Por qué apostar por el gas es una estrategia miope para China

energía a gas en China

La energía generada por gas ha crecido rápidamente en los últimos cuatro años, pero las incertidumbres geopolíticas y económicas la convierten en una vulnerabilidad. En muchos aspectos, el sector energético de China sigue el patrón de “lento, y luego de repente todo a la vez”.

Según Global Energy Monitor (GEM), en 2024 se instaló más capacidad de generación a gas en China que en cualquier otro país. La incorporación de 19,5 gigavatios (GW) de energía a gas, aunque muy por debajo de la del carbón (30,5 GW) o las energías renovables (355 GW), supera la capacidad nueva combinada de los siete países siguientes.

Estados Unidos sigue operando la mayor flota total de plantas de energía a gas (556 GW), pero China está alcanzándolo rápidamente (152,8 GW).

La industria intenta promover la energía a gas como una alternativa limpia al carbón y como un aliado útil de las energías renovables. Sin embargo, el gas ha tenido dificultades para consolidarse en estos roles debido a sus altos costos y a la incertidumbre en el suministro. Como es difícil imaginar que estos obstáculos desaparezcan, la energía a gas representa un desvío innecesario en la transición energética de China.

Un papel ambiguo en la transición energética

A diferencia de muchos otros países, el gas desempeña un papel menor en la matriz eléctrica de China. Representa apenas el 3,2% de la generación total, frente al 43% en Estados Unidos. A medida que el gobierno chino persigue sus “objetivos de doble carbono” (alcanzar el pico de emisiones antes de 2030 y la neutralidad de carbono antes de 2060), la función del gas como energía de respaldo resulta tanto incierta como, en ocasiones, contradictoria.

El gas es considerado una energía “limpia” en China, donde más de la mitad de la electricidad se genera con carbón. Sin embargo, el gas es un combustible fósil que emite gases de efecto invernadero durante su extracción, transporte y combustión.

El gas presenta algunas ventajas sobre la generación de energía a carbón. Es más eficiente, genera menos emisiones de carbono por kilovatio-hora (si no se considera la fuga de metano) y sus centrales requieren la mitad del espacio. Pero la energía a gas no puede reemplazar significativamente al carbón debido a su mayor costo y suministro incierto, como se analizó en un informe del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero del año pasado. En la última década, la proporción del gas en la matriz energética de China se ha mantenido casi sin cambios, mientras que la de las energías renovables ha crecido rápidamente. A medida que se desarrollan las renovables, China busca cada vez más encontrar un espacio para el gas en su transición energética. Sus defensores argumentan que la capacidad del gas para arrancar y detenerse rápidamente lo hace adecuado para cubrir picos de demanda, cuando no hay sol ni viento.

Las “Medidas de gestión para la utilización del gas natural”, emitidas por el gobierno chino en junio de 2024, fomentan el uso del gas para este tipo de gestión de carga “pico-valle”. Sin embargo, datos de GEM indican que casi todas las unidades de energía a gas instaladas en los últimos años son turbinas de gas de ciclo combinado, generalmente con gran capacidad de generación. Esta tecnología es altamente eficiente y puede usarse para cubrir la demanda máxima, pero en realidad está mejor adaptada para generar energía de base.

Además, dos tercios de las plantas de ciclo combinado construidas en China en los últimos cuatro años han sido diseñadas no solo para generar electricidad, sino también para suministrar calefacción. Para garantizar una provisión confiable de calor, estas unidades deben funcionar de forma continua y estable, lo que limita aún más su flexibilidad operativa. Al tener menos capacidad para aumentar o reducir su producción rápidamente, son poco adecuadas para respaldar fuentes variables como la solar y la eólica.

Otros países, como Australia, utilizan principalmente turbinas de gas de ciclo abierto para cubrir la demanda en los picos de consumo. Estas pueden encenderse en cuestión de minutos y ofrecen una gran flexibilidad operativa. Están claramente posicionadas como un respaldo frente a la intermitencia de las energías renovables.

Los desafíos de suministro dificultan la energía a gas

Aunque China ocupa el cuarto lugar en producción mundial de gas (después de Estados Unidos, Rusia e Irán), está teniendo dificultades para satisfacer la creciente demanda. En las últimas dos décadas, el país ha experimentado varias veces escasez de suministro de gas.

El caso más destacado fue en 2017, cuando China lanzó una ambiciosa campaña para sustituir el carbón por gas en la calefacción doméstica. Al mismo tiempo, las nuevas instalaciones de energía a gas se duplicaron en comparación con 2016. El consiguiente aumento de la demanda provocó una escasez de suministro y dejó a muchas familias sin calefacción durante el invierno, especialmente en zonas rurales.

El suministro de gas para la industria también se vio gravemente afectado. En Chongqing, una filial del fabricante químico alemán BASF tuvo que romper contratos de entrega, alegando escasez de gas como causa de fuerza mayor (un evento grave e inesperado). Desde entonces, los hogares, la industria y las centrales eléctricas —los tres mayores consumidores de gas de China— han competido continuamente por el suministro.

Actualmente, China importa alrededor del 40% de su gas, ya sea por gasoductos o por vía marítima en forma de gas natural licuado (GNL). La oferta insuficiente y la dependencia de las importaciones elevan los precios: generar electricidad a partir de gas en China suele costar entre 30 y 40 dólares estadounidenses más por megavatio-hora que hacerlo con carbón.

Como resultado, la energía a gas depende en gran medida de los subsidios gubernamentales. Por eso está fuertemente concentrada en las regiones costeras y económicamente más avanzadas, donde los gobiernos pueden permitirse subsidiarla para reducir la contaminación local y la presión sobre el uso del suelo.

Una posible excepción es Sichuan, una provincia sin salida al mar en el suroeste de China, rica en fuentes de gas y responsable de una cuarta parte de la producción nacional. En 2024, la capacidad de generación de energía a gas de Sichuan aumentó de solo 0,7 GW a 2,88 GW tras la puesta en marcha de dos proyectos. Actualmente se están construyendo otras siete centrales, que suman 8,33 GW y se espera que comiencen a operar en 2025. En apenas dos años, la capacidad instalada en la provincia se multiplicará por 15 respecto al nivel de 2023.

Este aumento explosivo se debe a la avalancha de permisos otorgados tras 2021, cuando Sichuan sufrió apagones durante una ola de calor extremo y una grave sequía que redujo drásticamente la generación hidroeléctrica. Como respuesta ante la crisis, se propusieron y construyeron rápidamente numerosas plantas de energía a gas. Estas instalaciones están diseñadas para cubrir la carga máxima cuando se reduce la energía hidroeléctrica. Sin embargo, inevitablemente competirán por el suministro de gas con las exportaciones a otras provincias.

Actualmente, Sichuan exporta 12.000 millones de metros cúbicos (bcm) de gas por año a otras provincias a través de un gasoducto de 2.000 kilómetros. A partir de 2027, planea exportar otros 20 bcm anuales mediante un nuevo gasoducto. Aunque su crecimiento promedio anual de producción de gas es de 4 bcm, la nueva capacidad instalada consumirá aproximadamente 8,4 bcm por año. Con las nuevas plantas y el nuevo gasoducto comenzando a operar en fechas similares, esta provincia rica en gas podría enfrentarse a una escasez.

Preocupaciones sobre la seguridad energética con un costo económico

Aunque el consumo eléctrico total de China sigue creciendo rápidamente, la energía a gas aún podría encontrar espacio para expandirse. Pero si la demanda se ralentiza o se estanca, será la primera en verse afectada. Este es especialmente el caso de Guangdong, que opera la mayor flota de plantas de energía a gas del país.

Según datos de GEM, la provincia representa más de un tercio de la capacidad operativa de energía a gas en China; solo en 2024, Guangdong incorporó más capacidad nueva que el resto del país combinado.

Este crecimiento acelerado fue impulsado por la rápida construcción de terminales de GNL a lo largo de la costa de Guangdong. Actualmente, el 70% de las plantas de energía a gas de la provincia depende de GNL importado. Esta dependencia presenta un riesgo potencial, ya que el precio global del gas es vulnerable a la inestabilidad geopolítica. Por ejemplo, cuando Rusia invadió Ucrania en 2022, el fuerte aumento del precio del GNL provocó que muchas plantas de Guangdong dejaran de operar. Ese año, la generación de energía a gas cayó un 7% y solo 2 de las 37 empresas de energía a gas en la provincia obtuvieron ganancias.

En respuesta a los impactos de la guerra en Ucrania y a una escasez generalizada de suministro eléctrico durante el año anterior, la autoridad provincial aprobó 10 unidades de generación a carbón a fines de 2022. Gran parte de la documentación relacionada cita la falta de confiabilidad en el suministro de gas —causada por riesgos geopolíticos— como una de las razones clave para construir nuevas centrales a carbón.

Sin embargo, estas preocupaciones sobre la seguridad energética no frenaron la expansión de la energía a gas. De hecho, la capacidad de generación a gas de Guangdong aumentó un 70% entre 2022 y 2024. Este incremento se debió en parte a los costos hundidos: varios proyectos ya habían avanzado en las etapas de planificación y permisos, mientras que otros ya habían comenzado las obras. Además, la provincia continuó enfrentando problemas de escasez energética. Pero probablemente lo más importante fue que grandes proyectos de inversión como las plantas de gas ofrecían una forma de reactivar la economía local, debilitada tras la recesión causada por la pandemia de Covid-19.

En los próximos dos años, Guangdong pondrá en marcha 23 GW de capacidad de generación a carbón y 13,5 GW a gas. Según GEM, esto equivale a aproximadamente un tercio de su capacidad actual de carbón y a una cuarta parte de su capacidad a gas. También entrará en funcionamiento una unidad de energía nuclear, que se espera genere tres veces más electricidad que el aumento del consumo de Guangdong registrado en 2024. Se avecina una sobrecapacidad.

A este problema se suma una nueva variable inesperada: en abril, la administración Trump inició su guerra arancelaria contra el mundo, apuntando específicamente a China.

La guerra comercial afectará especialmente a Guangdong. El valor de sus exportaciones representa una quinta parte del total exportado por China, y el 16% de sus exportaciones tienen como destino directo el mercado estadounidense. Si la demanda de energía disminuye debido a una caída en las exportaciones, la provincia tardará aún más en absorber la sobrecapacidad —y la energía a gas será la primera en sufrir las pérdidas financieras, al ser la forma de generación más cara y vulnerable.

Jiangsu y Zhejiang enfrentan un futuro igualmente incierto. Estas provincias son las que tienen más capacidad de generación a gas después de Guangdong y también dependen en gran medida de las exportaciones al mercado estadounidense.

A China le quedan apenas cinco años para alcanzar su objetivo de alcanzar el pico de emisiones de carbono. El país necesita concentrarse en su elogiable avance en energías renovables y mejorar la red eléctrica para gestionar mejor estas fuentes intermitentes. Dado el asombroso ritmo de crecimiento de las energías renovables en China, es posible que el gran salto hacia la generación a gas haya llegado tarde antes siquiera de comenzar.

Nota: esta es un artículo republicado del medio «Dialogue Earth» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.

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Maggie Zheng es investigadora sobre petróleo y gas en China, también en Global Energy Monitor.

Yu Aiqun es analista de investigación sobre China en Global Energy Monitor.