El 3 de mayo Japón celebra el Día de la Constitución, un momento de reflexión sobre su pasado y su camino hacia la democracia. Para comprender el significado de esta celebración, es crucial adentrarse en los sucesos que llevaron a la promulgación de esta constitución, comenzando con el fin de la Segunda Guerra Mundial y la derrota nipona.
El 2 de septiembre de 1945, en un hito que marcaría el destino de Japón, la firma de la rendición tuvo lugar a bordo del buque de guerra estadounidense Missouri. En ese momento, el General Douglas MacArthur, como máximo representante de los Estados Unidos, encabezaba la ocupación del país del Lejano Oriente. Durante esta ocupación, que se extendió desde 1945 hasta 1952, MacArthur y la Institución del Comandante Supremo de las Potencias Aliadas (SCAP, por sus siglas en inglés) ejercieron un control absoluto sobre Japón, determinando políticas, reformas y directrices económicas.
La democratización de Japón se convirtió en la prioridad principal de MacArthur y SCAP. Bajo su dirección, se implantó un modelo democrático, tomando como referencia el sistema estadounidense. Además, se buscó inculcar valores occidentales y garantizar los derechos humanos a través de una nueva constitución.
El proceso de revisión de la Constitución Meiji se inició en octubre de 1945. Aunque inicialmente se propuso un borrador progresista, MacArthur y sus colaboradores optaron por un enfoque más moderado, preservando el papel del emperador en la nueva constitución. Cabe recordar que la figura del emperador japonés históricamente ha sido de gran relevancia para el país, no sólo por ser jefe de Estado. En japonés, el emperador se llama tenno o “soberano del cielo”, algo que remite a la idea de que la familia imperial desciende de los dioses. Esto demuestra la importancia y respeto que conlleva su puesto. Según la constitución japonesa de 1947, el emperador es el “símbolo del Estado y de la unidad del pueblo”.
Esta Constitución introdujo una serie de derechos y libertades para los ciudadanos japoneses, incluido el sufragio universal que permitió a las mujeres votar por primera vez en la historia del país. Protegió la libertad de expresión, asociación, religión y reunión, así como el derecho a la educación y al trabajo. Este documento marcó un cambio significativo en la estructura política y social de Japón. Se buscaba dar un nuevo comienzo al país, asegurando tanto la paz interior como lograr una imagen pacífica en el plano internacional.
Uno de los aspectos más destacados de la Constitución japonesa es el Artículo 9, el cual establece la renuncia de Japón al derecho de mantener fuerzas armadas y participar en conflictos internacionales, es decir, renuncia al derecho a la guerra. Esta disposición, surgida en el contexto de la posguerra y el deseo de promover la paz, ha ejercido una profunda influencia en la política de defensa japonesa hasta la actualidad.
Fue en 1951 cuando se firmó una alianza con Estados Unidos, permitiendo el desarrollo de una fuerza conformada por funcionarios civiles y limitada a funciones de seguridad del territorio japonés, las “Fuerzas de Autodefensa de Japón”. En cuanto a la defensa, el “Tratado de Cooperación y Seguridad Mutua” (1960) estableció que Japón continuaría encargándose de su seguridad interna, mientras que Estados Unidos tendría a cargo la defensa del país nipón frente a posibles ataques externos. Todo esto en vista de la vigencia del mencionado artículo.
La Constitución de posguerra, especialmente su Artículo 9, continúa siendo objeto de debate y reflexión en la sociedad japonesa contemporánea. La famosa analogía de la ‘batalla de halcones y palomas’ ilustra esta lucha de posiciones en cuanto a la defensa y seguridad. Los ‘halcones’ representan a aquellos partidarios de rearmar al país debido a la evolución del contexto global, mientras que las ‘palomas’ son los pacifistas o aquellos que se oponen a modificar el artículo 9 de la vigente Constitución. Inclusive, los partidarios de los halcones están a favor de introducir armas nucleares al territorio japonés, alegando razones de defensa en caso de que EE.UU. no responda con rapidez a un ataque externo.
Los debates sobre el pacifismo y las discusiones sobre armas nucleares son temas recurrentes que reflejan la complejidad de la política japonesa contemporánea. Es importante tener en cuenta el contexto histórico en el que se promulgó esta constitución, especialmente considerando las devastadoras experiencias de Hiroshima y Nagasaki, para comprender cómo influyen en el presente japonés.
El legado histórico y el impacto en la política y seguridad nacional hacen que la conmemoración del Día de la Memoria de la Constitución sea un recordatorio constante de los desafíos y las aspiraciones de Japón hacia la paz y la prosperidad. Este día es una oportunidad para profundizar sobre los sucesos pasados del país en vistas de comprender su presente.
Mercedes Gutierrez Braun, licenciada en Relaciones Internacionales, se especializa en la región del noreste asiático, buscando informar y profundizar sobre sus dinámicas políticas, sociales y culturales.














