2025 inicia con el bloque BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) en pleno proceso de expansión, con cuatro nuevos miembros incorporados de manera plena en 2024: Egipto, Etiopía, Irán y Emiratos Árabes Unidos. Resta ver qué sucederá con Arabia Saudita, país que dejó en suspenso su incorporación. Mientras tanto, varias potencias medias de creciente relevancia en sus respectivas regiones han manifestado interés de sumarse al grupo: Turkiye, Vietnam, Tailandia, Malasia e Indonesia. Cabe recordar que Argentina declinó la invitación previamente aceptada, tras la asunción de Javier Milei en 2023.
Si bien es un espacio de cooperación aún bastante difuso, con marcadas contradicciones internas y agendas contrapuestas entre varios de sus miembros -tal el caso paradigmático de China e India-, no se puede soslayar la importancia que ha adquirido este bloque en el contexto internacional actual.
El BRICS+ ya representa el 47% de la población y el 41% del PBI global. De sumarse efectivamente los países en lista de espera, con Turkiye y el grueso de los miembros de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) a la cabeza, el bloque superaría holgadamente el 50% en ambos indicadores. Asimismo, hay al menos otros ocho países que han expresado diversos grados de interés para incorporarse.
En el epicentro del debate está si el BRICS+ puede afianzarse como un nuevo centro de poder desde el denominado “Sur Global” (concepto también difuso y controversial), como contracara del G7. Dicho sea de paso, bloque que también afronta contradicciones internas e intereses contrapuestos entre algunos de sus miembros, lo que se replica en materia de defensa en el marco de la OTAN.
No hay dudas que el ascenso del BRICS+ está ligado a intereses estratégicos y agendas complementarias entre sus principales miembros, pero el contexto internacional de alta fragmentación del poder global, atravesado por la puja entre China y EEUU, ha sido un factor decisivo para explicar esta novedad.
Cuando Jim O’Neill, entonces economista jefe de Goldman Sachs, acuñó el acrónimo “BRIC” en 2001, su objetivo era simplemente identificar las cuatro economías emergentes (sin Sudáfrica) que, de acuerdo con las proyecciones del mercado, tenían más probabilidades de dominar el crecimiento económico mundial en 2050. Pero esa etiqueta fue progresivamente adquiriendo volumen geopolítico e institucionalidad, marcada ahora por esta fase de expansión en términos de membresía y con una agenda cada vez más diversa, que ya incluye temáticas como la seguridad internacional y el rediseño del sistema financiero.
Es interesante que, pese a las innegables contradicciones internas entre sus miembros, cada potencia ha sabido capitalizar lo propio desde el BRICS, cuidando en paralelo la integridad del bloque. Si bien esa dinámica ha funcionado bien hasta el momento, habrá que ver qué pasa a partir de ahora, con la incorporación de un paria disruptivo como Irán.
En principio, el BRICS+ se prepara para una nueva cumbre en Brasil, tras la exitosa cita celebrada en Rusia, en octubre del año pasado. Muchos políticos y analistas de Occidente, ingenuamente desde sus anteojeras ideológicas, habían pronosticado el fracaso de dicha cumbre, por la supuesta “soledad” y “aislamiento” de Vladimir Putin. Sin embargo, a Kazán asistieron 36 jefes de Estado y hasta el secretario general de la ONU, Antonio Guterres.
Quedan flotando en el aire las siguientes preguntas sobre el futuro del BRICS+:
¿Podrá el BRICS+ afianzar su proceso de expansión y posicionarse como nuevo centro de poder global, frente a EEUU y sus principales aliados? En principio, ese tipo de posicionamiento no sería del interés de países como India y Brasil.
¿Logrará el BRICS+ un volumen en términos de membresía como el Movimiento de Países No Alineados (entelequia que formalmente sigue existiendo con unos 120 miembros)? Aquí uno de los principales problemas quizás radique en el liderazgo de este ascendente bloque, hoy tácitamente acaparado por China, la gran superpotencia emergente y la mayor promotora del BRICS.
¿La ampliación de miembros fortalece o debilita al BRICS+? Los críticos y escépticos, por supuesto, opinan que el BRICS se debilita en la diversidad. Sin embargo, a la luz de la evolución del bloque y las fuertes motivaciones que ofrece el actual contexto global, hay argumentos sólidos para pensar lo contrario.
Por lo pronto, Donald Trump ya apuntó contra los BRICS antes de asumir su segunda presidencia, furioso (¿y preocupado?) con la posibilidad de que el bloque promueva una alternativa al patrón dólar. Trump dijo que los países del BRICS se enfrentarán a aranceles del 100% si intentan debilitar al dólar. Habrá que ver cómo sigue la historia, pero algo está claro: No hay margen para seguir ignorando o minimizando la creciente importancia global del BRICS+.
Director del Observatorio Sino-Argentino. Docente de la Especialización sobre China Contemporánea de la UCA. Master of China Studies y profesor visitante de la Universidad de Zhejiang (China).














