El turismo récord que experimenta Corea del Sur comenzó a generar su primera fricción política doméstica concreta: un candidato al gobierno del Distrito Jung de Seúl —el corazón turístico de la capital, donde se concentran Myeong-dong, el Mercado Namdaemun, el Dongdaemun Design Plaza y el Arroyo Cheonggyecheon— hizo del impuesto al turista extranjero el eje central de su campaña, con respaldo explícito de los líderes del gobernante Partido Democrático de Corea.
Lee Dong-hyun, candidato del PDK para la jefatura del Distrito Jung, propone crear un gravamen sobre el alojamiento que se cobra a los visitantes internacionales y distribuir la mitad de lo recaudado directamente entre los residentes del distrito y la otra mitad en reinversión turística. «El Distrito Jung es el más visitado por extranjeros en toda Corea, pero la carga de los residuos y el ruido recae íntegramente sobre los residentes. Ni un solo beneficio de esa prosperidad vuelve a nuestra gente», dijo Lee en un acto de campaña el domingo.
El contexto: turismo récord, infraestructura bajo presión en Corea
La propuesta surge en un momento en que Corea del Sur registra números turísticos sin precedentes. En abril pasado llegaron al país 2,03 millones de visitantes internacionales, un 19% más que el año anterior, marcando el segundo mes consecutivo que los arribos superan los dos millones —un umbral que se cruzó por primera vez en la historia en marzo. En todo 2025, los visitantes totales superaron los 18,9 millones, por encima del récord anterior de 17,5 millones establecido en 2019 antes de la pandemia. La Organización de Turismo de Corea apunta a 30 millones de visitantes para 2028.
En Myeong-dong, el principal corredor comercial del Distrito Jung y uno de los destinos de compras más visitados de Asia, se registraron 4,5 millones de visitantes extranjeros solo en el primer semestre de 2025, la cifra más alta entre los distritos comerciales de Seúl. Esa concentración de flujos genera presión sobre la infraestructura local —recolección de residuos, ruido, congestionamiento— que los residentes del distrito absorben sin ninguna compensación directa de los ingresos que genera el turismo.
El modelo japonés como referencia
Lee tomó a Japón como modelo explícito para su propuesta. Las ciudades japonesas con mayor presión turística —Kioto, Osaka y Tokio— cobran impuestos de alojamiento que van desde 200 yenes por noche en hoteles económicos hasta 10.000 yenes en los establecimientos más lujosos. El gobierno nacional japonés aplica además un impuesto de salida de 1.000 yenes —unos 6 dólares— que triplica su valor a 3.000 yenes en julio próximo.
El mecanismo concreto que Lee propone para el Distrito Jung comenzaría con acuerdos voluntarios con los operadores hoteleros y podría avanzar hacia una ordenanza distrital o una modificación de la ley de impuestos locales. Si es electo, negociaría primero con los hoteles del área y luego escalaría el marco legal con el respaldo de la Asamblea Nacional. Los líderes del PDK que acompañaron el acto de campaña se comprometieron con ese proceso: el jefe de bancada Han Byung-do calificó el impuesto turístico como «una política sólida para aumentar la autosuficiencia fiscal de los gobiernos locales» y prometió apoyo de todo el partido. El diputado Park Sung-joon prometió impulsar las discusiones en la Asamblea Nacional.
Un debate que Corea nunca terminó de dar
Corea del Sur no tiene impuesto al turismo extranjero. No es por falta de intentos: en 2014, un grupo de legisladores presentó un proyecto para crearlo pero no logró los votos necesarios. En 2012, la isla de Jeju intentó un gravamen para proteger sus sitios Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, pero el esfuerzo también fue abandonado. Ninguna de las dos propuestas llegó a implementarse.
Lo que hace diferente el intento actual es la escala del fenómeno que lo motiva. La combinación de turismo de masas chino —que se recuperó con fuerza desde 2023—, el efecto del Hallyu y la popularidad global del K-pop y los K-dramas, y el atractivo de Seúl como destino de compras, gastronomía y medicina estética generaron un flujo que supera con amplitud los niveles prepandemia y que presiona de manera desigual sobre los barrios más visitados. El Distrito Jung es el caso extremo de esa desigualdad: concentra el beneficio económico en los comercios y los hoteles, pero distribuye el costo ambiental y de calidad de vida entre todos sus residentes.
El debate que Lee abrió en su campaña electoral tiene proyecciones nacionales. Si el modelo prospera en el Distrito Jung, podría replicarse en otros distritos de Seúl y eventualmente en Jeju y otras regiones de alto tráfico turístico. La Organización de Turismo de Corea, que apunta al récord de 30 millones de visitantes para 2028, deberá tarde o temprano integrar en su planificación la pregunta que los residentes de Myeong-dong ya están formulando: quién paga el costo de la prosperidad que el turismo genera.
Colaboradora en ReporteAsia.













