La AIE libera reservas récord de petróleo, pero los mercados no se convencen

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La Agencia Internacional de Energía (AIE) anunció el miércoles pasado la mayor intervención en reservas estratégicas de su historia: los 32 países miembros liberarán de forma coordinada 400 millones de barriles de petróleo para hacer frente a la disrupción provocada por la guerra en Oriente Medio. El conflicto, iniciado el 28 de febrero con los ataques estadounidenses e israelíes sobre Irán, ha reducido el flujo de exportaciones por el Estrecho de Ormuz a menos del 10% de los niveles previos a la guerra.

La decisión más que duplica la liberación ejecutada en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania y es la sexta acción coordinada en la historia del organismo. Pero su magnitud récord no logró ocultar una realidad incómoda: 400 millones de barriles equivalen a apenas cuatro días de producción global, una gota frente a los más de 20 millones de barriles diarios que habitualmente transitan por Ormuz y que hoy están bloqueados.

Japón fue uno de los primeros en actuar, con un anuncio unilateral que no se veía desde 1978: la primera ministra Sanae Takaichi confirmó la liberación de aproximadamente 80 millones de barriles —reservas privadas y gubernamentales combinadas— con inicio el 16 de marzo. La decisión refleja la exposición estructural del país: cerca del 90% de sus importaciones de crudo dependen de ese estrecho. Estados Unidos, por su parte, aportará 172 millones de barriles de su Reserva Estratégica con entregas escalonadas en 120 días; el Reino Unido sumará 13,5 millones y Corea del Sur, 22,46 millones.

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Los mercados, sin embargo, no se dejaron convencer. El Brent —que había llegado a rozar los 119 dólares a comienzos de semana— retrocedió brevemente hacia los 90 dólares tras el anuncio, para volver a escalar por encima de los 100 en la sesión asiática del jueves. El Nikkei cedía un 1,54% y el yen presionaba el nivel de 160 unidades por dólar: señales de que la volatilidad está lejos de ceder.

El problema de fondo es que las reservas estratégicas fueron diseñadas para amortiguar shocks temporales, no para sustituir una ruta de abastecimiento que mueve una quinta parte del petróleo y el gas del planeta. Mientras el Estrecho de Ormuz permanezca cerrado, cualquier intervención coordinada tendrá el mismo efecto: comprar tiempo, no resolver el problema. El propio director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, lo reconoció sin rodeos: la única solución real es la reanudación del tráfico marítimo por el estrecho.

En ese contexto, la gran pregunta no es cuántos barriles se liberan, sino cuánto tiempo puede sostenerse esta arquitectura de emergencia antes de que la presión política —y económica— obligue a replantear el conflicto.

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Co-fundador de Reporte Asia.