Libertad de prensa: comparativa de África y el Sur de Asia

Sur de Asia Libertad de prensa

En el duodécimo aniversario del Plan de Acción de las Naciones Unidas sobre la Seguridad de los Periodistas, ha surgido una verdad contraintuitiva: África Occidental, a pesar de sus dificultades económicas e inestabilidad política, ha logrado fomentar un panorama mediático independiente más resiliente que el de las supuestamente más desarrolladas democracias del sur de Asia.

Esta realidad sorprendente ofrece lecciones cruciales sobre la relación entre la libertad de prensa y la salud democrática. El sur de Asia presenta una paradoja preocupante. India, que se autoproclama como “la democracia más grande del mundo”, cayó al puesto 159 de 180 países en el ranking de libertad de prensa de 2024. Sin embargo, al otro lado del mar Arábigo, países como Senegal, Ghana y Nigeria han desarrollado sistemas mediáticos con mayor independencia y pluralismo, a pesar de enfrentar presiones autoritarias y limitaciones económicas similares.

En Pakistán, durante 2024 se documentaron 162 ataques contra periodistas, incluyendo asesinatos, agresiones, secuestros y detenciones arbitrarias por parte de fuerzas estatales. El país sufrió al menos 19 interrupciones de internet, incluyendo un bloqueo de un año a X (antes Twitter), mientras los funcionarios utilizaban redes VPN para acceder a la plataforma al tiempo que se la negaban a los ciudadanos. En tanto, India ha experimentado un hostigamiento sistemático contra periodistas mediante ejércitos de trolls coordinados y vinculados directamente al partido gobernante.

Lo que hace aún más destacable la resiliencia comparativa de África Occidental es que surgió de restricciones históricas similares. Al igual que el sur de Asia, la región sufrió el control colonial de los medios, que priorizaba las voces de los colonos sobre las de la población local. Los colonizadores franceses “tendían a suprimir el desarrollo de una prensa autóctona”, mientras que el dominio británico permitía una expresión cultural limitada. Ambas regiones atravesaron regímenes autoritarios poscoloniales con un férreo control sobre la prensa. No obstante, a fines de los años 80 y principios de los 90, África Occidental tomó un rumbo distinto. La región vivió una “explosión radial” de emisoras independientes que abordaban desde música hasta problemáticas de género. Las organizaciones de la sociedad civil jugaron un rol clave, con grupos como la Media Foundation for West Africa y la West Africa Journalist Association que promovieron redes de solidaridad transfronteriza.

Esta divergencia respecto del sur de Asia se vuelve aún más evidente al analizar las estructuras de propiedad. En India, cuatro de los cinco principales canales de televisión pertenecen a personas directamente vinculadas con el partido gobernante. La operación digital del BJP coordina su mensaje a través de más de 50.000 grupos de WhatsApp a nivel distrital o barrial, creando una maquinaria propagandística sin precedentes.

África Occidental, aunque no está exenta de concentración de medios, ha desarrollado modelos más diversos. La región ha visto florecer medios comunitarios y redes de la sociedad civil diseñadas específicamente para reducir la dependencia tanto del control gubernamental como de intereses extranjeros. Organizaciones regionales por la libertad de prensa, como la Africa Freedom of Expression Exchange, han establecido redes en todo el continente para promover el acceso a la información pública mediante campañas colaborativas.

Ante la censura, los periodistas de África Occidental han desarrollado estrategias de resistencia creativa. Organizaciones como la Unión de Profesionales de los Medios de Benín, que defiende los derechos de los periodistas mediante la capacitación y la incidencia pública, han establecido redes regionales que permiten a los profesionales eludir las restricciones gubernamentales. En contraste, en el sur de Asia, los medios han abandonado progresivamente su rol de contrapeso del poder.

En India, las noticias televisivas se han convertido en una plataforma de “hipernacionalismo exacerbado e hiperreligiosidad”, con discursos belicistas que generan réditos electorales para el partido gobernante. Cuando los agricultores protestaron contra políticas del gobierno, los medios dominantes se sumaron a la campaña para calificarlos de “criminales y separatistas khalistaníes”, renunciando a su rol tradicional de “reportar desde abajo”.

Estos caminos divergentes reflejan relaciones distintas entre los medios y la sociedad civil. En África Occidental, los medios evolucionaron en paralelo con asociaciones comunitarias que, según Mohamed Camara, mantienen una “interdependencia dialéctica” que fortalece a ambos actores frente a la dominación estatal. En el sur de Asia, particularmente en India, los medios han roto estos vínculos y se han convertido en lo que algunos académicos definen como un “cómplice” del autoritarismo. Las implicancias para la democracia son profundas: la libertad de prensa es fundamental no porque los periodistas merezcan privilegios, sino porque la información independiente permite a los ciudadanos tomar decisiones informadas y exigir rendición de cuentas. Cuando los medios fallan en esta función, la erosión democrática avanza con rapidez.

La experiencia de África Occidental demuestra que la libertad de prensa no requiere condiciones perfectas —la región aún enfrenta asesinatos de periodistas y acoso gubernamental—. La resiliencia, en cambio, surge de la diversidad institucional, las alianzas con la sociedad civil y la cooperación regional que impiden que un solo actor domine el ecosistema informativo. Para quienes apoyan la libertad de prensa a nivel internacional, esta comparación sugiere un cambio de enfoque: en lugar de centrarse exclusivamente en protecciones constitucionales o en la capacitación de periodistas individuales, se debería priorizar la construcción de ecosistemas mediáticos con múltiples centros de poder y fuertes vínculos sociales.

La resiliencia inesperada de los medios en África Occidental ofrece una señal de esperanza: incluso sociedades con recursos limitados pueden preservar espacios para el periodismo independiente. La clave no está en seguir un modelo occidental importado, sino en una ética normativa centrada en África que equilibre estándares globales con valores locales. Las trayectorias contrastantes de estas regiones nos recuerdan que la libertad de prensa nunca está garantizada: debe ser defendida y protegida continuamente a través de instituciones diversas e interconectadas. El preocupante retroceso del sur de Asia y el éxito relativo de África Occidental sugieren que el futuro de la libertad de prensa global podría depender menos de las democracias ricas en recursos, y más de los enfoques innovadores que surgen desde los márgenes.

Nota: esta es un artículo republicado del medio «The Wire» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.

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