Siria en el cruce de poderes: entre alianzas inesperadas y riesgo de fragmentación

La caída del régimen de Bashar al-Asad, ocurrida a fines de 2024, no trajo la paz esperada a Siria. En su lugar, emergió un escenario inestable y volátil donde actores regionales e internacionales maniobran en busca de influencia. El nuevo liderazgo sirio, encabezado por Ahmed alSharaa, enfrenta tensiones sectarias internas y presiones externas de aliados circunstanciales y adversarios históricos. Siria vuelve a posicionarse como epicentro estratégico de Medio Oriente, atrapada entre aspiraciones de estabilidad y la amenaza de una nueva fragmentación.

Un liderazgo endeble con respaldo ambiguo

El actual presidente sirio, Ahmed alSharaa, surgió con el apoyo de Hayat Tahrir alSham (HTS), una organización con pasado yihadista que hoy busca legitimidad política. Si bien Turquía, Arabia Saudita y otros países del Golfo han optado por una postura pragmática, reconociendo de facto al nuevo gobierno como un dique frente a Irán y al caos insurgente, la realidad sobre el terreno es frágil.

Siria
Ahmed alSharaa.

Los recientes episodios de violencia sectaria en Sweida, así como los ataques contra comunidades alauitas en la costa, revelan que la promesa de reconciliación nacional dista mucho de materializarse. Las heridas del conflicto sirio siguen abiertas, y los actores de locales aún desconfían de las intenciones del nuevo poder central.

Turquía e Israel: tensiones en paralelo

Turquía ha consolidado su papel como principal aliado del nuevo gobierno. Provee apoyo militar, promueve la reintegración de los kurdos al aparato estatal y aboga por un modelo de centralización fuerte que evite la atomización territorial del país. En contrapartida, Israel percibe al gobierno de alSharaa como una amenaza a su seguridad regional. Ha incrementado sus operaciones aéreas en la zona sur, estableciendo una zona de amortiguamiento en Quneitra y brindando respaldo limitado a milicias drusas para contener el avance de HTS.

Esta divergencia entre Ankara y Tel Aviv revela un juego geopolítico cada vez más abierto, donde la antigua coordinación táctica entre ambos se ve erosionada por intereses contrapuestos.

Estados Unidos y las potencias árabes: estabilización selectiva

Washington, junto con Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, busca evitar una nueva espiral de violencia en Siria que pueda derivar en el resurgimiento del Estado Islámico. A tal fin, apoya discretamente los esfuerzos de Turquía por consolidar una autoridad estatal funcional, aun cuando esta esté vinculada a antiguos grupos insurgentes.

En este marco, el gobierno estadounidense ha comenzado a desandar su postura previa hacia HTS, retirando al grupo de su lista oficial de organizaciones terroristas y abriendo canales indirectos de comunicación. Esta decisión ha generado tensiones con Israel, que considera esta política como una peligrosa concesión a actores que, hasta hace poco, eran sus enemigos declarados.

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Minorías armadas y autonomías emergentes

En paralelo, comunidades como la drusa en Sweida han conformado sus propios consejos militares para protegerse de agresiones sectarias y defender un modelo descentralizado de Estado. Estas iniciativas, aunque localmente legítimas, desafían la reconstrucción de un poder central sirio. La coexistencia de múltiples autoridades armadas complica cualquier proyecto de unidad nacional.

Las tensiones entre drusos y beduinos, los reclamos kurdos por autonomía y la persistente influencia de milicias chiitas respaldadas por Irán, conforman un mosaico fragmentado que recuerda los años más oscuros de la guerra civil.

Un equilibrio delicado

Siria se encuentra ante una disyuntiva estratégica. Si logra consolidar un gobierno inclusivo, capaz de integrar a las distintas comunidades y neutralizar injerencias externas sin caer en una lógica de represión, podría iniciar un proceso de recuperación nacional. Sin embargo, los signos actuales apuntan a un riesgo elevado de reanudación del conflicto.

La competencia entre Turquía e Israel, la presión de Estados Unidos por estabilizar sin intervenir, y las fracturas internas no resueltas convierten a Siria en un campo minado geopolítico. Cada paso mal calculado puede desatar una nueva ola de violencia con consecuencias regionales impredecibles.

El futuro de Siria dependerá de la capacidad de sus actores —locales y externos— para abandonar la lógica de suma cero y construir un equilibrio inclusivo. Sin ello, el país corre el riesgo de volver a ser un tablero de guerra prolongada y fragmentación irreversible.

Sergio Skobalski
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Es Doctor en Relaciones Internacionales (Universidad del Salvador, Argentina), Master of Strategic Studies and Defense (China's National Defense University) y Master en Planeamiento Estratégico y Dirección por Objetivos del Instituto Internacional de Estudios Globales para el Desarrollo Humano (España). Asimismo, tiene un tercer Master of Strategic Studies (US National Defense University, Estados Unidos) y es Lic. en Estrategia y Organización del Instituto de Estudios Superiores del Ejército argentino. Asimismo, es miembro del Consejo Asesor Académico de la Facultad del Ejército, es profesor en el doctorado en Defensa de dicha entidad, profesor invitado en la Universidad de Cuyo y de la Universidad Católica de Córdoba, e integra el Consejo Asesor de la Fundación CIEPEI (Centro de Investigación en Estudios Políticos Económicos e Internacionales).