Desde 5G hasta infraestructura, la sana competencia entre Estados Unidos y China beneficiará al mundo

China Estados Unidos
Imagen: CGTN

La evolución de las relaciones entre las dos principales potencias ha tenido al mundo en vilo desde que el expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump lanzara una guerra comercial contra China en 2018 y disparara los lazos bilaterales.

Las hostilidades abiertas han continuado en los 10 meses de presidencia de Joe Biden. Todo esto ha planteado la aterradora perspectiva de un desacoplamiento integral, una nueva Guerra Fría o incluso una guerra caliente por Taiwán.

Por ello, la comunidad internacional lanzó un suspiro colectivo de alivio en noviembre, cuando el presidente chino Xi Jinping y Biden tuvieron por fin su primer encuentro cara a cara.

La cumbre virtual, que duró tres horas y media, puede no haber producido ningún resultado tangible, pero su importancia no debe subestimarse.

Para empezar, la cumbre nunca estuvo orientada a los resultados, sino que se centró en las cuestiones estratégicas, generales y fundamentales de la relación de las dos mayores economías del mundo. Además, ambos líderes terminaron la reunión con llamamientos a una mayor cooperación y haciendo hincapié en las formas de evitar el conflicto.

La cumbre entre Xi y Biden es un buen comienzo, pero las relaciones siguen intermitentes

En palabras de Biden, era «necesario establecer unos límites de sentido común que garanticen que la competencia no se desvíe hacia el conflicto y que mantengan abiertas las líneas de comunicación».

Sin duda, dada la compleja y cambiante naturaleza de la relación, nadie debería esperar que los lazos entre Estados Unidos y China sean un camino de rosas a partir de ahora. Sin embargo, la cumbre ha conseguido poner un suelo bajo la espiral de los lazos, ya que ambos países están avanzando hacia la cooperación y la competencia, alejándose de la confrontación.

Y lo que es más interesante, tanto Washington como Pekín parecen converger en la definición de la relación de cara al futuro.

Cada vez está más claro que el gobierno de Biden considera que la competencia es el tema clave a la hora de definir sus políticas hacia China, pero también ha manifestado su voluntad de cooperar con Pekín en áreas de su propio interés, como el cambio climático.

nadie debería esperar que los lazos entre Estados Unidos y China sean un camino de rosas a partir de ahora

Mientras tanto, Pekín expresó inicialmente una firme oposición a calificar la relación de «competitiva». Yang Jiechi, alto funcionario chino encargado de los asuntos exteriores, dejó clara esta oposición en octubre, cuando se reunió con el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, para preparar la cumbre.

Pero desde entonces, Pekín se ha acercado a la idea de la competencia. Tras la cumbre, el viceministro de Asuntos Exteriores, Xie Feng, declaró a los periodistas que, si bien la cooperación seguía siendo la prioridad de China, ésta reconocía que la cooperación podía implicar ámbitos de competencia, como el económico, y añadió que la competencia debía ser justa y sana.

En diciembre, el ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, declaró en un seminario que China veía con buenos ojos la competencia de Estados Unidos, pero que no temía la confrontación, al tiempo que pedía a este país que colaborara para explorar vías de coexistencia pacífica.

De hecho, si la relación bilateral no puede volver a ser lo que fue en el pasado y Washington difícilmente puede aceptar poner la cooperación como la máxima prioridad dado su clima político interno, entonces dejar que la competencia justa y sana la impulse puede ser la mejor opción sobre la mesa. La competencia justa y sana forja el progreso y la mejora de la sociedad.

La ausencia de Xi no significa que China se esté retirando del escenario mundial

Una competencia sana entre China y Estados Unidos no sólo beneficiará a los dos países, sino también al resto del mundo.

Por ejemplo, Pekín y Washington se encuentran en una intensa carrera para desarrollar y aprovechar tecnologías de vanguardia como el 5G, la robótica y la inteligencia artificial. Todo ello acabará beneficiando al mundo entero.

Otro ejemplo es la gran Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, cuyo objetivo es construir la conectividad y la cooperación desde Asia hasta Europa y América Latina y aportar beneficios a casi 140 países de todo el mundo.

Se ha escrito mucho sobre las intenciones y ambiciones geopolíticas de China al impulsar la Franja y la Ruta, pero el hecho es que, antes de que se pusiera en marcha la iniciativa, las infraestructuras de esos países en desarrollo de África y América Latina eran lamentablemente inadecuadas y los países occidentales hicieron poco por ayudar.

Washington, junto con sus aliados occidentales, pondrá en marcha a partir de enero proyectos de infraestructuras en todo el mundo en un intento de crear una alternativa a la iniciativa china. Esto es lo mejor para los países en desarrollo que necesitan urgentemente fondos para el desarrollo de sus infraestructuras.

Pero China tiene un argumento válido: para que la competencia funcione, tiene que ser sana y justa.

La decisión de Washington y algunos de sus aliados de expulsar de sus países a Huawei Technologies Co, el mayor gigante chino de equipos de telecomunicaciones, en nombre de la seguridad nacional es desacertada y contraproducente.

Desde entonces, Washington ha sancionado a un gran número de empresas chinas en nombre de la seguridad nacional o de las violaciones de los derechos humanos. El gobierno de Biden ha seguido manteniendo los aranceles impuestos unilateralmente por Trump a las importaciones chinas, lo que perjudica a los consumidores estadounidenses y a la economía del país. La verdad es que las medidas pretenden frenar los avances tecnológicos y el progreso general de China. Eso va mucho más allá de la definición de competencia sana y justa.

Por supuesto, la competencia no excluye la cooperación. Como Xi y Biden indicaron acertadamente en la cumbre, ambos países tienen muchos asuntos en los que pueden cooperar para promover no sólo sus propios intereses sino también los de la comunidad mundial.

Entre ellos se encuentran el cambio climático, las respuestas a la pandemia del coronavirus, la recuperación económica y los puntos conflictivos de la geopolítica regional e internacional, como Corea del Norte, Irán y Afganistán.

El gobierno de Biden ha seguido manteniendo los aranceles impuestos unilateralmente por Trump a las importaciones chinas

Por ejemplo, el sorprendente anuncio conjunto de Estados Unidos y China en la conferencia sobre el clima COP26 celebrada en Glasgow supuso un estímulo muy necesario para cerrar el acuerdo final.

Recientemente, Pekín y Washington han acordado, al parecer, liberar simultáneamente las reservas de petróleo para aplacar los precios de la gasolina y frenar la inflación.

En cuanto al comercio y la inversión, ambos países son mucho más interdependientes de lo que el mundo exterior les atribuye. En los 10 primeros meses de este año, el comercio entre ambos países aumentó un 33,4% interanual, según datos de las aduanas chinas. El año pasado, el comercio bilateral aumentó un 8,3% a pesar de la pandemia y las crecientes tensiones.

Todo ello demuestra que una competencia sana, aderezada con la cooperación, puede ofrecer una vía de avance para China y Estados Unidos.

 

 

Nota: El artículo fue publicado originalmente en inglés en el portal SCMP, y la reproducción del mismo en español se realiza con autorización directa del autor. Link al artículo original: https://www.scmp.com/week-asia/opinion/article/3161637/5g-infrastructure-healthy-us-china-competition-will-benefit-world

Acerca del autor

Ex editor en jefe del South China Morning Post (SCMP). Tiene una maestría en periodismo y una licenciatura en inglés. Durante 20 años se desempeñó en el China Daily y fue corresponsal de la BBC China. Ahora reside en Beijing como asesor editorial del SCMP.