El sonido que abre el nuevo álbum de BTS con la canción “Body to Body” no es un sintetizador ni un golpe de batería. Es un crujido característico de un fonógrafo de cilindro de cera, un dispositivo que en 1896 representaba la cúspide de la tecnología de grabación. Luego, entre estática y silencios, emerge una melodía: lenta, nasal, inconfundible, conocida como Arirang, una canción tradicional coreana que se remonta a siglos atrás.
BTS, el grupo de K-pop más influyente del mundo, regresó recientemente con ARIRANG, su quinto álbum de estudio y el primero en seis años como grupo completo tras una pausa por el servicio militar obligatorio de sus miembros. El lanzamiento ha batido récords globales de reproducciones y ventas, pero más allá de su impacto comercial, el álbum se distingue por una apuesta inusual: su título y su estructura conceptual están dedicados a recuperar la memoria histórica de Corea.
Arirang como símbolo de resistencia y unidad
Arirang es una canción tradicional coreana con más de 3600 variantes regionales documentadas, constituye un fenómeno único en la historia musical coreana, un universo sonoro que se transforma según la geografía, la época y la función social. Arirang ha sido un vehículo para expresar las emociones del pueblo coreano —alegría, tristeza, rabia, esperanza— y ha acompañado momentos clave de su historia y se cantaba en el campo y en las ciudades, en celebraciones y en protestas, en momentos de intimidad y en espacios de movilización colectiva. Su presencia es tan ubicua que resulta imposible hablar de cultura coreana sin referirse a ella.
Su origen se remonta al menos a la dinastía Joseon (1392-1910), aunque carece de un autor conocido. Se trata de una creación anónima y colectiva, moldeada por generaciones. La interpretación popular más extendida lo descompone en ari (hermoso) y rang (amado), lo que permitiría traducirlo como mi amada. Más allá de su etimología, la canción se consolidó como parte central de la cultura coreana en 1896, cuando fue transcrita por el misionero Homer Hulbert. Para entonces, ya era considerada tan esencial para la identidad coreana como el arroz.
Entre 1910 y 1945, durante la ocupación japonesa de Corea, Arirang se convirtió en un canto de desahogo para quienes sufrían bajo el dominio colonial. Las letras de la canción, cargadas de imágenes de separación y caminos interminables, ofrecían una vía para expresar indirectamente lo que no podía decirse abiertamente sin riesgo de represalias. Se cantaba en reuniones familiares, en las pausas del trabajo agrícola, en aquellos espacios donde la vigilancia colonial se relajaba momentáneamente. Era una forma de compartir y aliviar el dolor colectivo sin levantar sospechas, un ritual íntimo de resistencia silenciosa que permitía a los coreanos procesar su sufrimiento de manera comunitaria.

Por otro lado, durante la Guerra de Corea (1950-1953) añadió una nueva capa de significado a la canción. En un país dividido por el conflicto, Arirang se transformó en la canción de los separados, de aquellos que perdieron a sus familiares con la partición de la península. El tema del anhelo, ya presente en versiones anteriores, adquirió entonces una dimensión trágica y concreta. Millones de coreanos quedaron divididos por la nueva frontera, muchos de ellos sin posibilidad de volver a ver a sus seres queridos. La canción se convirtió en el vehículo de ese duelo irreversible, en la expresión sonora de una herida que aún hoy permanece abierta.
Las décadas de 1970 y 1980 marcaron otro giro en la función social de Arirang. Durante el movimiento democratizador que sacudió a Corea del Sur, estudiantes y trabajadores entonaban la canción al final de las manifestaciones como un himno de solidaridad. En el Levantamiento de Gwangju de 1980, cuando las fuerzas militares aplastaron una protesta ciudadana dejando cientos de muertos, Arirang se escuchó en las barricadas. La canción que había servido para llorar la opresión colonial se convertía entonces en el canto de quienes exigían democracia frente a una dictadura militar. Aquellos jóvenes que la cantaban en las calles de Gwangju establecieron un vínculo directo con las generaciones anteriores que la habían utilizado para resistir el colonialismo, demostrando que la canción podía actualizar su significado según las necesidades políticas de cada época.
La canción fue inscrita en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO en 2012. Tanto Corea del Sur como Corea del Norte reclaman y celebran Arirang. En 2014, un conjunto de versiones norcoreanas de Arirang también recibió el estatus de patrimonio intangible de la UNESCO.
BTS recupera la historia: los siete coreanos que cantaron Arirang en 1896
BTS vincula su nuevo álbum ARIRANG con la historia de siete estudiantes coreanos que, en 1896, llegaron a la Universidad Howard en Washington D.C. tras huir de sus estudios en Japón y atravesar el Pacífico, con fondos tomados de un banco coreano, en busca de educación y una identidad propia en un país marcado por la segregación. Aquellos jóvenes—Im Byung Goo, Lee Bum Su, Kim Hun Sik, Ahn Jung Sik, Eyo Byung Hyun y dos cuyas identidades aún se investigan—fueron apoyados por el diplomático Suh Kwang Bum y el 24 de julio de ese año registraron sus voces en un fonógrafo de cilindro de cera, interpretando Arirang, convirtiéndose en la primera grabación conocida de esta canción tradicional coreana.
Este acto fue un gesto de afirmación cultural y memoria identitaria en el exilio. BTS recrea esa historia en su álbum: abre con el sonido animado de aquel fonógrafo y en su primer sencillo, «Body to Body», incorpora un coro que canta el motivo de Arirang acompañado de instrumentos tradicionales, fusionando modernidad y tradición. La letra —»Arirang, gogaero neomeonganda» («Cruzas el paso de Arirang»)— funciona como metáfora del desprendimiento y la conexión entre pasado y presente, estableciendo un puente de más de 130 años entre las siete voces pioneras de 1896 y los siete miembros del grupo, reafirmando la identidad coreana en un contexto global contemporáneo.
La canción titulada No. 29 y el sonido de un campanario del siglo VIII
«No. 29» es una grabación de minuto y medio de la Campana Divina del Rey Seongdeok, que fue construida en 771 durante la era Silla, según el Museo Nacional de Gyeongju, donde se exhibe. Es la campana más grande del país, con casi cuatro metros de altura y un peso de 19 toneladas, según el Servicio de Patrimonio de Corea. La campana tardó 34 años en construirse y es un símbolo de la cúspide del arte metalúrgico budista. Está catalogada por el servicio como tesoro nacional.
Mientras que el silencio durante toda la pista podría parecer un error técnico, en realidad es un homenaje intencional a la herencia coreana. La pista presenta el resonante tañido de la Campana Divina del Rey, designado oficialmente como Tesoro Nacional N.º 29 de Corea del Sur, de aquí su nombre en el álbum.
La campana fue golpeada por primera vez en varias décadas para crear la pista, dijo RM en la transmisión en vivo del viernes. Añadió que el museo se había acercado primero al grupo. La duración de la pista coincide exactamente con el tiempo que tardan en disiparse por completo las frecuencias resonantes de la campana, dijo.
Regreso de BTS en Gwanghwamun square
En la noche del 21 de marzo, la Plaza Gwanghwamun en el centro de Seúl—la histórica plaza frente al Palacio Gyeongbokgung, un lugar cargado con siglos de memoria política y cultural coreana—se convirtió en el escenario del concierto público más grande en la historia de Corea del Sur. Cuando comenzó el show, se estima que 260.000 fans se habían congregado. Simultáneamente, más de un millón de personas vieron en vivo por Netflix desde todo el mundo. Fue la primera presentación del grupo completo desde el concierto Yet to Come en Busan en octubre de 2022.
La producción estuvo a la altura del momento. El escenario se construyó como un enorme marco de LED que encerraba físicamente la puerta Gwanghwamun, con las montañas de Seúl elevándose detrás. Cinco vocalistas femeninas con hanbok tradicional aparecieron durante la noche, interpretando la melodía folclórica de Arirang con instrumentos tradicionales, entrelazando el sonido ancestral con un espectáculo de estadio con una sutileza e intención que los críticos notaron de inmediato.
Las vestimentas de los miembros, diseñadas por la firma coreana Songzio, las describió como una fusión entre la armadura de los guerreros de la dinastía Joseon y el fluido hanbok de los artistas que dieron voz a las añoranzas del pueblo. El diseñador explicó que buscaba «reinterpretar a los miembros de BTS como figuras heroicas que lideran la cultura coreana hacia un futuro más brillante».

Reconocimientos y logros del álbum
El impacto del álbum fue inmediato y de magnitudes sin precedentes. Cerca de cuatro millones de copias físicas se vendieron en su primer día de lanzamiento, según Hanteo Chart, el índice surcoreano que rastrea las ventas en tiempo real de música en CD y vinilo.
En Spotify, ARIRANG acumuló 110 millones de reproducciones en su primer día, convirtiéndolo en el álbum de K-pop más reproducido en la historia de la plataforma en un solo día. Esta cifra también lo posiciona como la duodécima mejor actuación de día de apertura de cualquier álbum jamás registrado en Spotify. Para entender el peso de ese número, basta con señalar que coloca a BTS por delante de las actuaciones de primer día de artistas como Bad Bunny, Drake, Travis Scott y Playboi Carti, todos ellos artistas que graban en inglés, el idioma por defecto asumido del consumo pop global.
BTS logró esto cantando en coreano, después de una ausencia de casi cuatro años como grupo completo, y aún así superó a aquellos referentes internacionales. Las catorce pistas del álbum ocuparon simultáneamente los catorce primeros puestos en el Global Top 50 de Spotify, un barrido limpio e ininterrumpido sin precedentes registrados en los once años de historia de la plataforma.
Más allá de los números, el álbum ha sido reconocido por la crítica especializada. La revista estadounidense Rolling Stone describió «Arirang» como una canción históricamente asociada con el luto y la resistencia, señalando que «Body to Body» captura un poderoso momento donde lo antiguo y lo moderno se cruzan. El medio musical Clash señaló que el uso de la melodía refuerza las raíces coreanas de BTS mientras destaca su evolución musical.
Interpretaciones detrás del nuevo album de BTS
El álbum ARIRANG retoma una historia que abarca más de un siglo y la incorpora en su propia arquitectura conceptual. La coincidencia numérica —siete estudiantes coreanos que grabaron la canción en 1896 en la Universidad Howard, siete miembros de BTS que lanzan este álbum en 2026— no ha sido señalada explícitamente por el grupo, pero resulta inevitable al analizar la estructura del trabajo. En ambos casos, un grupo de siete coreanos ha utilizado la música para afirmar su identidad en momentos históricos muy distintos, separados por 130 años de distancia.
«Lo que une a los siete miembros es que somos coreanos», dijo RM, el líder de la banda, en una transmisión en vivo posterior al lanzamiento. La frase, aparentemente sencilla, adquiere otra profundidad cuando se lee a la luz de la historia que el álbum rescata.
El objetivo del álbum, según ha explicado el grupo, es tomar emociones arraigadas en la memoria cultural coreana y expandirlas hacia algo universal. El anhelo, la distancia, el reencuentro, la resiliencia no son exclusivos de una cultura. Pero la forma en que BTS los expresa —con campanas del siglo VIII, con fonógrafos de 1896, con la canción que una nación entera ha cantado en sus momentos más oscuros— es profundamente, intencionalmente, orgullosamente coreana.
El álbum funciona, en última instancia, como un punto de convergencia. Une la tradición oral transmitida durante siglos, lla diáspora estudiantil del siglo XIX, los movimientos sociales del siglo XX y la cultura pop global del siglo XXI. Al recuperar la grabación de 1896 y proyectarla en el presente, BTS establece una continuidad histórica que trasciende lo musical. En ese gesto, el grupo no solo se posiciona como referente del K-pop, sino como un actor dentro de una narrativa cultural más amplia: la de una canción que, a lo largo de los siglos, ha servido para que Corea se piense, se exprese y se reconozca a sí misma.
En un contexto donde el K-pop tiende a adaptarse a estándares globales, BTS opta por profundizar su identidad coreana. Esa decisión es leída por fans y críticos como un gesto significativo: no solo un regreso, sino una reafirmación. Como sintetizó un seguidor, Arirang no es solo una canción, sino el corazón de la cultura coreana.
Las voces de los seguidores han sido parte fundamental de esta interpretación. Una fan del extranjero dijo: «Arirang es una canción sagrada sobre el anhelo, la separación, la resistencia y el amor que trasciende la distancia. Le dio a los coreanos la fuerza para sobrevivir a la era colonial, la guerra y la división». La fan añadió: «Que BTS elija ‘Arirang’ para ser reinterpretada en Body to Body significa que saben de dónde vienen, lo respetan y reconocen que su pueblo está con ellos. Y ARMY, que esperó, amó y permaneció a su lado, también es parte de esa canción». Otro fan sintetizó: «Hay una razón por la que ‘Arirang’ a
menudo se considera el himno nacional no oficial de Corea. No es solo una canción folclórica, es el corazón de la cultura coreana».
Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de Belgrano, con experiencia en investigación, redacción y diplomacia. Se especializa en analizar y comunicar dinámicas geopolíticas de Asia Oriental, con un fuerte interés en los derechos humanos en Corea del Norte y las relaciones intercoreanas.
Ha trabajado en la Embajada de Malasia, en la Cámara de Comercio Argentina para Asia y el Pacífico, y en el CESIUB (Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Belgrano), donde desarrolló ensayos y análisis profundos sobre Asia Oriental.
Habla inglés y japonés, lo que le permite abordar temas internacionales desde una perspectiva global.














