para normalizar el nombramiento de los obispos y otras autoridades religiosas en China. Las señales amistosas hacia Beijing nunca cesaron de parte de Francisco, quien seguramente murió con el sueño pendiente de pisar China.
Pese a ser la región más poblada del mundo, apenas un 3% de los habitantes de Asia son católicos. Dicho de otra forma, sólo uno de cada nueve católicos vive en Asia. El jesuita Francisco siempre tuvo clara la importancia de esa región, hoy epicentro de la economía global, para el futuro de la Iglesia. Esa visión también la avaló con la creación de varios cardenales de ese continente. En definitiva, Francisco deja un trascendental “legado asiático” que su sucesor está llamado a continuar.
Director del Observatorio Sino-Argentino. Docente de la Especialización sobre China Contemporánea de la UCA. Master of China Studies y profesor visitante de la Universidad de Zhejiang (China).














