La industria automotriz de Corea del Sur atraviesa un momento de creciente vulnerabilidad ante el avance simultáneo de fabricantes de vehículos eléctricos (EV) estadounidenses y chinos. Mientras las ventas de Tesla y BYD crecen con fuerza en el mercado local, las exportaciones de autos coreanos hacia Estados Unidos y China se debilitan a un ritmo alarmante, reflejando un giro preocupante en la dinámica global del comercio automotor.
Según datos de la Asociación de Importadores y Distribuidores de Automóviles de Corea (KAIDA), las ventas de vehículos estadounidenses en Corea aumentaron un 40,1 % en mayo en comparación con el mismo mes del año anterior. La principal responsable de este crecimiento fue Tesla, que colocó 6.570 vehículos eléctricos en el país, un incremento del 57,7 %. Este volumen convirtió a Tesla en el fabricante extranjero con más unidades vendidas en Corea, incluso por encima de marcas tradicionales como BMW y Mercedes-Benz.
Al mismo tiempo, los fabricantes coreanos sufrieron una fuerte caída en sus exportaciones hacia Estados Unidos, afectadas por la imposición de un arancel del 25 % decretado por el presidente Donald Trump en abril. De acuerdo con el Ministerio de Comercio, Industria y Energía de Corea del Sur, los envíos automotores a EE. UU. totalizaron 1.840 millones de dólares en mayo, lo que representa una caída interanual del 32 %. Esta tendencia se suma a la baja del 19,6 % registrada en abril, marcando dos meses consecutivos de retroceso.
Los analistas advierten que esta doble presión —la penetración de marcas extranjeras en el mercado interno y el desplome de las ventas en el exterior— amenaza con erosionar la competitividad de la industria automotriz coreana, históricamente uno de los pilares de su economía.
Peligra la industria de autos en Corea
«El riesgo no es sólo comercial, sino estructural», señaló un representante del sector. «Las empresas coreanas están perdiendo terreno en mercados clave, mientras nuevos actores ingresan con fuerza gracias a propuestas tecnológicas y precios competitivos».
BYD, por ejemplo, comenzó a operar en Corea a comienzos de este año y ya ha vendido más de 1.000 vehículos en los primeros cinco meses. En ese corto período, se ubicó como la séptima marca extranjera más vendida en el segmento de vehículos eléctricos. Su modelo Atto 3, un SUV eléctrico de bajo costo, ha generado gran interés entre los consumidores coreanos.
Además, otros fabricantes chinos como Zeekr han anunciado planes para ingresar al mercado surcoreano en la segunda mitad de 2025, motivados por el desempeño inicial de BYD. Esto sugiere que el mercado local podría experimentar una ola de nuevos competidores provenientes de China, con ofertas centradas en movilidad eléctrica asequible.
Por otro lado, los fabricantes coreanos han tenido dificultades para expandir su cuota de mercado en China, un país donde las marcas nacionales dominan ampliamente el segmento de los vehículos eléctricos gracias a precios bajos, integración tecnológica y respaldo estatal.
Este desequilibrio plantea una amenaza más amplia: mientras las marcas extranjeras logran ganar terreno en Corea, las firmas locales no logran reciprocar con igual éxito en los mercados de origen de sus competidores. La situación se ve agravada por las tensiones comerciales globales y la tendencia creciente al proteccionismo, factores que limitan la capacidad de maniobra de las automotrices coreanas.
La industria pide medidas concretas al gobierno. “Los fabricantes no pueden afrontar por sí solos el aumento del riesgo comercial. Es necesario que el Ejecutivo priorice la negociación de una reducción del arancel automotor en las conversaciones bilaterales con Estados Unidos”, señalaron fuentes del sector. Las negociaciones son especialmente sensibles en un contexto donde el expresidente Trump ha intensificado su retórica proteccionista.
Además del impacto arancelario, hay factores de competitividad tecnológica que también pesan. Tesla ha logrado capturar la atención del consumidor coreano con su propuesta de movilidad eléctrica, software avanzado y sistemas de conducción autónoma. La marca ya representa el 90 % del total de autos estadounidenses vendidos en Corea.
Frente a esto, los fabricantes coreanos enfrentan el reto de acelerar la innovación, adaptar sus modelos a los cambios en la demanda y mejorar su presencia internacional más allá de EE.UU. y China. De lo contrario, podrían perder protagonismo en el mercado global en un momento clave para la transición energética.
El futuro inmediato dependerá de cómo reaccionen tanto las empresas como el gobierno surcoreano. Una estrategia integral que combine incentivos a la producción local, alianzas tecnológicas y diplomacia económica será crucial para evitar un deterioro prolongado de la industria.
La industria automotriz de Corea del Sur está en una encrucijada. Presionada desde el exterior y con márgenes cada vez más ajustados en su propio territorio, deberá reinventarse con rapidez para no quedar rezagada en el competitivo mundo de la movilidad eléctrica y conectada.












