La geografía del poder financiero asiático no es un dato fijo: es el resultado de guerras, tratados desiguales, burbujas y decisiones de bancos centrales que fueron desplazando el centro de gravedad del dinero por el continente durante más de dos siglos. Repasar esa historia ayuda a entender por qué hoy Hong Kong y Singapur compiten por el liderazgo regional, y por qué esa competencia es más vieja de lo que parece.
Cantón y el sistema Cohong
Mucho antes de que los bancos europeos pusieran un pie en Asia, ya existía sofisticación comercial propia. Cantón (Guangzhou) fue durante siglos el gran nodo comercial de China, y en el siglo XVIII se convirtió en el único punto de contacto autorizado entre el imperio y Occidente.
El Cohong era, en criollo, un cartel: un gremio de mercaderes chinos con licencia oficial que tenía el monopolio del comercio con extranjeros en Cantón. El emperador Qianlong lo formalizó en 1757, cuando cerró todos los puertos de China al comercio occidental salvo Cantón, y en 1760 un grupo de comerciantes locales quedó obligado a organizarse en ese gremio. Desde entonces, cualquier europeo que quisiera comprar té o seda china tenía que pasar sí o sí por un mercader del Cohong, que además respondía ante las autoridades Qing por los impuestos y la conducta de esos extranjeros. Fue, en los hechos, el mecanismo con el que Pekín controlaba y filtraba todo el contacto comercial con Occidente, hasta que el sistema colapsó con la Primera Guerra del Opio y el Tratado de Nanking de 1842.
Shanxi y el sistema piaohao: la banca antes de la banca occidental
La banca propiamente dicha se desarrolló en otro lugar y por otro motivo: en Shanxi, provincia del interior norte de China, sin relación directa con Cantón ni con el comercio marítimo. Ahí nació a comienzos del siglo XIX el sistema piaohao, que resolvía un problema muy concreto: mover plata entre provincias sin transportarla físicamente por caminos infestados de bandidaje. La casa Rishengchang, fundada alrededor de 1823, es considerada el primer piaohao propiamente dicho y llegó a operar sucursales en toda China y en Japón, Rusia y el sudeste asiático mediante letras de cambio (huipiao).

Los banqueros de Shanxi (Jinshang) armaron una red cerrada, con códigos internos y un fuerte secreto comercial, que terminó financiando al propio Estado Qing, incluidas sus indemnizaciones de guerra. El sistema no sobrevivió a la irrupción de la banca occidental en los puertos de tratado ni a la caída de la dinastía en 1911: sin cliente estatal ni protección política, los piaohao prácticamente desaparecieron para los años 30, reemplazados por bancos modernos como el Bank of China.
Osaka y el primer mercado de futuros del mundo
En Japón, mientras tanto, Osaka funcionaba como «la cocina del mundo» (tenka no daidokoro) durante el período Edo. Desde 1697 operaba ahí el mercado de arroz de Dojima, y en 1730 el shogunato Tokugawa lo autorizó oficialmente para operar con contratos de futuros, algo que lo convierte en el primer mercado de derivados regulado por una autoridad estatal del que se tenga registro, siglos antes que sus equivalentes occidentales.
La era colonial: Bombay, Calcuta, Hong Kong y Shanghái
El siglo XIX trajo un reordenamiento violento. Hong Kong nació como colonia británica en 1842 tras la Primera Guerra del Opio y se convirtió rápidamente en puerto franco y plaza bancaria; HSBC se fundó allí en 1865. Shanghái, tras los tratados desiguales, vio crecer al Bund hasta transformarse hacia 1920-1930 en el distrito financiero más importante de Asia oriental, con bancos británicos, franceses, japoneses y estadounidenses operando codo a codo. La ciudad se ganó el apodo de «el París de Oriente».
En el sur asiático, el Raj británico consolidó a Bombay (hoy Mumbai) como centro financiero, con la Bombay Stock Exchange fundada en 1875 —la bolsa más antigua de Asia—, mientras Calcuta operaba como capital financiera de la India colonial hasta comienzos del siglo XX, sede de bancos como el Bank of Bengal. Singapur, bajo dominio británico desde 1819, funcionaba como entrepôt comercial, sentando las bases de un rol financiero que recién explotaría décadas después.
Meiji, Tokio y la burbuja que marcó una era
La Restauración Meiji de 1868 llevó a Japón a construir un sistema bancario moderno inspirado en Europa. La Bolsa de Tokio abrió el 15 de mayo de 1878, y los zaibatsu —conglomerados como Mitsui o Mitsubishi— armaron un capitalismo financiero propio que, transformado en keiretsu, sobrevivió a la posguerra.
Ese recorrido desembocó en el episodio más extremo de especulación de activos de la historia moderna reciente: la burbuja de Tokio de fines de los 80. Los Acuerdos del Plaza de 1985 forzaron una apreciación fuerte del yen que golpeó las exportaciones japonesas; el Banco de Japón respondió bajando tasas agresivamente, y esa liquidez barata —sumada a prácticas bancarias laxas, con inmuebles sobrevaluados como garantía— infló bienes raíces y acciones a niveles surrealistas.
En 1989 se estimaba que el valor de los terrenos del Palacio Imperial de Tokio equivalía al de todo el estado de California, y el Nikkei tocó los 38.915 puntos el 29 de diciembre de ese año, un récord que recién volvió a superarse el 22 de febrero de 2024, 34 años y tres meses después. Cuando el Banco de Japón subió tasas en 1989-90 para desinflar la burbuja, el colapso fue brutal: el índice perdió más de la mitad de su valor en meses, y siguió la «Década Perdida», que terminó extendiéndose a dos o tres décadas de deflación crónica y bancos cargados de deuda incobrable.

Descolonización, offshore y la nueva competencia
Desde los años 60-70, Hong Kong y Singapur emergieron como los dos grandes centros financieros offshore de Asia, beneficiados por la inestabilidad de la revolución cultural china y por el auge del comercio de eurodólares. Shanghái, en cambio, permaneció marginada durante la era maoísta y solo resurgió con las reformas de Deng Xiaoping, reabriendo su bolsa en 1990. Desde los 90 y 2000 se sumaron nuevos polos: Shenzhen, pionera como zona económica especial desde agosto de 1980, Seúl, y más recientemente Mumbai, impulsada por las reformas de liberalización de 1991.
Hong Kong versus Singapur: el debate de hoy
La Ley de Seguridad Nacional impuesta por Beijing en Hong Kong en 2020 disparó una fuga de capitales, empresas y talento hacia Singapur, que se posicionó como alternativa «neutral» y de reglas más predecibles. El terreno ganado en gestión de patrimonio fue notable: la cantidad de family offices registrados en la ciudad-Estado pasó de unos 400 en 2020 a alrededor de 1.650 a mediados de 2024, más de cuatro veces.
Pero Hong Kong retuvo ventajas estructurales difíciles de replicar: acceso directo al mercado de capitales chino a través del Stock Connect con Shanghái y Shenzhen, profundidad en IPOs vinculados a empresas chinas y una infraestructura financiera más desarrollada en varios segmentos. Hacia 2024-2025 el relato de «Singapur reemplaza a Hong Kong» se matizó bastante: Hong Kong tuvo una recuperación fuerte en materia de colocaciones públicas —en el primer semestre de 2025 lideró el ranking global de fondos recaudados en IPOs por primera vez desde 2019—, mientras Singapur choca con el techo de ser un mercado bursátil más chico y menos líquido.
El escenario actual, con las tensiones geopolíticas y los controles de capital chinos como telón de fondo, se parece más a una complementariedad que a una sustitución: Hong Kong como puerta de entrada a China, Singapur como hub regional para el resto del sudeste asiático y refugio de patrimonio privado.
Co-fundador de ReporteAsia.
- Marcos Gonzalez Gava
- Marcos Gonzalez Gava













