El potencial hidráulico de Asia Central

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Tayikistán y Kirguistán son dos países situados en Asia Central, una región rodeada de grandes y estridentes potencias conocidas por ocupar las portadas de los periódicos en la esfera internacional. Limitando con Rusia al norte, con China en el este, y con Irán y Afganistán al sur, no es de extrañar que los sucesos acontecidos en esta región queden socavados por las noticias provenientes de sus vecinos fronterizos.

Además de su problemático vecindario, ambos países no cuentan con salida al mar, presentan importantes dificultades económicas y cuentan con malas puntuaciones en indicadores de pobreza, corrupción y desarrollo. Sin embargo, ambos países cuentan con una importante ventaja estratégica con grandes expectativas de comercialización: su potencial hidráulico.

Dadas sus características de renovabilidad y fuente limpia, la hidroelectricidad se conforma como una de las fuentes de producción de energía más prometedoras para el futuro. El gran potencial que estas repúblicas albergan entre sus fronteras, en combinación con la creciente demanda de este tipo de alternativas energéticas, hacen de esta circunstancia una valiosa oportunidad económica y política para sus mandatarios.

La explotación de estos recursos hídricos ha sido fuente de crecientes tensiones entre los países que conforman la región. La dependencia que las cinco repúblicas centroasiáticas detentan en la disponibilidad de agua, sumado a las aventuras oportunistas de potencias extranjeras y la necesidad estratégica de tanto Bishkek como Dushanbé en agilizar su desarrollo, conforman el escenario perfecto para el florecimiento de conflictos por este valioso recurso. 

El potencial hidroeléctrico de Tayikistán y Kirguistán

De los cinco países que conforman la región, Tayikistán y Kirguistán se erigen como los principales exponentes del potencial hidráulico de la zona. Los ríos de Sir Daria y Amu Daria, ambos nutridos de la nieve y los glaciales situados en las altas montañas Tian Shan y la cordillera del Pamir, abastecen a ambas repúblicas con una abundante cantidad de reservas de agua.

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En el caso de Kirguistán, la central hidroeléctrica de Toktogul, situada en el río Naryn y dotada con una capacidad estimada de 1200MW, abastece al país asiático en un 40% de su demanda de energía, consolidándose como su fuente de energía más importante. El sistema energético tayiko, por su parte, se sustenta en gran medida por la planta hidroeléctrica de Nurek, con una capacidad de 3000 MW.

En comparación con la producción de otros países mayores (como China), estas cifras son bastante alentadoras, considerando el menor número de habitantes, los recursos limitados y el territorio más reducido que ambos países poseen.

La hidroelectricidad, por tanto, juega un papel crucial en la matriz energética de ambos países. Esta fuente cubre el 90% de la producción de energía eléctrica nacional de Tayikistán. Por su parte, Bishkek abastece el 80% de la demanda de energía nacional con sus centrales hidroeléctricas. No obstante, su potencial total se sitúa muy por encima de los actuales niveles de producción y consumo.

En el caso de Kirguistán, se calcula que únicamente el 10% de su potencial ha sido explotadoEste porcentaje resulta aún más impactante cuando hablamos de Tayikistán: el país asiático apenas ha explorado un 4% de su potencial. Algunas estimaciones indican, incluso, que el potencial tayiko podría triplicar el consumo de electricidad actual en toda Asia Central.

El gobierno tayiko es consciente de la oportunidad que estos datos suponen para el país, es por ello que para 2030, Dushanbé tiene planes de aumentar su capacidad de los actuales 6,5 gigavatios (GW) hasta llegar a los 10 GW, consolidándose como una potencia energética de gran importancia en la región.

Hidropolítica en Asia Central

Antes de la caída de la Unión Soviética, las cinco repúblicas de Asia Central abastecían sus demandas de energía a través de una red transmisión de electricidad establecida en los años 70, el Sistema Energético de Asia Central Central Asian Power System (CAPS).

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Este sistema estaba conformado por un tejido de centrales hidroeléctricas y térmicas donde se producía la energía que posteriormente era transportada por toda la región. Sin embargo, con la desintegración de la URSS, dicho sistema, que anteriormente funcionaba como una entidad unificada, se vio fragmentado a lo largo de las nuevas fronteras nacionales, lo que generó desafíos significativos en términos de coordinación y planificación energética.

El colapso del régimen soviético forzó a las nuevas repúblicas a subsistir en una independencia para la que no estaban preparadas. La división de sus fronteras, trazada de forma arbitraria y sin ningún tipo de fundamento económico, étnico o geográfico, dificultó la planificación y el mantenimiento de estas instalaciones, lo que se tradujo en la incapacidad para aprovechar de manera óptima los recursos energéticos disponibles en la región.

Uno de los principales problemas que dejó la disolución de la Unión Soviética fue una manifiesta asimetría en la distribución de los recursos hídricos en la zona. Las principales fuentes de agua disponibles en la región, el Amu Daria y el Sir Daria, el río más caudaloso y el más largo de Asia Central, respectivamente, quedaron prácticamente bajo el dominio exclusivo de Tayikistán y Kirguistán.

No obstante, el resto de países de la zona presentan una marcada dependencia de estos recursos hídricos: Kazajstán depende en un 42% de estas valiosas fuentes de agua, Uzbekistán en un 77%, y Turkmenistán en un 94%. Los tres países, y en especial Uzbekistán, requieren grandes volúmenes de agua para sustentar su actividad agrícola. Para Tashkent, por ejemplo, la industria del algodón comprende un 13% de su PIB, representando el 30% del empleo rural en el país.

Tanto para Kirguistán como para Tayikistán, esta afortunada circunstancia representa una atractiva oportunidad de pavimentar su camino hacia la autosuficiencia y proyección internacional, a expensas de mermar el potencial agrícola en otras zonas.

Consecuentemente, sus políticas energéticas se perciben como una amenaza por sus vecinos, abundantes en reservas de hidrocarburos, pero con escasa accesibilidad a dichos recursos hídricos.

Otros actores internacionales

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El atractivo de este potencial, escasamente explotado y relativamente asequible, ha llamado la atención de una amplia diversidad de actores internacionales dispuestos a invertir en esta tentadora oportunidad. Países como China, Pakistán, Estados Unidos, o el conjunto de la Unión Europea, se han incorporado a la oleada de crecientes proyectos energéticos que florecen en la zona.

Uno de los proyectos más ambiciosos para explotar la capacidad hidroeléctrica de la región es la construcción de la presa de Rogun, situada en el río Vakhsh, en Tayikistán. El proyecto, cofinanciado por la Unión Europea, tiene por objetivo aumentar la capacidad energética del país asiático. Según los bocetos oficiales, su muro se elevaría hasta los 335 metros, posicionándose como la presa más alta del mundo, y permitiéndole albergar hasta 3,600 MW, lo que equivale a la capacidad de tres centrales nucleares. Este masivo plan supondría un catalizador en el desarrollo económico y energético de Tayikistán, permitiéndole exprimir mejor sus oportunidades y reforzar su posición en el panorama energético mundial.

Asimismo, el pasado 2023 se reavivaron las conversaciones entre los dirigentes tayikos y kirguises para retomar la iniciativa CASA-1000. Este ambicioso proyecto aspira a convertirse en la red de transmisión del excedente disponible de energía hidroeléctrica producida en Tayikistán y Kirguistán para los países del sur de Asia, en concreto Afganistán y Pakistán, cuya producción eléctrica resulta insuficiente para cubrir sus necesidades. No obstante, esta propuesta despierta interrogantes sobre cómo esta decisión podría afectar a la política y a las necesidades energéticas locales en Asia Central.

¿Guerras del agua?

Las tensiones en la zona por el control de los recursos hidráulicos ya han motivado varios conflictos entre las repúblicas kirguisa y tayika. Las disputas fronterizas históricas se han intensificado debido a la competencia por el agua y la infraestructura relacionada. En abril de 2021, por ejemplo, la tensión local escaló rápidamente cuando un grupo de ciudadanos tayikos instalaron cámaras de vigilancia en la estación de agua «Golovnoy», disputada entre Kirguistán y Tayikistán, provocando la muerte de 55 personas y más de 10.000 desplazados. 

La construcción de la presa de Rogun, por su parte, ha despertado las alarmas entre los países con menos disponibilidad hídrica, quienes contemplan este proyecto como una amenaza a su existencia.

Uzbekistán, en particular, ha sido especialmente firme en cuanto a su posición frente a la construcción de esta presa, lo que llevó al expresidente, Islom Karimov, a amenazar con una guerra en el 2012. Si bien ahora la posición de Uzbekistán tiende a ser más pacifista, la creciente inseguridad hídrica a la que se enfrenta Taskent ha llevado al país a aumentar su presupuesto de defensa, coincidiendo con una militarización acelerada en toda la región.

Pero además, los enfrentamientos por el agua van más allá del ámbito estatal y se han convertido en fuente de disputa entre poblaciones locales. En el valle de Ferganá, por ejemplo, la sequía de la región, provocada por la sobreexplotación y el aumento de temperaturas, choca con fragmentaciones étnicas y fronteras disputadas, provocando altercados violentos entre las poblaciones locales. Tal es así, que en las últimas dos décadas se han registrado cientos de personas fallecidas en conflictos por los recursos hídricos.

Por otra parte, la desecación del mar Aral, en estado de sequía continua desde 1960 debido al desvío de su canal a otras explotaciones agrícolas, ha agravado la crisis por la disponibilidad de agua en la zona. Su drástica desaparición ha perjudicado la salud de las comunidades locales, la agricultura y la pesca, generando desplazamientos y exacerbando la inestabilidad regional.

Otro aspecto a tener en cuenta es que Asia Central es una región gravemente afectada por el cambio climático. Se estima que en esta zona las temperaturas han aumentado hasta dos veces más que la media global. Además, este incremento de temperatura repercute en el deshielo de los glaciales, claves para el abastecimiento de los ríos. En combinación con la intensificación de otros fenómenos meteorológicos, se esperan largos períodos de sequía y escasez de agua en verano, así como el aumento en inundaciones y deslizamientos de tierra el resto del año.

Como conclusión, esta interacción entre inseguridad climática, dependencia hídrica, y desigualdad en la distribución de las fuentes de agua disponibles de la zona ha intensificado la competencia y antagonismo entre las cinco repúblicas de Asia Central, despertando temores por una posible escalada de las tensiones relativas a este preciado recurso. A pesar de los nuevos desafíos, alimentados por la incertidumbre del cambio climático, lo que el futuro le depara a los cinco países ex soviéticos aún está por ver.

Nota: este artículo fue escrito por Gadea Albaladejo y fue publicado originalmente en la revista «Tarpán». Link a la publicación original.

 

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TARPÁN es una revista orientada a la comunicación y análisis de los acontecimientos del espacio euroasiático, con especial énfasis en las regiones con las que Latinoamérica tiene menos interacciones.

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