Guerra en Irán: el conflicto que expuso la doble dependencia de Corea del Sur

Corea

Tras la noticia del pasado «lunes negro» en Seúl, donde la bolsa se desplomó un 18% en apenas cuatro jornadas —la peor caída desde la crisis financiera de 2008—, el presidente Lee Jae-Myung se encuentra atrapado en un dilema que entrelaza seguridad nacional y supervivencia energética. Lo que parecía un conflicto lejano en Oriente Medio ha terminado por golpear el corazón económico del país.

El bloqueo iraní en el estrecho de Ormuz ha desnudado la fragilidad estructural de la cuarta economía asiática, donde la dependencia energética y la alianza militar con Estados Unidos convergen en una amenaza directa al corazón de su industria de semiconductores. Mientras el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, insta a todas las naciones afectadas a sumarse a una coalición internacional para reabrirlo, Seúl observa con creciente preocupación cómo sus principales industrias,
particularmente el sector liderado por Samsung, tambalean ante la volatilidad
energética.

«Todas las naciones del mundo dependen de los productos que provienen del estrecho de Ormuz. China encabeza esa lista. Japón, Corea y todas las naciones asiáticas dependen de la energía que fluye a través del estrecho», declaró Wright el domingo en el programa «This Week» de ABC News. Sus palabras llegaban un día después de que Donald Trump intentara obtener el apoyo de aliados para enviar buques de guerra a la zona, incluyendo explícitamente a Corea del Sur entre los países afectados por esta
restricción en el estrecho.

La polémica alianza con Estados Unidos

El despliegue militar en el extranjero constituye un tema particularmente sensible para los surcoreanos. El precedente de 2003, cuando Seúl envió 675 efectivos no combatientes a Irak a petición de Washington, generó un acalorado debate nacional que aún resuena en la memoria colectiva. Hoy, con un conflicto de dimensiones potencialmente catastróficas en Irán, la oposición interna se ha manifestado con oposición frente a la retórica estadounidense.

Varias ONG en Corea del Sur han alzado la voz «La invasión estadounidense de Irán es una clara violación del derecho internacional. Por lo tanto, si Corea se une a la acción militar estadounidense, estaría violando la Constitución, que prohíbe a la nación invadir otros países», advirtió PSPD un comunicado emitido el domingo. Por otro lado, un funcionario de la oficina presidencial declaró que Seúl colaborará estrechamente con Washington y tomará una decisión prudente, delatando el dilema en el que se encuentra el presidente surcoreano actualmente.

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El costo energético detrás de la guerra de Irán

Mientras el gobierno analiza sus opciones, los números dibujan un panorama desolador. El crudo Brent alcanzó los 106,12 dólares por barril el lunes, y las proyecciones empeoran por momentos. Un informe del NH Financial Research Institute revela que la guerra podría llevar la tasa de crecimiento económico cerca del cero por ciento si el conflicto se prolonga durante un año, y, por otro lado, el crecimiento del PIB disminuiría aproximadamente 0,3 puntos porcentuales si la guerra dura tres meses. Este pronóstico
ensombrece el objetivo gubernamental de alcanzar un crecimiento del 2% en 2026,
frente al 1% estimado para 2025.

Shinhan Securities, por su parte, alerta sobre un doble golpe: el aumento vertiginoso de los precios del petróleo y el debilitamiento del won. En ese escenario, el crecimiento económico podría caer hasta 0,8 puntos porcentuales, situando el crecimiento anual en torno al 1%. El Instituto de Investigación Hyundai coincide: si el crudo promediara 100 dólares por barril, el crecimiento caería al menos 0,3 puntos; a 150 dólares, el desplome alcanzaría 0,8 puntos.

El caso de Samsung y los semiconductores

Pero el impacto más revelador ya se ha producido en el mercado hace unas semanas. La bolsa surcoreana perdió más de 500.000 millones de dólares en valor de mercado en cuestión de días, y aunque ese pánico inicial fue solo la manifestación superficial de una debilidad estructural mucho más profunda, sus efectos concretos ya se sienten en las principales empresas del país.

Los dos principales productores de semiconductores, Samsung y SK Hynix, los cuales son el pilar central del sector tecnológico surcoreano y concentran cerca del 40 % del valor total del mercado bursátil del país. En medio del lunes negro, ambas compañías llegaron a perder más del 20 % de su capitalización en apenas dos días, aunque posteriormente registraron una leve recuperación. La razones que ambos dependen de un suministro energético que transita por el estrecho de Ormuz.

Corea del Sur importa alrededor del 70% de su petróleo crudo desde Oriente Medio y, en la práctica, casi la totalidad de esos envíos atraviesa el estrecho de Ormuz. Esta dependencia no es menor si se tiene en cuenta que los combustibles fósiles siguen estructurando su matriz energética, con el petróleo como principal fuente de consumo, por encima del carbón y el gas natural.

Es así como el país que lidera segmentos clave del mercado mundial de chips de memoria, con una cuota del 80% del mercado de memorias de alto ancho de banda (HBM) y casi el 70% del mercado de DRAM, depende casi completamente de vías fluviales que se encuentran geopolíticamente inestables.

El segundo dilema de Corea del Sur: la seguridad

La crisis en Irán ha revelado además otra dimensión preocupante para Corea del Sur: la seguridad de la península. Según informes de prensa, Estados Unidos ha retirado misiles antiaéreos de sus bases en Corea del Sur para proteger mejor sus instalaciones en Oriente Medio. Esta decisión genera creciente inquietud ante posibles ataques con misiles de Corea del Norte, en un momento donde la confianza en la protección estadounidense ya había disminuido debido a la impredecible política exterior de Donald Trump. La guerra ha desencadenado así un debate fundamental sobre la vulnerabilidad nacional. Por un lado, la alta dependencia energética de una región inestable; por otro, el creciente escrutinio sobre la dependencia de seguridad respecto a Estados Unidos, percibido como un aliado cada vez menos fiable.

En este contexto, comienzan a ganar peso dentro del gobierno y la sociedad surcoreana las voces que reclaman una mayor autonomía, tanto en el plano energético como en materia de seguridad. En paralelo, el presidente Lee Jae-Myung ha reafirmado su apuesta por ampliar la generación local de energías renovables, con especial foco en el área metropolitana de Seúl y la provincia de Gyeonggi, donde se concentra buena parte de la demanda eléctrica del país.

Sin embargo, estas iniciativas responden a una estrategia de largo plazo frente a una vulnerabilidad que se manifiesta en el corto plazo.

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Con este escenario, Seúl se enfrenta a una disyuntiva que trasciende el conflicto actual. Acompañar a Washington implica asumir costos internos crecientes, pero mantenerse al margen tampoco garantiza estabilidad en un sistema internacional cada vez más volátil. Al mismo tiempo, su liderazgo en la industria de semiconductores, la cual es clave para la economía global, depende de flujos energéticos que escapan a su control, lo que amplifica el impacto de cualquier disrupción geopolítica.

En las próximas semanas, Corea del Sur deberá definir cómo posicionarse frente a un dilema que combina presión geopolítica y vulnerabilidad energética, en un contexto donde la crisis en el estrecho de Ormuz dejó al descubierto un límite difícil de ignorar: incluso las economías más avanzadas siguen condicionadas por fragilidades estructurales. En ese escenario, donde se entrelazan energía, seguridad y tecnología, no solo está en juego la respuesta inmediata de Seúl, sino también la solidez de su modelo
de desarrollo. Es así como el país que edificó su crecimiento sobre la exportación tecnológica se enfrenta ahora a una dependencia mucho más elemental, pero decisiva, ligada a recursos que no produce y a rutas estratégicas que no controla.

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Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de Belgrano, con experiencia en investigación, redacción y diplomacia. Se especializa en analizar y comunicar dinámicas geopolíticas de Asia Oriental, con un fuerte interés en los derechos humanos en Corea del Norte y las relaciones intercoreanas. 

Ha trabajado en la Embajada de Malasia, en la Cámara de Comercio Argentina para Asia y el Pacífico, y en el CESIUB (Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Belgrano), donde desarrolló ensayos y análisis profundos sobre Asia Oriental. 

Habla inglés y japonés, lo que le permite abordar temas internacionales desde una perspectiva global.