Cadenas de valor y tensiones geopolíticas en la relación entre China y Vietnam

China Vietnam

La continuidad del crecimiento experimentado por las economías del Sudeste Asiático resulta difícil de definir sin trazar un paralelo con el rol de la República Popular China a la hora de convertirse en un socio comercial cada vez más relevante para los países que conforman la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).

Dentro de este heterogéneo grupo, el caso de Vietnam es ilustrativo de un vínculo con Beijing que comprende, por un lado, una cuota de afinidad a nivel económico y, por el otro, un cierto grado de recelo a nivel político para evitar caer en una dinámica de dependencia respecto del gigante asiático.

La transformación de China en un país exportador de tecnología y productos intensivos en conocimiento provocó una mayor interdependencia entre Beijing y los países que proveen insumos o elaboran procesamientos claves para estas ramas. Por lo que, se han ido cimentando importantes vínculos empresariales, con su correlato en el terreno productivo y de las inversiones, que exhiben el creciente relacionamiento en la región que tiene al Estrecho de Malaca y sus alrededores como epicentro comercial.

Si bien la denominada “Fábrica Asia” no es ninguna novedad, en esta las transnacionales japonesas ya no ejercen un liderazgo único. Porque, entre otras causas, al compás de su ruidoso ascenso desde la segunda década del presente siglo, China no ha escatimado en establecer fuertes vínculos con su periferia más cercana, donde las economías que conforman la ASEAN se han convertido en un eslabón indiscutible dentro de la estrategia geoeconómica de Beijing.

El ascenso tecnológico de China y los flujos de comercio con Vietnam

China ha ido escalando en las cadenas globales de valor (CGV) en segmentos de medio y alto valor agregado, entre los cuales han emergido gigantes tecnológicos nacionales como Huawei, Xiaomi o Tencent. Sin dejar de mencionar a pesos pesados que han ido evolucionando y actualmente juegan a nivel global en distintos rubros como Sinopec y CCNOC en petróleo, o en la prestación de servicios: China Mobile, Bank of China, Alibaba o Baidu.

Como sucedió con la industrialización japonesa y su posterior especialización en bienes de capital y segmentos de alta gama, la dotación intensiva en el “factor trabajo” (y su menor costo relativo) favorece el traslado de una parte considerable de los procesos productivos de menor contenido tecnológico que se realizaban en China a los países del Sudeste Asiático cuyo desarrollo industrial se encontraba lejos de la frontera tecnológica mundial. Entre ellos se ubica Vietnam; pero también Laos, Camboya y Myanmar. En este sentido, comenzaría a darse un proceso de complementariedad en las CGV de determinados insumos, donde se destacan los semiconductores para la industria microelectrónica, cuya demanda como producto final era global y creciente.

En poco tiempo adquiere relevancia la gravitación de Vietnam como una economía que despega del subdesarrollo aprovechando el dinamismo de la región y consolidando un vínculo creciente con Beijing.

Al igual que China, Vietnam ha pasado de ser una economía cerrada y bajo exclusiva tutela del Estado a convertirse en una economía de mercado abierta a la progresiva participación de capitales transnacionales.

En este sentido, Vietnam pasa a ser un taller de bajo costo para empresas coreanas, japonesas, estadounidenses, europeas y, más recientemente, chinas. En tanto, aludiendo al traspaso de procesos trabajo-intensivos mencionado, China emprende una fuerte política de inversiones estableciendo conexiones entre sus provincias sureñas y la región de Indochina (Vietnam, Laos, Tailandia y Camboya), cuyo soporte estaría garantizado más tarde por el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB) creado en octubre de 2014.

Sin embargo, aunque es evidente que China representó un empuje relevante para las economías del Sudeste Asiático, a la hora de demandar bienes y servicios diversos, la balanza comercial se ha mostrado cada vez más deficitaria para ASEAN. El caso de Vietnam, que desde 2018 se posicionó como primer socio comercial de China entre los países del bloque, comporta características similares. Los lazos trazados con Beijing se volvieron instrumentos esenciales para la industrialización y modernización vietnamita, aunque a la par se ha ido estructurando un saldo comercial bilateral negativo para Vietnam.

Inversiones y financiamiento chino en Vietnam

La transición experimentada por la economía vietnamita en la última década la vuelve un destino de inversión privilegiado a nivel global. Por lo que, como parte de su estrategia geoeconómica, China se ha estado posicionando mediante inversiones de gran escala con el país que comparte 1.300 km de frontera. Dentro de la Iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda y la Franja Económica promocionada por Beijing, ambos países han acordado un proyecto que comprende “dos corredores y un circuito económico” para conectar el norte de Vietnam con las provincias del sur de China.

En estos términos, el vínculo sino-vietnamita se sigue afianzando por medio de los flujos de inversiones y la asociación entre capitales productivos de origen estatal y privado, pero no deja de ser una relación ambigua y donde intervienen, cada vez de forma más anunciada, intereses de terceras partes.

Implicancias geopolíticas del relacionamiento externo

Para aludir a las tensiones geopolíticas presentes en la región del Asia Pacífico y en particular, en la relación entre Vietnam y China, se deben considerar los efectos de la confrontación, cada vez más evidente, entre Washington y Beijing. La inversión china en Vietnam ha posibilitado que empresas de capital chino establezcan sus propios procesos de producción y logísticas de distribución en este país.

De esta manera, se vuelve factible un proceso de triangulación de productos de origen chino que son fabricados, procesados o ensamblados en el país vecino y luego exportados -sin aranceles- a Estados Unidos. En tanto, esta práctica, que tendría lugar de forma endógena desde el mercado -debido a la búsqueda de competitividad y calidad-, podría impulsar sanciones por parte de Washington que afectarían el comercio bilateral con Vietnam.

Ahora bien, desde la ventana que ofrece la diplomacia económica, Vietnam se ha mostrado como un actor cosmopolita. Esto le permite disponer de un abanico más amplio de relacionamiento externo que podría favorecer, dependiendo el caso, una menor dependencia del comercio con China y Estados Unidos, a su vez que encontrar otros socios a nivel regional (India) y extrarregional (Unión Europea).

Pero más allá de esta prometedora diversificación de socios externos, el gran evento a nivel multilateral ha sido la firma del Regional Comprehensive Agreement for TransPacific Partnership (RCEP) en Hanói el pasado 15 de noviembre de 2020. Lo cual no resulta un hecho menor y pasajero en la relación sino-vietnamita. En primer lugar, porque el RCEP constituye una demostración de la consolidación de la región del Asia Pacífico como epicentro de la economía mundial. Pero, además, este megaacuerdo exhibe a todas luces un liderazgo activo de China ante la retirada de Estados Unidos como actor presente en el multilateralismo asiático.

En este sentido, se puede resaltar cómo ASEAN se ha constituido en una prioridad para la política exterior de Beijing.

En especial, a la hora de habilitar y aceitar buenas relaciones económicas sin acotar sus intereses ofensivos en materia territorial y buscando mantener el statu quo sobre las islas ocupadas. El Mar del Sur de la China es un corredor marítimo de alto valor geoeconómico y geoestratégico, tanto para los flujos energéticos y productivos, como ante posibles amenazas externas para China. Por ende, Beijing necesita cuidar, preservar y reforzar en el mediano y largo plazo la relación especial que mantiene con las economías del Sudeste Asiático.

El posicionamiento de ASEAN y las opciones estratégicas que se presentan para Vietnam

En la otra vereda, los países de la ASEAN no sostienen una posición única respecto a China. En algunos casos se presentan intereses divergentes, sobre todo con relación a la ambigüedad entre las demostraciones de poder militar y la voluntad de alcanzar consensos comunes en materia económica por parte del gigante asiático.

Para Beijing existen ciertos intereses que poseen un carácter innegociable y sobre los cuales prefiere proyectar su posición desde un ámbito bilateral y con estrategias de corte realista. El Mar del Sur de China y la soberanía sobre las islas que tiene posesión recaen dentro de estos intereses, lo que ha llevado a Beijing a obstruir la puesta en ejercicio del Código de Conducta sobre el Mar de China Meridional, que había sido propuesto por los países de ASEAN.

Esto conduce, por un lado, a un clima de mayor desconfianza y alerta por parte de sus socios regionales y, por el otro, imposibilita avanzar en nuevas negociaciones y habilitar señales de entendimiento entre intereses que yacen contrapuestos. Por su parte, Vietnam mantiene una disputa acerca de la soberanía de las islas Spratly y Paracel y en la gestión de la cuenca del río Mekong. Este último representa un activo natural de gran valor para los países que son bañados por sus aguas y se ha convertido en un punto de conflicto tanto por sus impactos económicos como energéticos y medioambientales.

En estos focos de conflicto latentes y dados los posicionamientos asumidos por las partes existe un desbalance de poder explícito que obliga a Hanói a tener que encontrar otros canales para lograr reclamar asuntos de interés crítico con mayor simetría respecto a China. Este potencial “re-balance” solo puede hallarse si nace una toma de partido conjunta desde ASEAN.

La propuesta del “eje del Indo-Pacífico”, donde la India, Japón y Australia junto con Estados Unidos se presentan como potenciales ángulos de contención del gigante asiático, debería ser contemplada por ASEAN como otro vértice de su política exterior.

Para el bloque del Sudeste Asiático y para Vietnam en particular, la necesidad de incrementar las cuotas de neutralidad y favorecer un buen entorno económico y un mejor desempeño en términos ambientales se constituyen como pilares insustituibles para sostener un equilibrio de poder en la región asimilable a sus propios intereses.

Dentro de este panorama, Hanói debería ubicarse en un péndulo que no descuide las relaciones con Beijing a la vez que sostener una relación de mayor cercanía con Estados Unidos, cuya fuerza extrarregional puede ser canalizada para reducir los márgenes de dependencia con Beijing en distintos órdenes. Por su particular historia y localización geográfica, el caso de Vietnam ilustra notoriamente los beneficios y los desafíos de vincularse con grandes potencias económicas, sobre todo en un escenario donde el valor estratégico propio y de la región de ASEAN tiende a escalar aceleradamente.

 

El artículo es un resumen del original, publicado en la Revista Asia / América Latina.

Julián
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Politólogo UBA / Integración Regional (UBA-FCE) / CLACSO / Fundación Meridiano