“La guerra es la continuación de la política por otros medios; pero cuando la política pierde legitimidad, también la guerra se pierde y su sentido también”, Dr. Oscar Armanelli.
1. Introducción
Los europeos consideran que EE. UU. bajo Trump es una amenaza tal vez mayor que China. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha provocado un sismo en la jerarquía de prestigio del sistema internacional, alterando drásticamente la percepción de seguridad en el continente europeo. Según datos recientes de 2026, la desconfianza hacia la previsibilidad de Washington ha alcanzado un punto de inflexión: en países clave como España e Italia, un porcentaje mayor de la población identifica hoy a los Estados Unidos como una amenaza superior a la representada por China.
Este fenómeno no responde únicamente a una competencia de capacidades materiales, sino a una erosión de la legitimidad hegemónica. Mientras que Beijing es percibido como un competidor sistémico pero estable, la administración Trump es vista como un actor revisionista y transaccional que, mediante el cuestionamiento de la OTAN y políticas de presión unilateral, ha transformado al otrora «garante de seguridad» en una fuente de incertidumbre estratégica para la Unión Europea.
Para ello proponemos abordar el tema de la jerarquía del prestigio desde la óptica de Gilpin para comprender cabalmente este tema e interpretar una encuesta realizada por Político Pulse.
2. Configuraciones del poder y jerarquías de prestigio: un marco teórico para el análisis de la estabilidad sistémica
Dentro del realismo estructural, Robert Gilpin propone que el cambio político internacional es el resultado de la constante puja de los Estados por maximizar sus intereses. Este proceso ocurre dentro de una estructura sistémica anárquica que, al tiempo que impone restricciones, ofrece oportunidades para la acción estratégica. Para Gilpin, esta dinámica culmina en una redistribución del poder mediante guerras hegemónicas, las cuales funcionan como el mecanismo de resolución que da paso a un nuevo orden estructural basado en un equilibrio renovado y un nuevo statu quo.
A este respecto, el carácter del sistema internacional es definido por sus entidades prominentes, reflejado en la distribución de poder entre Estados en un contexto definido, en el que aquellos que resulten dominantes en jerarquía y prestigio, organizan y controlan los procesos de interacción entre los elementos estructurales, siendo tres las principales formas de control y regulación: la estructura hegemónica, la estructura bipolar y la estructura multipolar. (Gilpin, 1981, p 29).
En tal sentido, Gilpin expone cinco pilares para comprender la naturaleza de los cambios políticos internacionales y el comportamiento de los Estados en el sistema, así como un modelo de análisis del proceso de transición sistémico y estructural (Figura 1), denotando el crecimiento diferencial o irregular de poder entre sus elementos:

El gráfico describe un ciclo cerrado con cuatro etapas:
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Sistema en estado de equilibrio Crecimiento diferencial del poder
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Redistribución del poder en el sistema
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Desequilibrio del sistema
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Resolución de crisis sistémica.
Los cambios en el sistema internacional se circunscriben a tres tipos:
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de sistema, que implican el surgimiento y declive de entidades y Estados;
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sistémicos, que involucran alteraciones en la jerarquía, prestigio, reglas y derechos incorporados en la estructura;
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de interacción, es decir, modificaciones en los procesos de vinculación en la esfera política, económica, entre otros. (Gilpin, 1981, p 42)
Este ciclo es fundamental para entender la dinámica de las potencias hegemónicas:
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El motor del cambio: es el «Crecimiento diferencial del poder». Gilpin sostiene que los Estados no crecen al mismo ritmo; cuando un competidor crece más rápido que el líder, la redistribución del poder es inevitable.
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La crisis: El «Desequilibrio» ocurre porque las reglas y el prestigio del sistema ya no reflejan la realidad material de quién tiene el poder.
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La resolución: Según Gilpin, la resolución de la crisis sistémica históricamente ha sido la guerra hegemónica, que limpia el camino para un nuevo equilibrio y un nuevo statu quo.
Para tu entender esta teoría, es clave notar cómo conecta la jerarquía y el prestigio con las formas de control sistémico.
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Distribución de poder: Es el factor material (quién tiene más armas, mejor tecnología o mayor economía).
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Jerarquía y Prestigio: Es el factor inmaterial, quienes poseen el prestigio son los que realmente «organizan y controlan» las reglas del juego.
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Las tres estructuras: Define si el sistema es unipolar (hegemónico), bipolar (como en la Guerra Fría) o multipolar.
El «crecimiento diferencial o irregular de poder» es el motor del cambio, cuando un Estado crece más rápido que el líder (la potencia hegemónica), se genera la tensión que suele derivar en una redistribución del poder, a menudo a través de lo que Gilpin llama «guerras hegemónicas».
Volviendo a la Figura 1, Gilpin expone cinco pilares para comprender la naturaleza de los cambios políticos internacionales y el comportamiento de los Estados en el sistema, así como un modelo de análisis del proceso de transición sistémico y estructural, denotando el crecimiento diferencial o irregular de poder entre sus elementos:
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Un sistema internacional es estable si ningún Estado cree que es rentable intentar cambiar el sistema.
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Un Estado intentará cambiar el sistema internacional si los beneficios esperados exceden los costos.
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Un Estado buscará cambiar el sistema internacional a través de expansión territorial, política y económica hasta que los costos marginales del cambio sean iguales o mayores que los beneficios marginales.
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Una vez que el equilibrio entre los costos y beneficios del cambio y expansión se alcancen, la tendencia se inclina a que los costos económicos de mantener el statu quo aumenten más rápido que la capacidad económica para mantenerlos.
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Si el equilibrio en el sistema internacional no es resuelto, el sistema cambiará y un nuevo equilibrio reflejado en la redistribución del poder será establecido. (Gilpin, 1981, pp 10-11)
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De este modo, los cambios en el sistema internacional se circunscriben a tres tipos: 1) de sistema, que implican el surgimiento y declive de entidades y Estados; 2) sistémicos, que involucran alteraciones en la jerarquía, prestigio, reglas y derechos incorporados en la estructura; 3) de interacción, es decir, modificaciones en los procesos de vinculación en la esfera política, económica, entre otros. (Ibid, p 42)
Por otra parte, la evolución del poder aéreo y vectores inteligentes, como demostró el conflicto de EE.UU./Israel con Irán, nos lleva a preguntarnos si las nuevas tecnologías son hoy ese factor de «crecimiento diferencial» que está empujando al sistema hacia el desequilibrio.

Asimismo, las ventajas en capacidad tecnológica, militar, económica y de producción, permiten a un Estado aprovechar las oportunidades o superar las restricciones del ámbito externo para concretar sus intereses (Gilpin, 1981, p 54) y con ello hacer frente a los cambios en el sistema o el enfrentamiento en guerra hegemónica, transformando la estructura del mismo dada la reorganización en la distribución del poder, erosionando la jerarquía internacional y socavando la posición del Estado hegemónico. (Gilpin, 1988, p 592).
Desde otra perspectiva, la reformulación de la propuesta de Waltz dentro del marco de análisis sistémico-estructural, formaría parte del estudio de John Mearsheimer, partiendo de consideraciones teórico argumentativas de corte realista ofensivo, planteando una aproximación en adición y contraparte al realismo defensivo abordado en la academia, postulando la constante competencia por la maximización del poder entre Estados, cuyo propósito final es la hegemonía del sistema, alterando el balance a su favor a través de actos revisionistas, oportunidades y restricciones propias de la estructura, tomando en consideración, a la par, la capacidad militar (Mearsheimer, 2001, p 2-5) y elementos potenciales como la riqueza del Estado y el tamaño de su población. (Mearsheimer, 2007, p 72).
En este sentido, Mearsheimer caracteriza al sistema internacional en torno a cinco supuestos principales: 1) la anarquía como principio ordenador, 2) la posesión inherente de capacidad ofensiva militar por parte de los grandes poderes de la estructura, 3) la incertidumbre sobre las intenciones de otros Estados, 4) la supervivencia como principal objetivo y 5) la racionalidad de los actores involucrados. Si bien dichas conjeturas no dictan una regla invariable de comportamiento, sí generan incentivos para la ejecución de actos revisionistas entre Estados, circunscritos particularmente a tres patrones de conducta: miedo, autoayuda y maximización del poder. (John Mearsheimer, op. cit., pp. 29-31)
De este modo, la desconfianza generalizada en el entorno internacional de competencia por la distribución del poder y con ello dilemas de seguridad sobre el balance de las capacidades y posición relativa en el sistema, promueven una dinámica hostil entre los grandes poderes de la estructura, cuyas intenciones, estrategias y agendas son inciertas, por lo que el incremento de poder resulta clave como forma de protección para la supervivencia y hegemonía en última instancia.
No obstante, factores de tipo geográfico como la separación de territorios por océanos y mares, dificultan tal empresa, restringiendo el alcance a una hegemonía regional. A la par, dicho hegemón pretenderá limitar una homologación de poderes y surgimiento de competencia al mismo nivel en otras regiones que vulnere su dominio (Ibid., p. 41). Por ello, de acuerdo a Mearsheimer, hay tres patrones en que se «encontrará la distribución del poder internacional: 1) el sistema bipolar, gobernado por dos grandes poderes con fortaleza y capacidades similares, 2) el sistema multipolar desequilibrado, dominado por tres o más poderes en el que uno es un potencial hegemón y 3) el sistema multipolar equilibrado, en el que ningún Estado aspira a la hegemonía. (Ibid., pp. 337-338).
De tal modo, la dinámica del sistema es una consecuencia involuntaria de la competencia de seguridad entre los grandes poderes (Ibid., p. 49) en un entorno anárquico y de incertidumbre acerca de las intenciones y estrategias de los Estados que lo conforman, cuya búsqueda por la maximización del poder para la supervivencia resulta herramienta fundamental frente a posibles comportamientos revisionistas que vulneran los intereses y balance de poder de actores preponderantes haciendo frente al surgimiento de Estados desafiantes al equilibrio en un contexto concreto.
En suma, el principal objetivo del neorrealismo sería la construcción de nuevos paradigmas teóricos que pusieran de manifiesto los principios esenciales de las estructuras sobre las que se mueve la dinámica internacional, es decir, las conexiones causales entre los medios y los fines de las relaciones internacionales que condicionan el surgimiento y declive del poder hegemónico. (Ibid., p. 49).
En suma, el principal objetivo del neorrealismo sería la construcción de nuevos paradigmas teóricos que pusieran de manifiesto los principios esenciales de las estructuras sobre las que se mueve la dinámica internacional, es decir, las conexiones causales entre los medios y los fines de las relaciones internacionales que condicionan el surgimiento y declive del poder hegemónico. (Sarquís, 1993, p 21).
3. Desarrollo
Según una nueva encuesta de Politico Pulse, realizada en los seis países más grandes de la UE, EE. UU. bajo el presidente Trump es percibido más como una amenaza que como un aliado. En Polonia, España, Bélgica, Francia, Alemania e Italia, solo el 12% de los encuestados consideró a EE. UU. un aliado cercano, mientras que el 36% lo considera una amenaza. Por otro lado, solo el 29% de los encuestados considera a China una amenaza, y a Rusia, el 70%.
Además, el 86% de los participantes en la encuesta afirmaron que Europa debería desarrollar sus propias capacidades de defensa. El apoyo es particularmente alto en Polonia y Bélgica (95% en ambos casos) y en Alemania (89%).

La imagen presenta un gráfico de barras horizontales basado en una encuesta de POLITICO Pulse realizada en marzo 2026. El gráfico mide la percepción pública en seis países europeos sobre el rol de Estados Unidos.
El objetivo de la encuesta era dimensionar como los ciudadanos europeos ven a EE.UU. y las dimensiones son:
- Amenaza (Threat): Color rojo oscuro.
- Competidor (Competitor): Color rosado.
- Socio (Partner): Color turquesa claro.
- Aliado cercano (Close ally): Color verde oscuro.
- No sabe (Don’t know): Color gris.
El gráfico muestra una división muy marcada entre la Europa occidental/del sur y la Europa del este (representada por Polonia). España e Italia son los países con la percepción más negativa. En España, el 51% ve a EE. UU. como una amenaza, la cifra más alta del gráfico, en Italia, es el 46%. Por su parte Francia y Alemania, tienen una visión mixta pero inclinada hacia la desconfianza. Un gran sector (29% en Francia y 32% en Alemania) ve a EE. UU. como un competidor, lo que refleja la tensión por la autonomía estratégica de la Unión Europea. Por último, Polonia es la gran excepción; solo el 13% lo ve como una amenaza, mientras que la mayoría lo considera un socio (34%) o un aliado cercano (24%), históricamente, Polonia ve a EE. UU. como su principal garante de seguridad frente a Rusia.
El análisis de los datos nos lleva a una primera aproximación:
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Erosión del Soft Power: Los altos porcentajes en la categoría de «Amenaza» en países como España o Bélgica sugieren un desgaste en la confianza hacia el liderazgo estadounidense.
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Competencia Económica: El bloque de «Competidor» es significativo en las potencias industriales (Francia/Alemania), lo que sugiere que ven a EE. UU. más como un rival comercial y tecnológico que como un protector.
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Fragmentación Europea: El gráfico demuestra que no existe una única «opinión europea» sobre EE. UU.; las percepciones dependen mucho de la historia y la ubicación geográfica de cada país.

Este tipo de análisis sobre Realismo y Relaciones Internacionales es un ejemplo perfecto de cómo los intereses nacionales y la percepción de seguridad moldean las alianzas, más allá de los tratados formales como la OTAN y nos llevan a las siguientes deducciones:
1. El Dilema de Seguridad y el Realismo
Desde el Realismo, los Estados buscan maximizar su seguridad. El gráfico muestra que, para países como Polonia, la amenaza inmediata (Rusia) hace que EE. UU. sea percibido como un aliado indispensable (equilibrio de poder). Sin embargo, para España o Francia, que no sienten esa amenaza territorial directa, EE. UU. puede ser percibido como una «amenaza» a su propia autonomía de decisión. Es el clásico temor a ser arrastrado a conflictos ajenos por una potencia hegemónica (entrapment).
2. Neoclasicismo y Autonomía Estratégica
El alto porcentaje de percepción como «competidor» en Francia (29%) y Alemania (32%) valida la tesis de la Autonomía Estratégica Europea. Estos países no solo ven a EE. UU. en términos militares, sino económicos y tecnológicos. Si EE. UU. prioriza sus propios intereses (por ejemplo, mediante subsidios industriales o control de datos), las potencias europeas dejan de verlo como un «socio» para verlo como un rival sistémico que limita su propio crecimiento.
3. La Percepción Social como Factor de Poder
Como estás analizando el impacto de la IA y las nuevas tecnologías en la defensa, este gráfico también sugiere un desafío de Cibersoberanía: si el 51% de los españoles ve a EE. UU. como una amenaza, la cooperación en intercambio de inteligencia, bases militares o adopción de estándares tecnológicos estadounidenses se vuelve políticamente más costosa para el gobierno local.
Este mapa de percepciones es fundamental para entender por qué la OTAN a veces parece hablar dos idiomas distintos: el de la «defensa colectiva» frente al Este y el de la «competencia estratégica» y autonomía en el Oeste.
4. Reflexiones Finales
Robert Gilpin, desde su realismo neoclásico, sostiene en su obra Guerra y Cambio en la Política Mundial que el orden internacional no solo se basa en el poder material (tanques, PBI, tecnología), sino fundamentalmente en la jerarquía del prestigio.
Podemos vincular el gráfico de POLITICO Pulse con la teoría de Gilpin a través de tres ejes clave:
1. El prestigio como «poder de reputación»: Para Gilpin, el prestigio es la probabilidad de que otros estados obedezcan la voluntad de una potencia sin que esta tenga que recurrir a la fuerza. Es, en esencia, la percepción que otros tienen de tu capacidad y de tu disposición a usarla.
En el gráfico el alto porcentaje de percepción de EE. UU. como «amenaza» en España (51%) o Italia (46%) sugiere una crisis de prestigio. Cuando los aliados ven a la potencia no como un protector legítimo, sino como un actor disruptivo o peligroso, el prestigio de EE. UU. se erosiona. La consecuencia es que, sin prestigio, EE. UU. debe gastar más recursos (económicos o militares) para mantener su influencia, ya que la «obediencia voluntaria» de sus socios desaparece.
2. El desajuste entre poder y orden: Gilpin explica que el cambio sistémico ocurre cuando hay un desajuste entre el poder real de la potencia hegemónica y el prestigio que se le reconoce.
Polonia vs. Europa Occidental: Polonia reconoce el prestigio de EE. UU. porque su seguridad depende de la credibilidad de la disuasión estadounidense. Su respuesta es la de un aliado que acepta la jerarquía.
El desafío de la autonomía, en Francia y Alemania, la percepción de EE. UU. como «competidor» indica que estos Estados ya no aceptan la jerarquía de prestigio de la posguerra. Sienten que el orden actual (liderado por EE. UU.) ya no beneficia sus intereses nacionales, lo que según Gilpin es el paso previo a un intento de renegociar el orden internacional.
3. La legitimidad de la hegemonía: Gilpin argumenta que una hegemonía es estable solo si los subordinados la perciben como legítima y beneficiosa. Si los ciudadanos europeos ven a EE. UU. como una amenaza, están cuestionando la legitimidad de su mando. Si la jerarquía de prestigio se rompe, la interoperabilidad tecnológica y militar (como el uso de sistemas de defensa estadounidenses o nubes de datos compartidas) empieza a verse como una vulnerabilidad y no como una ventaja de seguridad.
Síntesis en términos de Gilpin:

En definitiva, lo que el gráfico muestra es que el prestigio de Estados Unidos está fragmentado. Para Gilpin, esta es la señal más clara de un sistema internacional en transición, donde el costo de mantener la hegemonía está superando los beneficios que la potencia obtiene de ella.
“El equilibrio internacional no se quiebra por la fuerza de los rivales, sino por la pérdida de legitimidad del que domina.”
5. Referencias Bibliográficas
Gilpin, R. (1981). War and change in world politics. Estados Unidos: Cambridge University Press.
Gilpin, R. (1988). The theory of hegemonic war. The Journal of Interdisciplinary History, 18(4), 591-613.
Mearsheimer, J. J. (2001). The tragedy of great power politics. Estados Unidos: Universidad de Chicago.
Mearsheimer, J. J. (2007). Structural realism. En T. Dunne, M. Kurki & S. Smith (Eds.), International relations theories: Discipline and diversity (p. 72). Inglaterra: Oxford University Press.
Sarquís, D. J. (1993). El neorrealismo en la reflexión teórica contemporánea: una reseña crítica. Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, 38(153), 9-45.
GB (R) PhD Oscar Armanelli
Ciencia Política UB
Defensa Nacional UNDEF
Profesor Universitario UA
Mg. Historia, Estrategia, Geopolítica, Ciencias Militares y Operaciones de Paz ACAGÜE Chile













