El nuevo ministro de Comercio, Industria y Energía de Corea del Sur, Kim Jung-kwan, viajará esta semana a Washington con el objetivo de participar en negociaciones cruciales sobre los aranceles que la Administración de Donald Trump planea aplicar a partir del 1 de agosto. El viaje, confirmado este martes por su oficina, marca uno de los últimos intentos de Seúl por alcanzar un acuerdo que evite un nuevo golpe a su economía.
Kim, quien asumió oficialmente el cargo el lunes, tiene previsto partir hacia Estados Unidos este miércoles. Allí se reunirá con altos funcionarios estadounidenses de comercio, en medio de una ola de visitas de representantes surcoreanos que buscan detener la entrada en vigor de aranceles recíprocos del 25 por ciento y otras medidas sectoriales.
Entre las reuniones más esperadas figura la sesión de alto nivel “dos más dos” programada para el viernes en Washington, donde Kim y el jefe negociador surcoreano, Yeo Han-koo, dialogarán con el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el representante comercial, Jamieson Greer. A pesar de los esfuerzos surcoreanos, el margen para llegar a un entendimiento es cada vez más estrecho.
El movimiento del Gobierno surcoreano no se limita al área comercial. También se espera que el ministro de Asuntos Exteriores, Cho Hyun, visite Washington esta semana para reunirse con su homólogo estadounidense, Marco Rubio. Por su parte, el asesor de seguridad nacional, Wi Sung-lac, ya se encuentra en la capital estadounidense desde el domingo, como parte de las gestiones paralelas que apuntan a contener las repercusiones políticas y de seguridad que los aranceles podrían generar.
La presión se intensifica con el paso de los días. La Administración Trump ha dejado claro que la fecha límite del 1 de agosto es definitiva. En declaraciones a la cadena CBS, el secretario de Comercio, Howard Lutnick, subrayó que los nuevos aranceles entrarán en vigor según lo previsto, aunque aclaró que Estados Unidos continuará dispuesto a dialogar incluso después de esa fecha.
Los aranceles contemplan una tasa del 25 por ciento aplicada recíprocamente, además de medidas específicas sobre productos como el acero y los automóviles, sectores clave para la economía surcoreana. En paralelo, la agenda de negociaciones incluye temas como la prohibición de importar carne de vaca estadounidense de ganado mayor de 30 meses, regulaciones sobre plataformas digitales y restricciones a la exportación de datos cartográficos de alta precisión.
Inicialmente, el paquete arancelario debía activarse el 8 de julio, pero Trump optó por extender la fecha límite al 1 de agosto, con la intención de abrir una última ventana para el diálogo. A medida que se acerca ese plazo, Corea del Sur apuesta por una ofensiva diplomática intensa, consciente de que las consecuencias económicas y políticas de no lograr un acuerdo podrían ser significativas.







