El sindicato de Hyundai Motor inició un paro parcial de tres días tras el colapso de las negociaciones salariales: rechazó la oferta de la empresa y exige un bono de desempeño equivalente al 30% de la ganancia neta. Es la primera gran huelga desde los reclamos similares en Samsung y SK Hynix, y reabre un debate de fondo: ¿pueden los gremios disponer de las utilidades sin pasar por los accionistas?
El sindicato de Hyundai Motor comenzó el 13 de julio una huelga parcial de tres días luego de que fracasaran las negociaciones con la empresa. La automotriz había propuesto un aumento del salario básico más un bono de desempeño del 350% (calculado sobre el sueldo mensual) sumado a 10 millones de wones, pero el gremio reclamó en cambio un bono equivalente al 30% de la ganancia neta de la compañía. Según estimaciones de la propia industria, el paro afectaría la producción de unos 5.000 vehículos y provocaría pérdidas superiores a los 200.000 millones de wones.
Por qué esta huelga pesa más que otras
La medida de fuerza tiene un peso simbólico que excede a Hyundai: es la primera gran huelga en un lugar de trabajo de gran escala desde la controversia por los bonos de «N% de la ganancia» en Samsung Electronics y SK Hynix. Reclamos similares de participación en las ganancias ya se extienden como fichas de dominó por los sectores automotriz, naval y tecnológico, incluyendo a Kakao y Kia. Sin lineamientos claros del gobierno, toda la industria queda expuesta a una reacción en cadena de presiones huelguísticas.
El problema jurídico y empresarial de fondo
El punto central del conflicto es menos salarial que institucional. Según precedentes de la Corte Suprema surcoreana, los bonos de desempeño no constituyen una condición laboral sino una cuestión de distribución de los resultados de gestión. Preasignar un porcentaje fijo de la ganancia operativa como bono mediante acuerdos sindicales-patronales, sin aprobación de los accionistas y desestimando sus riesgos y aportes de capital, contradice los principios básicos del capitalismo accionario: se estaría repartiendo por convenio colectivo algo que, en rigor, pertenece a la asamblea decidir.
El momento, además, no podría ser peor. La industria automotriz global atraviesa una etapa crítica: barreras arancelarias impuestas por Estados Unidos, expansión agresiva de los competidores chinos y la necesidad de inversiones astronómicas en tecnologías como la IA física y la robótica. Basta mirar alrededor: Volkswagen inició una reducción de 100.000 puestos de trabajo en Alemania, y en Toyota el propio sindicato propone proactivamente mejoras de productividad ante el riesgo de una crisis de supervivencia si no se adopta la IA. Mientras los competidores repiten que «el desempeño es urgente», cabe preguntarse si puede mantener su competitividad global una Hyundai que insiste en que «los bonos son urgentes».
Brecha laboral y el rol que le toca al Estado
Hay también una dimensión social que no conviene perder de vista. Las acciones de sindicatos de grandes corporaciones, con salarios que superan los 100 millones de wones anuales, profundizan la estructura dual del mercado laboral surcoreano y alimentan una profunda sensación de privación relativa entre los trabajadores de pymes y los autónomos. Si no se pone un límite a la capacidad de los grandes gremios de disputar el derecho de las empresas a disponer de sus ganancias, el resultado previsible es doble: pérdida de competitividad externa y desaparición de empleos jóvenes por contracción de la inversión doméstica.
La conclusión se impone sola: el gobierno debería acelerar la revisión de la obligatoriedad de someter a asamblea de accionistas los bonos calculados como porcentaje de la ganancia operativa. Y si la reforma de la Ley Comercial o de la Ley de Mercados de Capitales se demora en la Asamblea Nacional, existe una alternativa práctica: un mecanismo de freno vía decretos de aplicación, para evitar que los precedentes de algunas grandes corporaciones se consoliden como práctica de toda la industria.
Co-fundador de Reporte Asia.














