Abstract
El presente artículo investiga la posición estratégica de la Argentina frente a la reconfiguración del orden global en el periodo 2025-2026, caracterizado por la transición hacia un paradigma de tranquilitas operationalis (paz operativa).
Bajo un enfoque metodológico que emplea las variables originales de Grado de Dependencia de Nodos de Infraestructura Crítica (DNIC) y Horizonte de Planeamiento Estratégico Estatal (HPEE), se analiza la tensión entre la «valla de contención» de la NSS 2025 de Estados Unidos y los horizontes centenarios de China (2049) e India (2047).
El estudio postula que la Argentina padece una asincronía estratégica severa: mientras sus socios operan con gramáticas de permanencia de largo aliento, el planeamiento doméstico se encuentra fragmentado por ciclos electorales cuatrienales que resultan estériles frente al hito geoeconómico de la Antártida 2048. Se concluye que el éxito de una política de multialineamiento pragmático depende de elevar a la India como socio prioritario y «estabilizador de la tríada», permitiendo a la Argentina diversificar sus nodos tecnológicos y logísticos sin sacrificar su autonomía frente a la interdependencia armada de las grandes potencias. El discurso presidencial de marzo de 2026 sobre el Atlántico Sur se analiza como la confirmación de esta mutación ontológica de la soberanía nacional hacia un modelo de control físico de flujos.
Palabras clave: Tranquilitas Operationalis, HPEE, DNIC, India @2047, NSS 2025, Antártida 2048, Multialineamiento Pragmático, Interdependencia Armada.
“El futuro depende de lo que hagas hoy.”
Mahatma Gandhi
1. El conflicto de horizontes: NSS 2025 vs. el siglo asiático
La política exterior argentina se encuentra tensionada entre gramáticas temporales en conflicto. Por un lado, la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 (NSS 2025) de los Estados Unidos busca consolidar una valla de contención multidimensional en el Cono Sur, instrumentalizando el friendshoring para securitizar recursos estratégicos -como minerales críticos y tierras raras- y obturar nodos de influencia china en puntos neurálgicos como la Hidrovía, Ushuaia y la estación espacial en Neuquén. No obstante, esta proyección geoestratégica permanece supeditada a la volatilidad de los ciclos electorales cuatrienales, cuya incertidumbre en los alineamientos democráticos desafía la estabilidad de una supervisión estadounidense que aspira a mitigar, de manera permanente, la presencia de Pekín en sectores sensibles.
Por otro lado, China e India operan bajo un calendario de poder centenario, con horizontes más amplio a los cuatro años. El modelo chino se organiza en torno a los Tres Centenarios (2021, 2027 y 2049), hitos que funcionan como métricas de rendimiento estatal. Mediante sus Planes Quinquenales, Beijing ha logrado la transición de «fábrica del mundo» a «laboratorio del mundo», alcanzando una autonomía tecnológica que disputa la hegemonía global.
Simultáneamente, Nueva Delhi proyecta su Viksit Bharat @2047, proponiendo una tercera vía digital y democrática que ofrece a Argentina una salida a la trampa de la interdependencia armada, que propone EE.UU. y Argentina adhiere.
Bajo la visión de Viksit Bharat @2047, Nueva Delhi ha calendarizado su ascenso para coincidir con el centenario de su independencia, proyectando una transformación integral que la posicione como una superpotencia desarrollada. Esta visión estratégica, plasmada en sus documentos de gobernanza, no solo busca el crecimiento económico, sino liderar el Sur Global mediante una tercera vía humanista y democrática (Di Doménica, 2026).
Tanto China como India se posesionan como actores centrales en el Sur Global, que es un concepto central en las relaciones internacionales actuales. La India se ha posicionado estratégicamente como la «Voz del Sur Global». En foros como el G20 y el BRICS, busca representar los intereses de las naciones en desarrollo, diferenciándose de las potencias occidentales. China también se identifica como parte del Sur Global, aunque su enorme poderío económico y militar a menudo la coloca en una categoría propia de «competidor sistémico», como se refleja en la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) (Departamento de Estado; 2025) y la Estrategia de Defensa Nacional (NDS) (Departamento de Guerra, 2026).

Pero la diferencia estratégica es que mientras la India actúa como un puente o estabilizador entre Occidente y el mundo en desarrollo, China utiliza el Sur Global como una plataforma para proyectar su influencia y contrarrestar el liderazgo de EE. UU.
El desafío de la política exterior argentina radica en gestionar una intersección de fuerzas asimétricas. Por un lado, la NSS 2025 establece un cordón de seguridad que busca obturar el avance de los nodos de infraestructura china en sectores sensibles. Por otro, India se posiciona como el motor económico del Sur Global con el que Argentina mantiene un superávit estratégico. Esta dinámica obliga a trascender la competencia entre el Norte y China, utilizando la relación con India para fortalecer la inserción argentina en un Sur Global que ya no solo busca justicia normativa, sino una integración económica eficiente y autónoma. Ante este escenario, surge la siguiente pregunta e hipótesis central para la política exterior argentina:
¿Es posible para Argentina ejecutar una política de equidistancia estratégica que le permita cumplir con los estándares de seguridad de la NSS 2025 de EE. UU., sin sacrificar el flujo comercial con China, al tiempo que eleva a la India como un socio prioritario para equilibrar su bioeconomía y soberanía tecnológica?
Para ello proponemos la siguiente hipótesis: Argentina podrá maximizar su autonomía nacional y superar la supervisión restrictiva de la NSS 2025 solo si logra desacoplar su estrategia exterior del cortoplacismo electoral, adoptando una planificación de largo aliento que integre la tríada de poder global. Para ello, es imperativo elevar a la India como un socio prioritario y simétrico a China, utilizando la convergencia entre los Planes Quinquenales de Beijing y la visión Viksit Bharat @2047 de Nueva Delhi como marcos de referencia para una propia métrica de rendimiento estatal.
Para el desarrollo, es fundamental articular el pensamiento clásico de la autonomía argentina con las visiones contemporáneas de inserción estratégica en un mundo multipolar. El concepto de equidistancia estratégica no debe entenderse como neutralidad pasiva, sino como una herramienta activa de preservación del interés nacional frente a las presiones de las grandes potencias y quizás es conveniente hablar de multialineamiento pragmático. Este concepto ha sido consolidado por el actual Ministro de Asuntos Exteriores de la India, S. Jaishankar, quien lo define como la capacidad de participar en múltiples configuraciones de poder sin quedar cautivo de ninguna.
«La realidad es que estamos en una era de multialineamiento… Es un juego de múltiples movimientos, con varios jugadores y sin socios fijos. El objetivo es relacionarse con todos, pero estar alineado con ninguno» (Jaishankar, 2020, p. 21).
La proyección de poder de China e India se articula sobre cronogramas de largo alcance que encuentran en el año 2048 un hito de especial relevancia para la Argentina. Esta fecha marca un punto de inflexión geoeconómico debido a la posible revisión del Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente (Protocolo de Madrid). Si bien dicho marco prohíbe actualmente la minería en el continente, la solidez del régimen multilateral antártico será sometida a una prueba de estrés sistémico hacia mediados de siglo, impulsada por la creciente demanda global de recursos y las ambiciones de las potencias emergentes.
Todo ello en un contexto donde el sistema internacional ha ingresado en una etapa de «geopolítica dura», donde la fragmentación tecnológica y la seguridad de las cadenas de suministro han desplazado a la cooperación económica como eje de la diplomacia global. En este contexto, la Argentina enfrenta un desafío estructural: gestionar una inserción estratégica que equilibre su creciente gravitación económica hacia Asia con su identidad política y jurídica, intrínsecamente ligada a la tradición occidental. (Santibañez, 2026: p 4).
Proponemos la estructura del trabajo en cuatro apartados el primero de ellos explica la interdependencia armada con Estados Unidos, el segundo desarrolla los tres centenarios de China, el tercero referido a India y su visión para el 2047 y finalmente la relación argentina en la triada de EE.UU., China e India utilizando las variables de la investigación; para finalizar con las conclusiones.
Para el tratamiento de datos utilizaremos dos variables, la primera a la que denominamos “Grado de dependencia de nodos de infraestructura crítica” (DNIC) y la segunda “Horizonte de planeamiento estratégico estatal” (HPEE).
La DNIC es el porcentaje de infraestructura esencial (telecomunicaciones/5G, puertos/hidrovía, nodos espaciales y generación energética) cuyo hardware, software o mantenimiento depende exclusivamente de estándares de seguridad y proveedores de uno de los tres vértices (EE. UU., China, India). Por ejemplo, para China mide el nivel de “integración”; en cambio para EE.UU. mide el nivel de «valla de contención» y para India mide el nivel de «autonomía compartida». Esta variable nos permitirá demostrar técnicamente por qué la equidistancia o mejor dicho la multialineamiento prágmatico requiere diversificar estos nodos
Mediante la variable HPEE, se cuantifica la distancia temporal que separa la urgencia de la agenda política argentina de los objetivos centenarios de potencias como India (2047) y China (2049). Este indicador busca demostrar que la falla estructural de la política exterior argentina no es de alineamiento, sino de percepción temporal. Al proyectar seis periodos presidenciales entre el presente y el hito antártico de 2048, la HPEE evidencia que la Argentina carece de una gramática de la permanencia. Mientras sus socios operan bajo ciclos de décadas, la alternancia democrática argentina, sin acuerdos básicos de Estado, fragmenta la estrategia nacional en ciclos de cuatro años que resultan estériles frente a los horizontes de desarrollo de las potencias globales.
2. Marco teórico: De la autonomía heterodoxa a la equidistancia estratégica y el multialineamiento pragmático
El pensamiento estratégico argentino ha evolucionado desde la búsqueda de márgenes de maniobra frente a la hegemonía bipolar hacia una gestión compleja de la interdependencia, que no sólo se circunscribe a lo económico como estable Nye y Keohane, en su obra Power and Interdependence (1977), sino por el contrario existen otras aristas como la interdependencia armada
El concepto de autonomía heterodoxa propuesto por Puig (1980) constituye la piedra angular de este análisis. Para Puig, la autonomía no implica el aislamiento, sino la capacidad de un Estado para tomar decisiones propias aceptando el marco de las relaciones internacionales, pero rechazando las imposiciones que vulneren el interés nacional. En el contexto actual, la «heterodoxia» radica en mantener vínculos profundos con China e India sin que ello implique una ruptura definitiva con el sistema de seguridad occidental liderado por Estados Unidos.
Por su parte está el realismo periférico de Escudé (1995) que sugería a los Estados con recursos limitados debían evitar confrontaciones con la potencia hegemónica para no incurrir en costos innecesarios, autores contemporáneos como Battaleme y Anzelini proponen una relectura adaptada al siglo XXI.
Battaleme (2020) sostiene que, en un escenario de competencia tecnológica y espacial, la equidistancia es una forma de supervivencia. La Argentina debe gestionar lo que él denomina «tecnologías sensibles» para evitar quedar atrapada en el fuego cruzado del desacople (decoupling) entre Washington y Beijing.
Anzelini (2017), por su parte, enfatiza que la política de defensa y exterior debe evitar «tamices ideológicos» que nublen el juicio estratégico. Para Anzelini y Poczynok (2014), el planeamiento debe ser multidireccional, permitiendo que un Estado mediano como Argentina utilice su posición geográfica y recursos para negociar con múltiples polos de poder.
Siguiendo a Russell y Tokatlian (2003), la autonomía de relación sugiere que el poder de un país no reside en su capacidad de aislarse, sino en su capacidad de vincularse con la mayor cantidad de actores posibles para neutralizar presiones. La equidistancia estratégica, bajo esta óptica, se define como:
«… la equidistancia estratégica, bajo esta óptica, se define como: la capacidad del Estado para gestionar sus interdependencias mediante una política de vinculación múltiple y diversificada, que evita el alineamiento automático y excluyente con una sola potencia para ampliar el margen de maniobra y reducir las vulnerabilidades externas (Russell & Tokatlian, 2003, pp. 76-77).»
En tal sentido, el manejo deliberado de las asimetrías de poder a través de una diversificación de socios que impida que la dependencia de un solo centro de poder (vía deuda, comercio o tecnología) se convierta en una vulnerabilidad crítica (Anzelini, 2021).
El marco teórico para entender el multialineamiento pragmático, se completa incorporando la visión de la India como el estabilizador de la tríada. Mientras el modelo chino es de largo plazo y basado en objetivos estatales rígidos (PCCh, 2021), el modelo indio ofrece una gobernanza democrática de la tecnología. Como señala Di Doménica (2026), la inclusión de la India en la órbita estratégica argentina permite aplicar una equidistancia real; se cumple con el NSS 2025 en infraestructura crítica sensible para EE. UU., pero se mantiene la soberanía tecnológica y comercial mediante la cooperación con el Sur Global que lidera Nueva Delhi.
Según Robert Keohane y Joseph Nye Jr. que sistematizaron el concepto para las Relaciones Internacionales en su obra Power and Interdependence, la definieron como un estado donde los actores o sistemas se afectan mutuamente de manera significativa y expresaron: «La interdependencia, en el nivel más básico, significa dependencia mutua. En las políticas globales, se refiere a situaciones caracterizadas por efectos recíprocos entre estados o entre actores en diferentes estados» (Keohane & Nye, 1977/2012, p. 7).
En cambio, para los realistas como Kenneth Waltz, la interdependencia no es una paz liberal, sino una fuente de conflicto. Waltz argumenta que la interdependencia es, en realidad, una relación de poder donde los estados intentan reducir su vulnerabilidad: «La interdependencia es un concepto que oscurece la realidad de la política internacional. Lo que algunos llaman interdependencia es, para los estados poderosos, una fuente de influencia y, para los estados débiles, una fuente de vulnerabilidad» (Waltz, 1979, p. 143).
La interdependencia no es netamente liberal; el liberalismo de Nye simplemente la utiliza para argumentar que los estados cooperarán más. Sin embargo, autores como Durkheim (1893/1984, p. 102) la ven como una fatalidad social y Farrell y Newman (2019, p. 45) (con la interdependencia armada) la ven como una herramienta de guerra silenciosa.
Para profundizar en la evolución de la interdependencia hacia una lógica de bloques y seguridad nacional, es fundamental abordar el concepto de geoeconomía aplicada. El nearshoring y el friendshoring, que se constituyen en las herramientas como las respuestas políticas al fracaso de la interdependencia compleja tradicional ante las crisis de suministro y las tensiones geopolíticas.
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Friendshoring (o Ally-shoring)
Este concepto se refiere a la reconfiguración de las cadenas de suministro para que se localicen exclusivamente en países que comparten valores políticos y estándares de seguridad similares, reduciendo la vulnerabilidad ante adversarios.
El friendshoring consiste en limitar las cadenas de suministro de bienes esenciales a un círculo de naciones en las que se pueda confiar, reduciendo así los riesgos de seguridad nacional y la dependencia de regímenes que utilizan el comercio como una herramienta de coerción (Yellen, 2022, p. 5). Aunque Yellen es la impulsora política, el concepto ha sido analizado académicamente por Beattie (2022) como el fin de la globalización universal.
b. Nearshoring (Relocalización de proximidad)
A diferencia de la deslocalización masiva (offshoring), el nearshoring busca acercar la producción a los mercados de consumo final para mitigar los riesgos logísticos y climáticos.
«El nearshoring representa una estrategia de diversificación geográfica donde las empresas trasladan sus operaciones desde países distantes a naciones vecinas, buscando no solo reducir costos de transporte, sino garantizar la resiliencia operativa ante choques sistémicos» (Javorcik, 2020, p. 28).
c. De-risking (reducción de riesgos)
Es el término intermedio acuñado por la Unión Europea para evitar el desacople total (decoupling) con China, pero limitando la exposición en sectores críticos.
«El de-risking es el proceso de reducir metódicamente las dependencias estratégicas unilaterales en sectores vitales como los semiconductores o las materias primas críticas, sin buscar un aislamiento económico completo» (Von der Leyen, 2023, p. 12).
Para complementar esta visión geoeconómica es necesario la geoestrategia y con ello traemos a colación el concepto de interdependencia armada (weaponized interdependence), ya que explica con precisión quirúrgica por qué Estados Unidos utiliza la NSS 2025 para bloquear a China en la Hidrovía o en Neuquén. No se trata de una interdependencia que genera paz (como sugería el liberalismo de Nye), sino de una que se utiliza como instrumento de coacción.
Este concepto, desarrollado por Henry Farrell y Abraham Newman, desafía la idea tradicional de que la interdependencia global previene el conflicto. Los autores sostienen que la globalización ha creado redes altamente centralizadas (nodos) donde unos pocos estados tienen el control sobre el flujo de información, finanzas o tecnología. En consecuencia, podemos definirla según sus autores:
«La interdependencia armada ocurre cuando un Estado aprovecha su posición de control sobre los nodos críticos de las redes globales (como los sistemas de pagos financieros o los cables de fibra óptica) para obtener ventajas estratégicas, ya sea mediante la ‘recolección de información’ (espionaje) o la capacidad de asfixia (exclusión de la red) de sus adversarios» (Farrell & Newman, 2019, p. 45).
En la nueva visión de la interdependencia y específicamente la compleja establecida por Nye con un carácter netamente económico y cooperativo la dinámica del poder está dada por la ganancia mutua y la disuasión del conflicto; en cambio la interdependencia armada de Farrell & Newman su carácter se orienta hacia lo estratégico y lo conflictivo donde la dinámica del poder está en el control de la red que se constituye en un arma para un alineamiento incondicional, el chantaje o la coerción.

En definitiva, encontramos la interrelación entre geopolítica, geoeconomía y geoestrategia que podemos sintetizarlo como una geopolítica muntidimensional para unificar los tres conceptos, en donde la geopolítica (el marco), define el «quién» y el «dónde» y se aboca al estudio de cómo la geografía influye en las relaciones de poder. Por su parte la geoeconomia (el motor), define el «cómo» a través del capital y es el uso de instrumentos económicos para proyectar poder nacional y obtener beneficios estratégicos. Y finalmente la geoestrategia (la acción), define el «cuándo» y el «con qué»; y es la dirección de los recursos (militares, tecnológicos o de infraestructura) para lograr objetivos políticos específicos en el espacio geográfico. A este conjunto algunos autores la denominan la Gran Estrategia (Grand Strategy), término preferido por la escuela anglosajona; que no se limita a la guerra; es la coordinación de todos los recursos de una nación (económicos, diplomáticos, militares y geográficos) para alcanzar una visión de largo plazo. Es lo que aplica cuando se habla de los Planes Quinquenales de China; el Viksit Bharat @2047 de India o los distintos documentos estratégicos emitidos por Estados Unidos entre 2025 y 2026. En forma más precisa Liddell Hart expreso que: «La Gran Estrategia es el arte de distribuir y aplicar los recursos militares y civiles para alcanzar el objetivo político del Estado» (Liddell Hart, 1967, p. 322).
3. Estados Unidos: la interdependencia armada y el factor «Five Eyes»
Utiliza dos documentos centrales para entender su influencia en Occidente, por un lado, la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS, 2025) y la Estrategia de Defensa Nacional, (NDS, 2025) que explican gran parte de su accionar.
La noción de interdependencia armada (weaponized interdependence), conceptualizada originalmente por Farrell y Newman (2019), adquiere en la NSS 2025 y la NDS 2026 una dimensión operativa sin precedentes. No se trata simplemente de una ventaja económica, sino de la transformación de las redes globales en un espacio de batalla permanente. Para ello ejerce el control de los nodos como coerción, de esta forma EE.UU. ejerce su interdependencia en Occidente no mediante la persuasión diplomática tradicional, sino mediante la explotación de su posición central en la infraestructura crítica. Al controlar los nodos de tránsito de información, finanzas y tecnología (como el sistema SWIFT, los cables submarinos de datos o la propiedad intelectual de semiconductores), Washington puede cerrar la llave a cualquier actor que no se alinee con sus intereses.
Esto explica por qué la NSS 2025 rechaza las «abstracciones del orden basado en reglas«; porque las reglas son lentas y negociables; los nodos técnicos son inmediatos y unilaterales.
Bajo la lógica de la NDS 2026, la relación con los aliados occidentales ha mutado de una alianza de valores a una jerarquía de dependencia; en donde Occidente no se une a EE. UU. por consenso normativo, sino porque el costo de la exclusión de los nodos centrales es prohibitivo. En este contexto la paz ya no se define como la ausencia de conflicto, sino como el correcto funcionamiento del sistema bajo el mando centralizado. Cualquier perturbación en la cadena de suministros o en la infraestructura crítica es vista como un acto de agresión que justifica el uso de la fuerza.
A colación traemos la discusión sobre el radar de LeoLabs en Tierra del Fuego, que no puede analizarse en forma aislada. En el siglo XXI, el espacio es un dominio estratégico y la información orbital un insumo de inteligencia. En ese marco, cualquier infraestructura de “space domain awareness” se inserta en el ecosistema de seguridad de las potencias que lideran esa arquitectura, y allí aparece un actor central la comunidad de inteligencia conocida como Five Eyes, que es la alianza de inteligencia integrada por Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.
Nacida del acuerdo UKUSA tras la Segunda Guerra Mundial, constituye hoy la red de intercambio de inteligencia más integrada del mundo. No se limita a Inteligencia de Señales (SIGINT), sino que abarca ciber, vigilancia satelital, análisis geoespacial y cooperación militar profunda. (Paleo, 2026)
La empresa LeoLabs tiene sede en California (EE.UU.) pero está compuesta de capitales británicos, en Argentina funciona a través de la filial LeoLabs Argentina SRL. (Leolabs, 2026)
Aunque formalmente es una empresa privada, su tecnología alimenta bases de datos utilizadas por agencias gubernamentales y fuerzas armadas occidentales. La compañía presta servicios tanto a operadores comerciales como a gobiernos. Tal es el perfil dual de la empresa que en su directorio hay ex miembros del Departamento de Defensa de los EE. UU. y de la comunidad de inteligencia de dicho país, así como también de la Fuerza Aérea Australiana.
La instalación de un radar de seguimiento espacial en el extremo sur argentino, concretamente en la localidad de Tolhuin, adquiere otra dimensión y su ubicación no es casual. Desde el sur fueguino se proyecta el acceso al Atlántico Sur, a las rutas bioceánicas y a la antesala antártica. En ese mismo teatro estratégico se encuentra la presencia militar británica en las Islas Malvinas, con la base de Mount Pleasant como plataforma de vigilancia aérea y proyección regional. (Paleo, 2026)
La presencia de redes vinculadas a los Five Eyes (FVEY) en el Atlántico Sur y la contraparte china en Neuquén demuestran que Argentina es un territorio donde se dirime la «interdependencia armada» según el concepto de Farrell & Newman. (2019).
Bajo esta lógica, el control de los nodos (sensores, cables, puertos) permite la capacidad de asfixia. Argentina, al no poseer una arquitectura propia, delega soberanía en cada concesión de infraestructura crítica. En este contexto, el año 2048 emerge como el gran hito de inflexión, donde la revisión del Protocolo de Madrid sobre la Antártida y la disputa por la minería antártica convertirá a la Argentina en el epicentro de la necesidad de recursos global, testeando nuestra capacidad de equidistancia o de multialineamiento pragmático.
Esta lógica de control de nodos se ve reforzada por la Estrategia de Defensa Nacional (NDS) 2025, que operacionaliza la visión política de la NSS 2025 bajo la doctrina de la “disuasión integrada”. La NDS 2025 no solo identifica a China como el desafío de ritmo (pacing challenge) militar, sino que redefine la infraestructura crítica -incluyendo el espacio orbital y los sistemas de posicionamiento- como componentes vitales de la defensa hemisférica. Para la Argentina, esto implica que cualquier proyecto de infraestructura de doble uso (civil-militar) con China ya no es percibido por Washington como una simple inversión comercial, sino como una vulnerabilidad táctica que debe ser neutralizada mediante la doctrina de la negación. Bajo esta premisa, la NDS 2025 presiona a los Estados socios para que elijan arquitecturas de defensa y vigilancia que sean interoperables con el ecosistema occidental, transformando la cooperación en defensa en un requisito de alineamiento estratégico de facto (NDS, 2025, p. 12).
Otra arista del análisis es respecto al intercambio comercial entre 2014 -2024 y observamos una relación de dependencia técnica y déficit estructural, con un balance negativo con EE.UU. Sin embargo, este déficit no es «explosivo» sino «técnico». El punto crítico se registró en el 2022 con el mayor volumen de intercambio, con importaciones que superaron los 10.300 millones de U$S (M). Esto fue impulsado por la necesidad argentina de energía (GNL) y maquinaria tras la pandemia; pero en características generales existe una tendencia al equilibrio, en el 2021 fue el año de mayor cercanía, con un déficit de apenas -944 M. Esto demuestra que, ante precios altos de exportación (minería y agro) y restricciones a la importación, la balanza puede estabilizarse. Al cierre del 2024 el intercambio se mantiene en una meseta de 8.450 M en importaciones frente a 6.100 M en exportaciones, arrojando un saldo negativo de -2.350 M. como se puede observar el el siguiente gráfico:

Pero bajo la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 (NSS 2025) de los Estados Unidos, la relación comercial ha dejado de ser puramente económica para volverse estratégica, en los siguientes puntos:
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Minerales críticos: EE.UU. busca asegurar el suministro de litio y cobre argentino bajo la lógica de friendshoring (comerciar con aliados confiables) para reducir su dependencia de China.
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Vallas de contención: Washington utiliza su peso comercial y financiero para limitar la entrada de tecnología china en nodos críticos (como la red 5G o la Hidrovía), posicionándose como el proveedor seguro.
Mientras que el déficit con China es una vulnerabilidad de volumen (por la escala masiva), el déficit con EE.UU. es una vulnerabilidad de sistema. Argentina depende de los estándares técnicos estadounidenses para mantener operativa su industria y su defensa, lo que otorga a Washington un poder de interdependencia armada que utiliza para influir en las decisiones de infraestructura en el Atlántico Sur.
4. China, el laboratorio de la hegemonía: los tres centenarios y la calibración del tiempo chino
La visión estratégica de China se distingue de la occidental principalmente por su horizonte temporal. Frente al cortoplacismo de los ciclos de mandato y las encuestas de Occidente, el modelo chino se define por una proyección de largo aliento. El éxito y la influencia actual del gigante asiático no pueden explicarse sin atender a su arquitectura política, la cual se organiza en torno a hitos históricos clave conocidos como los Tres Centenarios. Estos objetivos simbólicos del Partido Comunista Chino (PCCh) no son meras efemérides, sino los pilares que dictan el rumbo de su gobernanza y su posicionamiento mundial.
China no improvisa; calendariza su ascenso y los Tres Centenarios responde a hitos concretos plasmados en el 2021, 2027 y 2049, que no son sólo simbólicos, sino por el contrario son métricas de rendimiento estatal, que lo logra mediante Planes Quinquenales, que funcionan como engranajes que conectan la visión de largo plazo con la ejecución inmediata y ellos posibilitaron el paso de ser la «fábrica del mundo» al «laboratorio del mundo» y con ello alcanzando la autonomía tecnológica.
La administración de Beijing ha logrado transformar efemérides históricas en objetivos de gestión pragmáticos que guían la conducta tanto del aparato estatal como del Partido. Esta estructura cronológica se articula sobre tres ejes fundamentales. El primer gran ciclo concluyó en 2021, coincidiendo con el centenario de la creación del PCCh. Bajo el liderazgo de Xi Jinping, se proclamó el éxito de la «sociedad moderadamente próspera» (Xiaokang Shèhuì), una meta que, aunque fue esbozada inicialmente por Hu Jintao en 2007, hunde sus raíces en la tradición confuciana para legitimar el progreso material ante la ciudadanía. El hito más relevante de esta etapa fue la eliminación de la indigencia, logrando rescatar a 800 millones de ciudadanos de la pobreza extrema antes de los plazos fijados por la ONU, pese al impacto del COVID-19.
Hacia adelante, el foco se traslada a 2027, año que marca el centenario del Ejército Popular de Liberación (EPL). Mientras que la visión externa suele interpretar esta fecha únicamente como una carrera por la simetría militar frente a Washington, para el PCCh representa la consolidación de una fuerza de defensa de clase mundial.
El fortalecimiento del Ejército Popular de Liberación se asienta sobre una tríada evolutiva: mecanizar, informatizar e «inteligentizar» las capacidades de combate mediante tecnologías disruptivas. Esta transición hacia un ejército de clase mundial en 2049 se gestiona mediante hitos acumulativos que permiten corregir el rumbo estratégico. Pese a las fluctuaciones financieras, el gasto militar real de China muestra una brecha significativa respecto al presupuesto público, con estimaciones que sugieren excedentes de hasta el 90% sobre lo anunciado. Paralelamente, la expansión del arsenal nuclear es un dato insoslayable de la realidad geopolítica; se proyecta que China duplique casi su inventario de ojivas operativas, pasando de las 600 registradas en 2025 a más de un millar para el año 2030. A ello se suma la posición hegemónica en minerales críticos según el gráfico Nro 2.

Como se observa en el Gráfico 3, los minerales críticos (identificados con puntos rojos) presentan una marcada concentración en el cuadrante superior derecho, lo que evidencia una correlación directa entre su alta importancia económica y el elevado riesgo en su suministro. En términos de funcionalidad, estas materias primas resultan vitales prioritariamente para el sector de tecnología y defensa, seguidas por la transmisión energética y, en menor medida, los insumos industriales. En este escenario, China ostenta una ventaja estratégica al controlar no solo las mayores reservas mundiales, sino también la capacidad de refinamiento. Esta primacía redefine los desafíos del siglo XXI: a diferencia del petróleo, cuya relevancia ha mermado en las últimas cinco décadas y cuya utilidad era principalmente motriz, los minerales críticos sustentan hoy un espectro mucho más amplio y complejo de aplicaciones tecnológicas

Con ello el Ejército Popular de Liberación pretende contar con las capacidades operativas, tecnológicas y de mando necesarias para disuadir la secesión, resistir una eventual intervención externa y preservar lo que Beijing considera un interés vital de soberanía e integridad territorial.
La integridad territorial de China volvió a ser el centro del debate en Múnich. Wang Yi, representante de las relaciones exteriores de Xi Jinping, alertó que la Casa Blanca se arriesga a una confrontación bélica si persiste en su apoyo a Taiwán. El diplomático fue tajante al afirmar que la reunificación es un mandato ineludible y el uso de la isla como peón estratégico por parte de fuerzas foráneas es inaceptable. Al señalar a Washington como el motor del rearme taiwanés, Wang instó a un cambio de rumbo hacia el pragmatismo, advirtiendo que Beijing no se quedará de brazos cruzados si se intenta socavar la política de «una sola China» mediante la instigación de divisiones internas, así lo señalo textualmente Wang Yi: “instigue y conspire para dividir China a través de Taiwán, cruzando la línea roja de China”. (Conferencia de Seguridad de Munich, 2026).
El ciclo estratégico de Beijing encuentra su culminación en 2049, año que conmemora el siglo de existencia de la República Popular China. Este hito simboliza la realización del «rejuvenecimiento nacional«, una meta que proyecta la transformación del país en una potencia socialista caracterizada por su prosperidad, solidez y modernidad. Más que una efeméride, la visión de Xi Jinping posiciona esta fecha como el cierre de la etapa primaria del socialismo y el inicio de un estadio superior. En este marco, el objetivo es haber consolidado plenamente un Estado moderno que refleje la transición exitosa desde las bases sentadas en 1949 hacia un liderazgo integral en el sistema internacional.
En resumen, los objetivos técnicos, no solo son ideológicos y cada uno de ellos responden a una finalidad estratégica, en 2021, la consolidación con el fin de la pobreza extrema como base de legitimidad interna. En 2027 es el punto de inflexión militar y tecnológico, mediante la «inteligentización» del Ejército Popular de Liberación (EPL), como un es un paso previo a la meta de 2035 de modernización total, y finalmente en 2049 la gran rejuvenización, donde China se muestra como líder del sistema internacional bajo un modelo de socialismo moderno.
El éxito del modelo chino reside en la capacidad de su sistema político para convertir visiones seculares en metas de gestión mediante la planificación quinquenal. Este engranaje permite coordinar el rumbo del país con los Tres Centenarios. Actualmente, la transición hacia mediados de siglo se articula en dos momentos clave: el primero, liderado por el 14.º Plan Quinquenal, prioriza la autonomía tecnológica y la seguridad integral; el segundo, proyectado hacia el 15.º Plan, orienta el poder nacional hacia la resolución de asuntos históricos pendientes y el fortalecimiento de la estructura estatal.
Superando las dicotomías entre mercado y Estado, el modelo de desarrollo chino se define por una integración táctica del capital privado bajo una estricta tutela política. La verdadera clave de su proyección actual reside en haber convertido su capacidad manufacturera en una plataforma de vanguardia tecnológica. Este proceso —que abarca desde la electromovilidad hasta el sector aeroespacial— permite al país escalar innovaciones a una velocidad sin precedentes. La «fábrica» no ha sido reemplazada por el «laboratorio», sino que ambos han convergido en un ecosistema de producción inteligente. Esta continuidad estratégica es la que otorga a China la capacidad de competir no solo por volumen, sino por la complejidad de sus activos, consolidando su peso en el tablero económico y geopolítico contemporáneo.
En 2023, China ocupaba el puesto 12º entre las 132 economías incluidas en el Índice Mundial de Innovación. (OMPI, 2023) Este puesto elevado se debió a la evolución positiva del régimen de Propiedad Inteectual (PI) de China, que registró el mayor número de patentes en vigor, 4,2 millones, en 2022. (OMPI; 2023)
Durante el período objeto de examen, las autoridades subrayaron además la importancia de la investigación y la innovación para la competitividad y el desarrollo a largo plazo de China. En general, hay diversos canales por medio de los cuales la I+D y la innovación pueden repercutir en la productividad, los resultados comerciales y el crecimiento económico de un país. Entre esas vías figuran la diferenciación de los productos, la reducción de los costos de producción y el aumento de la competitividad de las exportaciones1. (OMC, 2024: 43).
Las grandes inversiones en I+D han contribuido a la transformación digital de China, así lo refleja el Índice Mundial de Innovación de 2023 elaborado por la OMPI, donde China ocupaba el puesto 12º de las 132 economías incluidas. (OMC, 2024:158). En cuanto al gasto realizado en I+D, China ocupaba el segundo puesto en la clasificación mundial. (OMPI, 2023).
En abril de 2021 se adoptaron medidas para aclarar las condiciones de los centros de I+D financiados con capital extranjero para beneficiarse de las exenciones de los derechos de importación en apoyo de la innovación científica y tecnológica. (OMC, 2024:43) En enero de 2023, las autoridades propusieron 16 iniciativas de política en 4 esferas para seguir reforzando el apoyo a los centros de I+D con inversión extranjera. (Gou Ban Han, 2023) Las autoridades sostienen que sus iniciativas tienen por objeto apoyar la innovación tecnológica y el progreso de las industrias. Además, tienen por objeto fomentar un entorno propicio tanto a la apertura como a la innovación, con el objetivo de lograr la competitividad mundial. El 14.º Plan Quinquenal exige un aumento anual del gasto en investigación básica del 7%.
Según el Stanford AI Index Report 2025, China supera a EE. UU. en la cantidad de patentes de IA otorgadas y en la instalación de robots industriales (posee más del 50% del stock mundial). (Maslej et al, 2025: 286).
A ello se suma la inversión en capital humano reflejado por el número de estudiantes internacionales de doctorado en informática matriculados en universidades estadounidenses, 2022 (Maslej et al, 2025:385)
Otro aspecto del pasaje de la fábrica al laboratorio es el liderazgo en transición energética; China controla el 80% de la cadena de suministro de paneles solares y el 60% de la fabricación de vehículos eléctricos (EV) a nivel global. Los últimos informes publicados por la Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés), revelan algunos datos sorprendentes sobre la evolución del sector Cleantech y el dominio que China parece haber proyectado sobre las principales piezas de la cadena de valor. Además de posicionarse como el principal mercado doméstico a nivel mundial tanto en consumo energético como en bienes y equipos, han desarrollado un dominio aplastante sobre toda la cadena de valor de las principales Cleantech, controlando el acceso a las principales materias primas, la producción de equipos y componentes y la comercialización directa de productos relacionados con otras industrias relacionadas como la automoción. (Instituto Español de Analista, 2025: 4).
No obstante, la integridad territorial es el eje de su diplomacia; así quedó demostrado en la Conferencia de Seguridad de Múnich (2026), donde Beijing advirtió que el apoyo externo a la secesión de Taiwán cruza una «línea roja», reafirmando que la reunificación es un mandato ineludible para el cierre del ciclo estratégico en 2049.
Con respecto al intercambio comercial de Argentina con China entre 2014-2024 revela una dependencia asimétrica y estructural que constituye el mayor desafío para la autonomía económica nacional. A diferencia de EE. UU., donde el déficit es técnico, con China el déficit es de volumen masivo. China es el socio que genera el desbalance más profundo y persistente en las cuentas argentinas; el mayor déficit se registró en el 2018 con un saldo negativo de -10.080 M, un punto de inflexión donde las importaciones triplicaron a las exportaciones. Otro hito fue cuando Argentina intentó reactivar su industria post-pandemia (2022), las importaciones chinas saltaron a un récord histórico de 17.900 M. Esto demuestra que el aparato productivo argentino respira a través de insumos chinos. Al cierre del 2024 se observa una reducción del déficit (-5.450 M), pero no por una explosión exportadora, sino por la fuerte caída de la actividad económica interna que frenó las importaciones.

China utiliza su capacidad proveedora para insertarse en nodos estratégicos que hoy están bajo la lupa de la NSS 2025, por su parte China ha bancarizado la relación comercial a través del Swap, convirtiendo el déficit comercial en una herramienta de alivio financiero de corto plazo, pero que profundiza la dependencia política a largo plazo.
Si comparamos este escenario con el de EE. UU., vemos que mientras Washington aplica vallas de contención mediante la NSS 2025, Beijing aplica vallas de integración. China se vuelve indispensable para el día a día de la industria argentina, lo que hace que cualquier intento de equidistancia sea extremadamente costoso.
Aquí la India cobra fuerza por ser el único socio que puede ofrecer tecnología sin la carga de control infraestructural de China, permitiendo a Argentina oxigenar su balanza de divisas.
5. India; Viksit Bharat @2047: el ascenso del nodo humanista y la soberanía digital
La consolidación de la India como líder global en el siglo XXI no es un evento aislado, sino el resultado de una estrategia multidimensional que prioriza la autonomía y la inclusión social. A través del India Stack, el país ha redefinido la infraestructura pública digital mediante un ecosistema de APIs2 abiertas que garantiza servicios «sin papel y sin efectivo» (Shaw, 2026), permitiendo una democratización del acceso financiero sin precedentes. Esta base digital se complementa con una soberanía espacial y de posicionamiento crítica, lograda mediante el sistema de navegación NavIC y el despliegue del satélite NVS-02, los cuales reducen la dependencia de redes globales extranjeras como el GPS (India News Network, 2025b).
En el ámbito de la ciencia profunda, misiones como Chandrayaan-3 y el experimento de acoplamiento SpaDeX demuestran una capacidad técnica resiliente y de bajo costo que sitúa a la India en un club exclusivo de potencias espaciales (EFE, 2023; India News Network, 2025c). Paralelamente, el Proyecto Genoma India y el lanzamiento de portales de datos biológicos (IBDC) marcan el inicio de una bioeconomía soberana, orientada a resolver problemas de salud específicos de su población (India News Network, 2025a). Finalmente, el liderazgo político en la AI Impact Summit 2026 propone una tercera vía frente al eje Estados Unidos-China, abogando por una gobernanza de la inteligencia artificial más humanista y representativa del Sur Global (Di Doménica, 2026). En conjunto, estos avances proyectan a la India no solo como un centro de servicios, sino como el principal arquitecto de un futuro tecnológico ético y equitativo.
La consolidación de la India como líder global en el siglo XXI no es un evento aislado, sino el resultado de una estrategia multidimensional que prioriza la autonomía y la inclusión social.
Con respecto al intercambio comercial entre 2004-2014 la balanza comercial con India presenta un superávit positivo constante y masivo (alcanzando los +U$S 2.960 millones en 2021). En un contexto donde occidente busca securitizar recursos, este superávit representa moneda dura que otorga a la Argentina una autonomía de maniobra, India no es un socio de gestión de riesgos, es un socio de complementariedad vital.

A pesar de la caída en las exportaciones totales en 2023 (ver gráfico nro 5) (de U$S 4.535 M a U$S 2.440 M), el superávit se mantuvo por encima de los U$S 990 millones. Esto demuestra que la relación con India es resiliente a las crisis internas y externas. Mientras China puede actuar como un imán de infraestructura que genera deuda, India actúa como un generador de flujo neto, validando la idea de que India es una ventana de oportunidad subestimada.
India tiene un plan de desarrollo centenario hacia su centenario de independencia en 2047. Los datos muestran que Argentina exporta casi 4 veces más de lo que importa de India. El error de planeamiento (variable HPEE) radica en no haber diseñado una política de Estado que asegure este flujo hacia el 2047. Mientras Argentina consume sus ciclos en 6 administraciones de corto plazo, India proyecta una demanda creciente de proteínas y energía que Argentina ya le provee con éxito. No aprovechar este superávit para inversiones de largo plazo es sacrificar el futuro por la urgencia del presente, es aquí donde es necesaria la sincronización de la variable HPPE con el «India @ 2047».
6. Análisis de las variables DNIC y HPEE para Estados Unidos, China e India con respecto a Argentina
Mientras que la DNIC nos habla de la estructura física y técnica del poder, la HPEE nos revela la fragilidad temporal de nuestra política de Estado.
6.1. Estados Unidos
Estados Unidos no actúan solo como un socio (como India) o un financista (como China), sino como el arquitecto de la gramática operativa en la que Argentina está inserta.Si China es el nodo e India es el oxígeno comercial, EE. UU. es la valla de contención y el dueño del software de seguridad.
6.1.1. HPEE (Horizonte de Planeamiento Estratégico Estatal)
A diferencia de las metas centenarias de Asia (2047/2049), EE. UU. opera con una gramática de gestión de riesgos inmediata y de mediano plazo. Su horizonte está fijado en la NSS 2025 y el Plan Estratégico 2026-2030.
EE. UU. exige a Argentina alineamientos ahora para bloquear a China; sin embargo, esta exigencia está sujeta a los ciclos electorales estadounidenses y propios; pero consideramos que existe una gran dependencia propia de seguir perteneciendo al hemisferio occidental independientemente del signo de la administración estadounidense.
El valor aquí es inestable-urgente; Argentina se ve obligada a tomar decisiones de valla (como rechazar inversiones chinas en la Hidrovía) para satisfacer un horizonte estadounidense de corto plazo (2026-2030), sin tener la garantía de que ese apoyo se mantendrá tras el próximo ciclo electoral en Washington. El error de planeamiento argentino es no negociar un seguro de estabilidad que trascienda las seis administraciones que nos separan del hito de 2048 y la posición que EE.UU. tomará con respecto a Malvinas.
6.1.2. DNIC (Grado de Dependencia de Nodos de Infraestructura Crítica).
Es la medida en que la operatividad del Estado argentino depende de la tecnología, las finanzas y el marco de seguridad de EE. UU. La dependencia del flujo de dólares y de la arquitectura financiera global (dominada por el Tesoro de EE. UU.) es el nodo que secuestra la voluntad política argentina; sin este nodo activo, el sistema colapsa.
Por otro lado, EE. UU. busca que la DNIC de Argentina sea de interoperabilidad. No solo quiere que se use su equipo, quiere que todos los nodos hablen su idioma técnico (sensores, bases, inteligencia compartida). El Corolario Trump busca que los nodos argentinos (Ushuaia, Hidrovía) funcionen como extensiones de la seguridad nacional estadounidense.
Aquí empiezan a sobresalir los nodos tecnológicos (friendshoring); EE. UU. ofrece nodos de conectividad y tecnología como alternativa a los nodos chinos. El riesgo es que la DNIC se traslade del dueño chino al supervisor estadounidense, manteniendo al sujeto (Argentina) como un nodo pasivo de la red.
Como conclusión de esta variable es que la dependencia es sistémica-supervisada; EE. UU. no necesita comprar el nodo (como China); le basta con supervisar el software y controlar el flujo financiero que lo mantiene encendido.
6.2. China
Analizar a China bajo estas dos variables revela una dinámica radicalmente distinta a la de India. Mientras que con India la relación es de complementariedad comercial, con China la relación es de integración estructural. Aquí, la infraestructura no es solo el canal por donde pasan las mercancías, sino el nodo donde se juega la soberanía y es donde EE.UU. por medio de NSS, 2025 coloca límites.
6.2.1. HPEE. (Horizonte de Planeamiento Estratégico Estatal)
Existe una profunda asincronía temporal entre la volatilidad de los ciclos políticos argentinos (caracterizados por una alternancia cada cuatro años) y la proyección de largo plazo del «Sueño Chino», cuyo horizonte de consolidación como potencia hegemónica se sitúa en el centenario de 2049.
Bajo esta lógica, la República Popular China emplea el tiempo como un factor de anclaje estructural. Los proyectos de infraestructura estratégica —como las represas en Santa Cruz, la Estación de Espacio Profundo en Neuquén y las inversiones en la red ferroviaria— trascienden la categoría de meras transacciones comerciales; operan como compromisos de presencia y endeudamiento soberano con vigencias de 30 a 50 años.
En este marco, la disparidad en el Horizonte de Planeamiento Estratégico Estatal (HPEE) adquiere una relevancia crítica. Mientras que la gestión argentina suele aproximarse a estos acuerdos bajo una lógica transaccional de corto plazo (orientada a la obtención de financiamiento inmediato), Beijing los integra en su gramática estratégica hacia mediados de siglo. Esta ausencia de un planeamiento estatal robusto por parte de Argentina deriva en una subordinación de los intereses de largo plazo a las urgencias coyunturales, generando un condicionamiento fáctico sobre la autonomía y la soberanía de las administraciones futuras.
6.2.2. DNIC. (Grado de Dependencia de Nodos de Infraestructura Crítica)
El grado de subordinación de los activos estratégicos nacionales respecto al financiamiento, la tecnología o la gestión de la República Popular China configura una erosión fáctica de la soberanía, donde la dependencia adquiere una naturaleza técnico-estructural absoluta. Este fenómeno constituye el principal punto de fricción con la «valla de contención» (containment fence) delineada en la National Security Strategy (NSS) 2025 de los Estados Unidos, que busca limitar la expansión de la infraestructura crítica china en el Hemisferio Occidental.
En este marco, el acuerdo de intercambio de monedas (SWAP) trasciende su función monetaria para erigirse como una infraestructura financiera crítica. La supeditación a este nodo de liquidez condiciona de forma determinante la praxis de la política exterior argentina, constriñendo su margen de maniobra diplomático en pos de preservar la estabilidad de los flujos de divisas que garantizan la operatividad macroeconómica del Estado.
Finalmente, se observa una modalidad de dependencia soberana-incrustada; a diferencia de modelos de influencia convencionales, Beijing no solo interactúa con los nodos de poder, sino que se posiciona como propietario o acreedor principal de los mismos. Bajo esta lógica, la infraestructura se transmuta en un activo geopolítico de coacción, donde la estabilidad —entendida como una paz operativa o tranquilitas operationalis— queda supeditada a la continuidad ininterrumpida de los suministros y flujos de capital hacia China.
6.3. India
6.3.1. HPEE (Horizonte de Planeamiento Estratégico Estatal)
La brecha temporal entre los ciclos políticos argentinos (4 años) y la meta centenaria «India @ 2047» demuestra una asincronía estratégica; donde India opera con una gramática de la permanencia. Su objetivo de convertirse en una economía de U$S 30 trillones para 2047 no es un eslogan, es un diseño de infraestructura. Entre el presente y el hito de 2047, Argentina enfrentará seis cambios de gobierno. La HPEE detecta que el error de cálculo argentino es tratar a India como un comprador ocasional de aceite de soja para cerrar el déficit mensual, en lugar de sincronizarse con un socio que garantiza el flujo de divisas por los próximos 21 años. El alto valor de esta variable indica un descalce sistémico; donde Argentina elige bien al socio (India genera el superávit más sano del balance), pero falla en el timing: mientras Nueva Delhi construye puertos para 2047, Buenos Aires discute la coyuntura de los próximos 6 meses.
6.3.2. DNIC (Grado de dependencia de nodos de infraestructura crítica)
La medida en que el éxito con India depende de la integridad y control de nodos físicos (Puertos, Hidrovía, Tecnología). El 80% de las exportaciones a India (principalmente aceites vegetales) dependen de un nodo crítico: la Vía Navegable Troncal. Aquí la DNIC se dispara; si la licitación de la Hidrovía no contempla el dragado profundo para buques de gran calado que demandará la India del 2030, el superávit comercial colapsará por ineficiencia logística. A diferencia de China, la relación con India permite una DNIC más equilibrada en términos tecnológicos. India ofrece una alternativa al duopolio de infraestructura digital (EE. UU.-China), permitiendo a la Argentina diversificar sus nodos de servicios basados en el conocimiento sin quedar atrapada en la valla de contención de la NSS 2025. La dependencia es logística-vulnerable, el éxito con India no corre riesgo por voluntad de Nueva Delhi, sino por la degradación o entrega de los nodos de infraestructura propios (puertos provinciales y canales de acceso) que conectan el excedente argentino con la demanda india.
India actúa como el sujeto de respaldo; si el actual alineamiento geopolítico del bloque occidental reduce a la Argentina a un nodo de seguridad (DNIC controlada por terceros), la relación con India es la única que permite mantener un superávit genuino que financie la autonomía nacional. El problema, como indica la HPEE, es si Argentina podrá sobrevivir a sus propios ciclos electorales para llegar al 2047 con la infraestructura necesaria.
7. Reflexiones finales
Argentina se encuentra en una pinza temporal y técnica. Por un lado, la NSS 2025 (EE. UU.) intenta bajar la DNIC de China en la región mediante el bloqueo de nodos. Por otro lado, la HPEE (Argentina) es tan baja que el país no puede generar alternativas propias y termina cediendo más nodos a China para sobrevivir financieramente.
La paz operativa en Argentina es el resultado de este choque; una paz que consiste en gestionar la tensión entre la «valla» estadounidense y los «nodos» chinos, mientras el superávit de India actúa como el único oxígeno real (sujeto económico) que le queda al Estado.
A forma de resumen podemos interpretar las variables como una pinza geopolítica en la siguiente tabla.

EE. UU. utiliza su control sobre los nodos sistémicos (DNIC) para imponer una valla de contención que impida a Argentina entregar nodos físicos a China. Sin embargo, debido a la baja HPEE de Argentina, el país no logra utilizar el superávit de India para financiar su propia infraestructura y reducir sus dependencias.
Argentina termina siendo un campo de batalla de nodos; donde China intenta instalar nodos físicos (Neuquén, represas); EE.UU. intenta bloquear esos nodos y supervisar el sistema e India espera en el puerto para comprar, pero el puerto está en disputa.
La Paz Operativa (Tranquilitas Operationalis) es exactamente esto, un orden donde la paz es el resultado de que estas tres fuerzas se mantengan en un equilibrio precario, mientras la soberanía argentina (el «sujeto como fin») desaparece detrás de las métricas de eficiencia y riesgo operativo.
Paralelamente a ello el Presidente Milie en el discurso del 1 de marzo de 2026 con motivo del inicio 144 de las Sesiones Ordinarias del Congreso Nacional expreso: “El Atlántico Sur es el terreno de disputa estratégica de las próximas décadas, rutas comerciales, recursos naturales, soberanía marítima y la presencia creciente de actores que no comparten nuestros valores. Quien lo controle contralará una parte clave del trabajo global. Argentina tiene que ser ese actor”. (Milei, 2026,2:20:51). Este discurso oficializa el alineamiento de la Argentina con la gramática de la Tranquilitas Operationalis de Estados Unidos, es decir el paso de una soberanía retórica a una soberanía basada en el control físico de los flujos y la identidad de valores.
El discurso presidencial de 2026 define al Atlántico Sur no como un espacio de derecho internacional (clásica visión de la ONU), sino como un «terreno de disputa estratégica». Al afirmar que «quien lo controle controlará una parte clave del trabajo global«, abraza la paz como dominio operativo del flujo.
Analizando las variables del trabajo extraemos que:
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HPEE: El desafío de la permanencia ante el hito 2048
La distancia entre el voluntarismo del discurso 2026; la fragilidad de los 22 años restantes (6 administraciones) y al proponer que «Argentina tiene que ser ese actor«, el gobierno intenta fijar una HPEE de largo plazo. Sin embargo, la variable detecta una tensión; mientras India (2047) y China (2049) tienen burocracias estatales que trascienden personas, Argentina depende de la continuidad de este giro ideológico a través de seis turnos electorales. Si en 2048 (revisión del Protocolo de Madrid) Argentina llega con una HPEE fragmentada, el control que reclama el discurso será capturado por los socios con horizontes más estables.
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DNIC: La soberanía como software de valores
Con la dependencia de tecnología y bases para ejercer el control marítimo reclamado;
Milei introduce una sub-variable en la DNIC; la identidad de valores. Argentina busca reducir su DNIC respecto a China (actores que «no comparten nuestros valores«) para trasladarla hacia el bloque occidental (EE. UU. / Israel / Reino Unido). En este contexto el nodo crítico en disputa es Ushuaia, la puerta de entrada, que es el activo DNIC más valioso. Si Argentina no desarrolla la capacidad propia para gestionar este nodo, terminará siendo una base operada bajo supervisión estadounidense (NSS 2025) para bloquear la proyección antártica de China.
Pero para que ello se materialice es necesario una soberanía marítima algorítmica; donde controlar el Atlántico Sur hoy no es solo tener barcos; es tener satélites y sensores (DNIC tecnológica). El discurso de «ser el actor» exige una inversión técnica que Argentina hoy importa. La paradoja es que, para ser soberanos, la DNIC hacia el proveedor tecnológico occidental será total.
Haciendo una síntesis de la batalla por el nodo antártico (2048) a la luz del discurso de Milei, observamos:

El discurso de 2026 es la confirmación de la hipótesis; Argentina ha dejado de hablar de la Antártida como un «santuario de paz» (Tranquilitas Ordinis) para hablar de ella como un «activo de trabajo global» (Tranquilitas Operationalis).
Para que Argentina sea «el actor» que controle el Atlántico Sur, debe resolver su asincronía temporal (HPEE), de lo contrario, Ushuaia y la Antártida serán simplemente nodos operados por terceros bajo una bandera argentina, cumpliendo con la eficiencia que pide la paz operativa, pero vaciando definitivamente el concepto de soberanía nacional.
Argentina hoy corre el riesgo de ganar la «estabilidad de los flujos» que pide Milei, pero perdiendo la capacidad de decisión que exige una nación soberana y quizás India podría constituirse en una opción a tener en cuenta.
Podemos inferir que India es el estabilizador de la tríada; el hito 2047 (Viksit Bharat) de ser una potencia desarrollada para el centenario de su independencia coincide casi perfectamente con el horizonte de 2048/2049 que se plantea para la Antártida y el ascenso chino. Si Argentina busca autonomía de relación; la India no es solo un mercado, es un socio de seguridad. La integración con el sistema de innovación indio permite a Argentina obtener tecnología de punta sin los riesgos de vigilancia china; cumplir con los estándares de seguridad occidentales exigidos por la NSS 2025 (friendshoring) y aprovechar el superávit comercial para capitalizar la inversión en la Hidrovía y la modernización satelital.
Con respecto a este último punto India no compite con la industria local; demanda bioeconomía y ofrece India Stack (soberanía digital). Cooperar con India en semiconductores y tecnología satelital permite a Argentina cumplir con los estándares de seguridad occidentales (satisfaciendo la NSS 2025) sin sacrificar la autonomía tecnológica frente a China.
En consecuencia, India se destaca como el socio con la relación más virtuosa y complementaria para los intereses argentinos; en el superávit estructural, dado que es el único socio de los tres que arroja un saldo positivo constante durante toda la década (acumulando picos de superávit de más de +2.900 M); existe un complemento entre la seguridad alimentaria versus el desarrollo; Argentina provee aceites y proteínas que India necesita para su enorme población, mientras que la demanda india de productos argentinos no compite con la industria local de forma agresiva y a ello se suma la baja dependencia de importaciones que a diferencia de China, Argentina no depende de India para sostener su ciclo industrial, lo que permite que casi todo lo exportado se convierta en reserva neta de divisas.
En definitiva, la Argentina no tiene un problema de aliados, sino de gramática temporal. Si el país persiste en el cortoplacismo de su HPEE, el año 2048 nos encontrará como un nodo eficiente pero vacío de soberanía. La India es la llave para cerrar esa brecha: nos ofrece el superávit para respirar, la tecnología para proteger y el horizonte para permanecer. Ignorar el factor indio en la tríada global no es un error comercial; es una negligencia estratégica que condena a la Argentina a ser el territorio de una paz que otros administran.
“La diferencia entre lo que hacemos y lo que somos capaces de hacer bastaría para resolver la mayoría de los problemas del mundo.”
“Ojo por ojo y el mundo acabará ciego.”
Mahatma Gandhi (1869-1948)
Mahatma Gandhi, representa el paradigma de la planificación estratégica basada en la ética y la visión de largo plazo. Su legado inspira la actual proyección de India hacia 2047. La transformación nacional se fundamenta en principios de desarrollo sostenible y autonomía, valores que Argentina podría incorporar en su propio horizonte estratégico.
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1 Véase, por ejemplo, P. Ghazalian y W. Hartley Furtan (2007), «The Effect of Innovation on Agricultural and Agri-food Exports in OECD Countries», Journal of Agricultural and Resource Economics, volumen 32, Nº 3, páginas 448-461.
2 Un ecosistema de APIs no es simplemente un conjunto de herramientas técnicas, sino un entorno digital de colaboración donde diferentes sistemas, organizaciones y desarrolladores interactúan para crear valor.
GB (R) PhD Oscar Armanelli
Ciencia Política UB
Defensa Nacional UNDEF
Profesor Universitario UA
Mg. Historia, Estrategia, Geopolítica, Ciencias Militares y Operaciones de Paz ACAGÜE Chile














