El cielo de Giza se iluminó con dioses antiguos y pirámides formadas por drones mientras Egipto inauguraba el tan esperado Gran Museo Egipcio, una obra monumental que busca mostrar la herencia faraónica del país con una mirada moderna. Tras más de veinte años de planificación y demoras, el museo se alza junto a las pirámides y la Esfinge como el nuevo emblema del turismo egipcio y el proyecto estrella del gobierno para revitalizar una economía castigada por años de crisis.
El presidente Abdel Fattah el-Sissi encabezó una ceremonia que reunió a monarcas, presidentes y primeros ministros de Europa y del mundo árabe. Desde el escenario, pidió que el museo se convirtiera en un espacio para el diálogo y el conocimiento, un faro para quienes valoran la historia y la humanidad. La inauguración, cargada de simbolismo, buscó devolver a Egipto el brillo internacional de los grandes actos del pasado, evocando incluso la apertura del Canal de Suez en el siglo XIX.
El Gran Museo Egipcio, conocido por sus siglas GEM, fue concebido como el mayor museo dedicado a una sola civilización. Su arquitectura moderna, dominada por una fachada de vidrio que recuerda a las pirámides, contrasta con el estilo clásico del viejo Museo Egipcio del centro de El Cairo, que con el tiempo quedó desbordado y obsoleto. En sus amplias salas se exhiben unas cincuenta mil piezas que abarcan desde el período prehistórico hasta la era romana, acompañadas por explicaciones detalladas y experiencias de realidad virtual.
El protagonista indiscutido del recorrido es el coloso de Ramsés II, que recibe a los visitantes en el atrio principal. Sin embargo, la mayor expectación gira en torno a las salas dedicadas a Tutankamón. Por primera vez, se muestra en conjunto la colección completa hallada por Howard Carter en 1922: los carros de guerra, los lechos funerarios, el trono dorado, el sarcófago y la célebre máscara funeraria de oro y piedras preciosas. Para el arqueólogo Zahi Hawass, esta exposición convierte al GEM en el museo más importante del mundo.
La magnitud del proyecto, iniciado en 2005 y frenado varias veces por la inestabilidad política, refleja la apuesta de el-Sissi por los grandes emprendimientos de infraestructura. Además del museo, el gobierno modernizó los accesos al complejo de Giza, abrió un aeropuerto cercano y avanza con la construcción de una estación de metro. La meta es atraer millones de visitantes y fortalecer un sector turístico que ya aporta cerca del ocho por ciento del producto interno bruto.
Tras los años turbulentos que siguieron a la Primavera Árabe y los estragos de la pandemia, Egipto logró en 2024 un récord de llegadas. Las autoridades confían en que la apertura del museo impulse aún más esas cifras y contribuya a estabilizar la economía. Para muchos egipcios, cada turista que llega significa una oportunidad de trabajo y una inyección directa de divisas. En ese sentido, el Gran Museo Egipcio no solo rescata el pasado glorioso del país, sino que también se proyecta como símbolo de esperanza hacia el futuro.













