La influencia de Estados Unidos se debilita mientras China avanza posiciones sobre Taiwán

Taiwán

La cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping celebrada a mediados de mayo estabilizó la relación bilateral pero no la fortaleció. Según el análisis del profesor Ryo Sahashi, de la Universidad de Tokio, el encuentro frenó el deterioro iniciado desde la primera reunión entre ambos líderes en Busan, Corea del Sur, en 2025, sin resolver ninguna de las tensiones de fondo. El secretario de Defensa Pete Hegseth llegó a afirmar el 30 de mayo, en el Diálogo de Shangri-La, que el vínculo entre Washington y Beijing atraviesa su mejor momento en muchos años. Pero esa estabilidad, sostiene Sahashi, favorece estructuralmente a China.

Xi tiene tiempo, Trump no

La asimetría temporal es central en el análisis. Xi Jinping eliminó los límites de mandato presidencial y puede planificar en décadas. Trump, sujeto a los dos mandatos constitucionales, tiene menos de tres años por delante. China opera con esa aritmética en mente: preservar la estabilidad bilateral durante el período Trump, administrar la incertidumbre y acumular ganancias graduales sobre el expediente de Taiwán sin provocar una ruptura.

Taiwán: señales que inquietan

El comunicado oficial estadounidense de la cumbre no mencionó a Taiwán. Trump no ofreció compromisos explícitos, pero sus declaraciones anteriores lo muestran inclinado hacia la posición de Beijing: se ha pronunciado repetidamente contra la independencia taiwanesa, en línea con el discurso de Xi.

Más aún, Trump admitió haber discutido con Xi las ventas de armas a Taiwán, lo que constituye una violación directa de las Seis Garantías de 1982, en las que Washington se comprometió bajo la administración Reagan a no consultar previamente a Beijing sobre ese asunto. Incluso un compromiso menor de Trump sobre Taiwán representaría, según Sahashi, una victoria china sin precedentes desde el comunicado conjunto de 1982, que impuso límites cualitativos y cuantitativos a las ventas de armas y asestó un golpe severo a Taipéi.

Taiwán
La asimetría temporal es central en el análisis. Xi Jinping eliminó los límites de mandato presidencial y puede planificar en décadas. Trump, sujeto a los dos mandatos constitucionales, tiene menos de tres años por delante.

Dos errores que erosionaron la posición negociadora de Washington

Sahashi identifica dos factores que debilitaron la capacidad de presión de Estados Unidos frente a China. El primero es el conflicto con Irán, que se extendió más de lo calculado y consumió capital político y militar. El segundo es la escasez de fichas de negociación reales frente a Beijing, agravada por la efectividad que demostraron las restricciones chinas a la exportación de tierras raras como palanca de presión. El resultado es una Washington que llega a la mesa en posición de debilidad, con posibilidades de cerrar un acuerdo superficial que otorgue ganancias desproporcionadas a China.

El mundo que China quiere

El análisis de Sahashi es severo respecto al contexto global que Trump está contribuyendo a construir. El consenso bipartidista que históricamente sostuvo el poder negociador estadounidense se ha erosionado. La unidad con Europa está rota. La diplomacia asiática de Washington es prácticamente inexistente. La fragmentación interna y externa de Estados Unidos es, en buena medida, el escenario que China aspira a consolidar en los próximos años.

La posición de Japón

Frente a este cuadro, Sahashi advierte que Japón debe diseñar su estrategia asumiendo que la estabilidad entre Washington y Beijing continuará en el corto plazo. Las perspectivas de mejora en las relaciones sino-japonesas se han alejado: China no tiene incentivos para avanzar en ese frente mientras consolida sus ganancias con Estados Unidos.

La recomendación del académico es clara: Japón debe reconocer que las normas jurídicas internacionales son un activo propio de protección y debe invertir con firmeza en la cooperación multilateral y en las instituciones internacionales.

 

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Co-fundador de Reporte Asia.