Estados Unidos, China, Rusia: ¿hacia un nuevo orden mundial? Contención o convivencia conflictiva

El orden mundial liberal post segunda guerra mundial tuvo dos rivales sistémicos e ideológicos; por un lado, el liberalismo – capitalismo estadounidense y por otro, el socialista – comunista soviético. Hasta la caída del muro de Berlín 9 de noviembre 1989 la Unión Soviética sostuvo un equilibrio de poderes entre el Este y Occidente.

Posterior a aquel suceso histórico que permitió la desintegración de la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos se impuso a nivel global como un actor hegemónico que ejercía autoridad y control sin una contraparte que cuestionara sus decisiones o le hiciera sombra, incluso por sobre las declaraciones que pudiera haber aprobado y expuesto el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ONU y su Asamblea General, respectivamente.

Ascenso de China y su ingreso a la OMC

Sin embargo, el ingreso formal de China en la Organización Mundial de Comercio OMC (World Trade Organization WTO, por sus siglas en inglés) el 11 de diciembre de 2001 marcó un punto de inflexión en el comercio y geopolítica global, toda vez que, su pujante ascenso no ha tenido retrocesos considerables por alrededor de 24 años consecutivos. Su proyecto de la Nueva Ruta de la Seda viene contribuyendo notablemente a expandir su influencia e intereses a escala global bajo el paradigma “win win”.

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En su mejor momento de reciente data China llegó a superar el 9.2% en 2021, con logros significativos como sacar de la pobreza a más de 740 millones de ciudadanos que impulsan el consumo y el comercio internacional. Aquello se lo permite la consolidación de una clase media y alta en continua expansión y, un Estado en permanente desarrollo e innovación en ciencia y tecnología. ¿Efectos colaterales? El deseo del aumento de salarios y el desplazamiento de mano de obra a otros Estados asiáticos para enfocarse más en bienes de consumo con alto valor agregado.

Debido a su política centralizada en el Partido Comunista chino y su política de un “país, dos sistemas” habla bien de que, su economía capitalista y la planificación estratégica a nivel estatal generan resultados palpables que son dignos de emular, obviamente si de por medio existe pensamiento y planificación estratégica seria con políticas de Estado a largo plazo; aspecto lamentablemente carente en Latinoamérica.

Retomando el panorama global, China se ha convertido por autoridad y derecho propio en el nuevo rival sistémico de Estados Unidos; pero no ideológico, ya que imponer la cultura, creencias y modos de vida de uno sobre otro es simplemente imposible.

Conforme lo tengo anotado en el siglo XX la rivalidad se concentró en: Estados Unidos y la Unión Soviética; para este siglo XXI la disputa mundial se enfoca en Estados Unidos y China, sobre todo en el ámbito comercial. Tomo como referencia el año 2014 en virtud del reconocimiento del Fondo Monetario Internacional FMI y posteriormente el Banco Mundial BM a China como primera economía del mundo, debido al crecimiento sostenido de su Producto Interno Bruto.

Hegemonía – Zonas de influencia

Ahora bien, ¿qué es la hegemonía de forma general y qué aspectos compromete? Podríamos señalar que ésta se encuentra definida por sus zonas de control e influencia en donde Estados Unidos y los estados subordinados le son completamente dependientes. En pocas palabras, supremacía de un Estado. En ese marco, algunas estimaciones indican que, la Unión Europea y Latinoamérica son parte de esa condición de subordinación, toda vez que sobre éstos se ejerce control y vigilancia, a través de la cooperación. No cabe duda que ésta no es gratuita y siempre espera una futura y pertinente ocasión para su retribución.

¿Qué es la bipolaridad?

Podemos reconocerla como la estructura, espacio, medio en el que existe una disputa entre dos Estados. Por ejemplo: Siglo XX, bipolaridad: EE. UU – URSS 1945 – 1989; Siglo XXI: bipolaridad EE. UU – China 2014. Esta rivalidad sistémica: capitalismo vs comunismo; se refleja en los sistemas políticos que gobiernan en cada Estado con la particularidad que, en el caso de China, comparte el capitalismo – liberalismo económico bajo el marco de la Organización Mundial de Comercio OMC, aunque con los mecanismos de control del Partido Comunista chino.

De igual manera, las agendas de política interna, llámese paradigmas – políticas de Estado o de gobierno, dan cuenta de la rivalidad entre el Destino Manifiesto de Estados Unidos y el Proyecto de la Nueva Ruta de la Seda de China que proyecta su poder e influencia a escala global. Cada interpretación compromete la manera mediante la cual el desarrollo económico interno tiene una perspectiva global al concentrar sus exportaciones en el mercado internacional. El mandato divino estadounidense se ancla en el deber moral de liderar el mundo y así se han expresado en consecuencia los mandatarios demócratas y republicanos.

En esa perspectiva, es evidente que el ritmo de la economía mundial la definen Estados Unidos y China; y el resto del mundo tiene una suerte de semidependencia a ambos motores del mundo expresada en relaciones diplomáticas pragmáticas y concordantes con las circunstancias e intereses de cada nación.

Orden mundial multipolar

Sin embargo, desde el año 2009, existe una alternativa al orden mundial liberal y a la bipolaridad de las dos principales economías del mundo y es, la que se concentra en la alianza del BRICS, conformada por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica – un país por cada continente. Su población supera a la del G7 – principales economías occidentales. A favor del BRICS más de 4 mil millones de personas; el PIB del BRICS también supera al del G7. A favor del BRICS más del 40% del PIB mundial.

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Su proceso de consolidación tuvo su repunte a raíz de la guerra entre Rusia y Ucrania en febrero de 2022 que obligó a Rusia a dirigir y ampliar sus mercados en el Asia e Indo – Pacífico como consecuencia de las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea; entre ellas: la desconexión del sistema Swift de pagos que permite realizar transacciones comerciales de cobro y pago en dólares.

De acuerdo al sistema mundo de Immanuel Wallerstein, el mundo se divide en países céntricos, semiperiféricos y periféricos. (Céntricos: potencias mundiales; Semiperiféricos: economías emergentes y Periféricos: países subdesarrollados). Para abordar las expectativas del orden mundial multipolar a través del BRICS, sus propios lineamientos se enfocan en democratizar el crédito y sin quererlo, suplir las intenciones formales de un mundo mejor de las Naciones Unidas ONU a través de acciones que hacen posible el acceso global a préstamos en mejores condiciones de los países periféricos sin la presión de ajustes fiscales.

En esa perspectiva la alianza BRICS frontalmente representa un desafío al Orden Mundial Liberal concebido por Estados Unidos al finalizar la segunda guerra mundial, incluso de acuerdo a la ex secretaria del Tesoro norteamericana Janet Yellen (2022), el desplazamiento del dólar como moneda de confianza a nivel global se verá reducida en 22 años. El uso de las propias monedas de la alianza BRICS continúa aumentando. La reacción de la Casa Blanca bajo el liderazgo del mandatario republicano Donald Trump es aplicar aranceles a todos los miembros de la alianza BRICS y a los Estados que se sumen a dicha iniciativa que, dicho sea de paso, no tiene vuelta atrás.

En ese contexto global, se puede apreciar que Washington aspira recuperar espacios de poder en la arena internacional (hegemonía) y reafirmar el Orden Mundial Liberal, pero la disputa sistémica e ideológica con China prolonga la pugna en la relación bipolar por cuál potencia mundial liderará la economía y la política a escala global. Al respecto, los más de 29 acuerdos comerciales bilaterales y regionales celebrados por Pekín demuestran su presencia en todo el globo terráqueo sin la necesidad de seguir los caminos trazados por Estados Unidos con acciones políticas y militares.

Estimo que el comercio a China le abrió las puertas del mundo y naturalmente ha incrementado y fortalecido sus relaciones bilaterales y multilaterales. Sin embargo, su participación como Estado fundador del BRICS le permite a través de estas estructuras flexibles conocidas como alianzas y/o organizaciones intergubernamentales regionales aumentar su poder e influencia.

Del mismo modo sucede con la Organización de Cooperación de Shanghái (Co-fundadora Rusia) y la ASEAN – Association of Southeast Asian Nations (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) que favorecen la cooperación económica y la estabilidad en la región ante posibles injerencias externas: Asia para los asiáticos.

Ello obedece al hecho que el continente asiático luego de lograr su independencia de monarquías occidentales se rige por sí mismo condenando toda forma de intervencionismo extranjero en sus asuntos; al igual como lo concibió el presidente estadounidense Monroe: “América para los americanos”.

Es razonable entender que cada región geográfica tiene su propia alianza ya sea política o militar que vela por la protección y resguardo de influencias externas que intenten que un solo Estado controle y domine al resto. En ese marco, es curioso la mezcla de intereses en las alianzas QUAD (Estados Unidos, Japón, Australia e India) y AUKUS (Estados Unidos, Reino Unido y Australia) en el Pacífico.

Intereses – triangular relaciones entre Estados

Revisando la historia, la conocida negociación de Estados Unidos con China en el año 1972 del siglo pasado por el secretario de Estado de Estados Unidos Henry Kissinger tuvo como fin ulterior acercarse a la China de Mao para alejar y sobre todo explotar las diferencias de las posturas comunistas entre la Unión Soviética y China. La jugada geopolítica tuvo sus resultados: acercamiento de China hacia Estados Unidos y distanciamiento de China con la Unión Soviética.

En la actualidad, se puede apreciar que la disputa geopolítica de las grandes potencias como: Estados Unidos, China y Rusia (heredera de la Unión Soviética) se está librando en el ámbito comercial, aunque los cálculos para separar a China de Rusia, lo único que han logrado es que la alianza bilateral sino-rusa se refuerce al enfrentar a un rival como Washington que es reacio a reconocer su influencia y poderío en el gran tablero mundial.

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Si bien como lo tengo anotado, la guerra entre Rusia y Ucrania viene provocando remezones en los mercados globales, la cooperación sino-rusa complementa ambas economías y eleva el nivel de dicha alianza a la de socios estratégicos; en palabras de Wang Yi, la cooperación sino-rusa es “más sólida que una roca” ha impulsado que las alianzas del BRICS (escala global) y Cooperación de Shanghái y ASEAN (a escala regional) se revitalicen, fortalezcan y amplíen en desmedro de los intereses de Estados Unidos que ya no controla el continente asiático con la excepción de vigilar a sus rivales históricos (Rusia y China) mediante las alianzas QUAD (OTAN asiática) y AUKUS.

Ahora bien, ¿cómo se causa daño a China? si así lo pensaran en la Casa Blanca. La respuesta aplicada por la administración Trump en su segundo mandato se ha centrado en ampliar la guerra arancelaria.

Si se pensó causarle daño a través de Rusia, esto es, cortando o limitando su comercio energético, esto más bien se ha constituido en el medio para que Pekín haya triplicado sus compras de petróleo y gas natural a Moscú, insumos que son reexportados a Europa para aliviar y contener la inflación.

De otra parte; ¿cómo se le ha venido causando daño a Rusia, si así lo pensaran en la Casa Blanca?Respuesta: A través de sanciones como la desconexión del sistema Swift de pagos y las amenazas de sanciones por comerciar con Moscú.

Dicha medida más bien ha logrado que el Kremlin concentre sus esfuerzos comerciales en los nuevos polos de desarrollo localizados en el Asia e Indo – Pacífico. Además, el reciente anuncio de la construcción de un nuevo oleoducto para exportar crudo desde Rusia a China desafía todo intento de aislarla del panorama internacional y, sobre todo, le permitirá aumentar sus ingresos dentro de un contexto de guerra que libra contra Ucrania y ciertos países de Occidente.

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Si se han empleado tácticas para separar a ambos países (China y Rusia) han logrado que ambas super potencias mundiales estrechen aún más sus relaciones políticas y económicas, toda vez que, Pekín también hace frente al aumento de los aranceles estadounidenses. La situación crítica para ambos países asiáticos los ha obligado a mantener y aumentar sus iniciativas geopolíticas y con ello, se puede evidenciar un declive paulatino del poderío estadounidense en el mediano y largo plazo.

En esa perspectiva, la reciente alianza entre China, Japón y Corea del Sur [Seúl, 30 de marzo de 2025] rompe paradigmas al unirse de cara a la política arancelaria de Estados Unidos; medidas pragmáticas que contradicen sus disputas históricas, ideológicas y políticas.

En esta tríada de problemáticas podemos incluir al rol que actualmente juega la Unión Europea UE. En primer lugar, la influencia islámica por sus fronteras abiertas ya causa problemas de seguridad nacional a sus Estados miembros sobre todo a sus principales economías como: Francia, Alemania, Italia y España; el aumento de la inflación de bordea el 2%, el nulo crecimiento para lo que resta del año 2025, relocalización de sus industrias en Estados Unidos como efecto del aumento de los aranceles estadounidenses, aumento del costo de la energía, entre otros.

En este aspecto, si podemos ver que el efecto de las sanciones arancelarias a China y Rusia por parte de Estados Unidos ha logrado un control casi absoluto en la Unión Europea UE y su brazo armado, la alianza militar OTAN. En efecto lo es, en la Alianza atlántica controla entre el 80%-90% de los cargos directivos y de toma de decisiones. Adicionalmente, el aumento dispuesto por el mandatario norteamericano Donald Trump del 2% al 5% es fiel prueba de ello.

Disputa por la hegemonía mundial – Objetivos cumplidos

Podría resumir los efectos de las acciones estadounidenses a través de los siguientes objetivos:

Objetivo 1: Controlar y desindustrializar a la Unión Europea UE negándole los recursos energéticos baratos de Rusia. Relocalizar la industria europea en Estados Unidos.

Objetivo 2: Analizar las capacidades de resistencia y resiliencia de China por el aumento de aranceles, modular su capacidad de reacción y/o dependencia con Estados Unidos.

Esto ante la probabilidad de un enfrentamiento bélico – marítimo en ayuda de Taiwán. Recordemos que Pekín aspira recuperar la provincia rebelde antes de 2049 para conmemorar los 100 años de la Revolución china.

Objetivo 3: Reducir la influencia, protagonismo y relevancia de Rusia como potencia mundial al haber sostenido los esfuerzos de guerra al régimen de Ucrania y debilitarla tanto en su economía como en el factor humano. Estimaciones estadounidenses indican que cada semana mueren en combate hasta 7 mil combatientes de ambos frentes en el este de Ucrania.

Conclusión

Las disputas bipolares entre Estados Unidos y China, Estados Unidos y Rusia, la intención de la recuperación de la hegemonía estadounidense debido a la perdida de los espacios de poder ganados por China y, finalmente, la fuerza que viene ganando el BRICS como alternativa al Orden Mundial Liberal al finalizar la segunda guerra mundial nos mantiene ante un escenario donde convergen estos tres panoramas: hegemonía, bipolaridad y multipolaridad.

Este contexto, indudablemente desembocará en una convivencia conflictiva ya sea de forma directa entre las potencias mundiales o a través de terceros Estados – zonas de influencia [guerras o conflictos proxy – por delegación] y, también a través de las organizaciones intergubernamentales en las que formen parte: UE, OTAN, G7, QUAD, AUKUS vs BRICS, ASEAN, Cooperación de Shanghái. En suma, por un lado, se encontrará el Occidente euroatlántico y por el otro, el bloque euroasiático reformulando una contención mutua que rozará el conflicto, pero conservando las distancias y evitando el enfrentamiento bélico en el mejor de los casos.

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Abogado & Máster en Relaciones Internacionales. Docente de Geopolítica, Sociología y Realidad Nacional en la Escuela Superior Militar “Eloy Alfaro”.

Instructor de Geopolítica contemporánea en la Universidad de las Fuerzas Armadas – ESPE. Profesor de Maestría en Geopolítica contemporánea en la Academia de Guerra del Ejército – Universidad de las Fuerzas Armadas ESPE.

Conferencista de la Academia de Guerra Aérea AGA de la Fuerza Aérea Ecuatoriana FAE. Autor del libro “Realpolitik. El orden mundial detrás del conflicto en el este de Ucrania” publicado bajo el sello Editorial Planeta.