Las garras del algoritmo: El plan de Trump para la Argentina y el «Nuevo Sistema» de Peter Smith

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«Las águilas continúan sobrevolando el hemisferio, pero sus garras ya no son solo de acero: son algoritmos capaces de modelar decisiones, controlar información y redefinir la soberanía de las naciones.» GB (R) Oscar Armanelli

La reciente filtración e investigación sobre la estrategia de la administración de Donald Trump para redefinir la arquitectura geopolítica de la Argentina ha encendido las alarmas de los analistas internacionales. Según reveló el periodista Jorge Liotti en el diario La Nación, el plan de Washington no busca un mero intercambio comercial; aspira a un rediseño de fondo que garantice el control norteamericano del Atlántico Sur, el paso bioceánico y la proyección hacia la Antártida, abriendo las puertas a figuras clave de la tecnología de defensa como el magnate Peter Thiel.

Para comprender la magnitud de este giro, es imprescindible desempolvar las tesis del politólogo estadounidense Peter H. Smith en su obra cumbre, Las garras del águila (Talons of the Eagle). Smith demostró que la relación entre la superpotencia del norte y América Latina nunca ha sido caótica, sino gobernada por «sistemas internacionales» con reglas rígidas basadas en la asimetría de poder. El alineamiento de la gestión de Javier Milei con el trumpismo de corte radical parece estar pariendo un nuevo código en la región.

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Peter Smith identificó tres grandes eras históricas en las relaciones hemisféricas:

a. El Primer Sistema (1790s-1930s): Guiado por la lógica de exclusión imperial europea (Doctrina Monroe) y la expansión territorial.

b. El Segundo Sistema (1940s-1980s): Gobernado por la Guerra Fría y la doctrina de la contención anticomunista, donde Estados Unidos priorizaba dictaduras estables sobre reformas democráticas.

c. El Tercer Sistema (posguerra fría): Enfocado en la globalización económica, los mercados abiertos, el narcotráfico y las migraciones.

Lo que describe Liotti respecto al plan de Trump para Argentina configura el surgimiento de un Cuarto Sistema. Ya no se trata únicamente de «contener el comunismo» o de firmar tratados de libre comercio tradicionales. En el siglo XXI, la obsesión de Washington es la contención de China y el control de los recursos críticos y la infraestructura tecnológica global.

Aquí es donde entra la figura de Peter Thiel (cofundador de PayPal y Palantir, la firma de analítica de datos e inteligencia artificial aplicada al espionaje y la defensa militar). El acuerdo de defensa planteado no solo busca bases tradicionales o patrullajes en el Atlántico Sur; busca digitalizar la seguridad del Estado argentino bajo estándares tecnológicos norteamericanos. «Las garras del águila» ya no son solo garras militares de acero o presiones del FMI; hoy son algoritmos de vigilancia y almacenamiento de datos estratégicos en la nube.

Esta nueva etapa, que podemos definir como el «Momento China» según la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) 2025 y la Estrategia de Defensa Nacional (DSN) 2026, impone una lógica binaria de «zanahorias y palos» en todo el hemisferio. Mientras Argentina recibe las «zanahorias» —evidenciadas en el fallo favorable por YPF, el respaldo político tras la sintonía personal entre Milei y Trump, el despliegue del «Escudo de las Américas» y el desarrollo de la denominada «Pax Silica»—, Washington aplica «palos» contundentes hacia regímenes como el de Venezuela, forzando incluso la salida de intereses corporativos chinos en puntos neurálgicos como el Canal de Panamá. Esta política de «líneas rojas» genera fricciones profundas; mientras EE. UU. presiona por homologar definiciones de narcoterrorismo, actores regionales como Brasil —con sus propios criterios sobre el Grupo Vermelho— y México optan por soberanías divergentes respecto a sus carteles. La relación con Brasil, en particular, se encuentra en un punto crítico; la Casa Blanca no solo estrecha lazos con la oposición brasileña, recibiendo al hijo de Bolsonaro y restringiendo visas a jueces que persiguen al expresidente, sino que también observa con profunda desconfianza los intentos de Lula por desdolarizar el comercio y sus ambiciones nucleares, contrastando esto último con la transparencia del sistema ABACC que integra a Argentina. Así, el alineamiento automático argentino, sostenido incluso a costa de la ausencia de Milei en la cumbre del MERCOSUR, se contrapone a una relación con Brasil donde la falta de financiamiento estadounidense y la desconfianza estratégica parecen haber fracturado el bloque suramericano.

El académico brasileño Feliciano de Sá Guimarães introduce una categoría analítica crucial al advertir que el núcleo del problema estratégico actual en la región no radica en una rivalidad bilateral directa entre Argentina y Brasil, sino en la colisión frontal entre Brasil y Estados Unidos. Mientras la diplomacia brasileña busca resguardar su autonomía regional apostando al multilateralismo, los BRICS y su alianza comercial con China, quien absorbe casi el triple de sus exportaciones en comparación con EE. UU., la «Doctrina Trump» intenta reimponer una estricta lógica de esferas de influencia y jerarquía hemisférica. En este tablero, el alineamiento subordinado de la Argentina de Milei con Washington no es visto por Brasilia como un dilema vecinal, sino como un factor de desestabilización que fractura la coordinación estratégica del MERCOSUR y profundiza el desacoplamiento económico bilateral. Para la mirada brasileña, la geografía no cambia y el bloque regional sigue siendo indispensable para ambos países; sin embargo, al jugar de local para la estrategia norteamericana, Argentina fuerza a Brasil a oscilar entre la resistencia y la acomodación temática, elevando el riesgo latente de que ambas potencias del sur dejen de operar de manera conjunta como los estabilizadores naturales de América del Sur.

La redefinición del mapa argentino que proyecta la Casa Blanca toca una fibra hipersensible: la soberanía territorial. Al priorizar el control del paso transoceánico y la Antártida, EE. UU. busca blindar el hemisferio occidental ante el avance de las estaciones científicas y puertos que Pekín ha intentado desplegar en la Patagonia.

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Sin embargo, como advertía Smith, todo sistema de hegemonía genera asimetrías que los países latinoamericanos absorben a un alto costo político. El giro de Trump impone un replanteo implícito sobre la causa Malvinas (debido a su alianza global con Gran Bretaña) y genera cortocircuitos inmediatos con Brasil, el principal socio comercial de Argentina, que mira con recelo la hipermilitarización de la frontera sur.

El gran interrogante que deja el análisis geopolítico actual, y que reverbera con las advertencias históricas de las garras del águila, es si la Argentina está calibrando el verdadero precio de este juego. Milei ofrece un alineamiento ideológico total a cambio de oxígeno financiero y validación política en el corto plazo.

Pero la geopolítica de las grandes potencias no entiende de simpatías filosóficas individuales, sino de intereses permanentes. Permitir que corporaciones tecnológicas vinculadas al aparato de inteligencia de EE. UU. diseñen el mapa de defensa y controlen los puntos de acceso bioceánicos del país es una decisión que trasciende por completo a un mandato presidencial.

Como bien enseñó Peter H. Smith, cuando el águila desciende y ofrece su «protección», las reglas las escribe el que vuela más alto. En la era de la inteligencia artificial y la nueva guerra fría, la Argentina corre el riesgo de descubrir, demasiado tarde, que confundió una alianza estratégica de iguales con la entrega digital y territorial de su propia soberanía.

«Cuando la geopolítica se escribe con algoritmos, la soberanía deja de medirse únicamente en kilómetros cuadrados y comienza a contarse en datos, infraestructura crítica e inteligencia artificial.»

 

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GB (R) PhD Oscar Armanelli
Ciencia Política UB
Defensa Nacional UNDEF
Profesor Universitario UA
Mg. Historia, Estrategia, Geopolítica, Ciencias Militares y Operaciones de Paz ACAGÜE Chile