Desde la captura de Crimea por las fuerzas rusas en 2014 y las operaciones militares en el Donbass que funcionaron como umbral de la invasión de Ucrania en 2022, dos densas estructuras de guerra de información están en la base del conflicto híbrido euroatlántico-euroasiático, entre la Federación Rusa y EEUU/OTAN/Unión Europea.
Los recientes canales diplomáticos entre Washington y Moscú, abiertos por la segunda Administración Trump para desactivar la Guerra de Ucrania, son simultáneos a la continuidad de este escenario preexistente y complejo.
La cultura experta de Rusia en guerras de inteligencia, los dominios múltiples del estado de guerra híbrida que Vladimir Putin denunció como una agresión proveniente de la OTAN y que los grupos de presión transatlánticos desde EEUU y la Unión Europea atribuyen a los estrategas del Kremlin, componen la dialéctica profunda del conflicto.
La línea operacional del Kremlin
El código operacional del Kremlin se configura sobre una serie de rasgos dominantes propios de la cultura política e histórica de Rusia. Uno de ellos es la «vertical del poder», herencia de dos civilizaciones que, según Sergei Karaganov (académico e interlocutor de Vladimir Putin), fueron cruciales al concepto de Estado-Civilización Ruso: Bizancio y el Imperio Mongol.
El concepto de «vertical del poder» está en el subtexto del clásico y poco conocido libro de Nathan Leites de 1951, The Operational Code of the Politburo, y de sus debates previos con Elsa Burnau, Margaret Mead y Martha Wolfenstein. Los fundamentos de la aceptación social a un Estado-Policial, la Escuela Configuracionista de la Antropología Cultural estadounidense, y la metodología de la psicología social de las catástrofes, aplicados a la comprensión de los sistemas de poder en Rusia.
De los 20 rasgos dominantes que componían el estudio original fuertemente condicionados por la historia cultural rusa, los siguientes son reconocibles como parte de un actual “código operacional” del Kremlin identificado con la personalidad de conducción política de Vladimir Putin, líder formado en una “cultura experta”: la estructura central de la Seguridad del Estado, la comunidad de inteligencia. Tal la especialidad de Elsa Bernaut, colega de Nathan Leites: las pautas de una conducta social de sumisión y aceptación a un sistema de poder político-policial.
Las siguientes categorías se presentan como concordantes e integrantes de un invariable “código operacional” del Kremlin:
La direccionalidad hacia el futuro, desde los mandatos de la historia cultural rusa en sus contactos con Occidente. Tema explorado por los expertos estadounidenses durante la Guerra Fría; pero que integran las narrativas de estrategas de la Rusia postsoviética con influencia decisiva en las decisiones actuales, casos de Andrei Kokoshin, Aleksandr Dugin y Sergei Karaganov. El “Gran Proyecto Eurasianista” ruso y los vectores geopolíticos globales de la gran estrategia, con dirección euroasiática y hacia el “Sur Global”, pensado para los próximos quince años, funcionan como base empírica de dicho concepto transferido del viejo al nuevo código operacional.
La adecuación entre medios y fines; fácilmente reconocible en la gestión de las decisiones críticas de Putin, desde la tercera guerra de Chechenia hasta la actual guerra contra Ucrania, pasando por la proyección sobre Medio Oriente y el “Corredor de África” del Magreb al Sahel y África Central.
El cálculo de la línea general de la gran estrategia direccionada hacia el futuro, Leites menciona el caso de como el Politburó preparó el escenario de un conflicto con Occidente en 1943, cuando estaba en pleno desarrollo la guerra contra Alemania en territorio ruso. Al respecto puede inferirse que la gran estrategia rusa desde fines de los ’90 operó en previsión de un conflicto con EEUU y la OTAN, materializado en la década 2020 – 2030 y con proyección indefinida a largo plazo.
Las categorías de engaño, violencia y avance constituyen constantes en la formación social de la lógica estratégica de Rusia y constitutivas de las restauraciones de la “vertical del poder”, como transferencia de lealtad hacia líderes idealizados por parte de los grupos sociales rusos ante situaciones de catástrofe socio-política. Casos de la guerra civil posterior a la Revolución de Octubre de 1917, la invasión alemana de 1941, y el colapso de la URSS con los consecuentes contextos de desorden social y turbulencia económica de la década 1991-1999.
El sistema decisionista de conducción nacional es el centro geométrico de la arquitectura de la Gran Estrategia de la Federación Rusa. Desde el colapso de la Nueva Política Económica en 1924 y hasta la implosión de la URSS, dicho sistema adolecía de una vulnerabilidad constante: la lucha por el poder por parte de facciones internas del Comité Central y, fundamentalmente, la histórica “struggle for the power” entre el Partido Comunista, el Politburó y la estructura de Seguridad del Estado. El moderno sistema decisionista del Kremlin en la era del Presidente Vladimir Putin y su Consejo de Seguridad Nacional parece haber resuelto dicha vulnerabilidad. Putin como ex oficial del antiguo Comité de Seguridad del Estado (KGB) y Director del FSB ( Federálnaya sluzhba bezopásnosti Servicio Federal de Seguridad entre 1998 y 1999, ha operado internamente en función de lograr una simbiosis entre la estructura de poder del Estado y la Comunidad de Inteligencia. La siguiente progresión refleja la base empírica de dicha hipótesis: los funcionarios del Kremlin con antecedentes y carrera estatal realizada en la estructura de Seguridad del Estado, los siloviki (miembros de la fuerza) representaban el 2,5 por ciento en 2003; el 42 por ciento en 2007; y el 77 por ciento en 2019.
El diagnóstico de la profundización de las operaciones clandestinas
En los meses de octubre y noviembre de 2024 los directores del Servicio de Seguridad (MI5) y del Servicio Secreto de Inteligencia (MI6) británicos, utilizaron abiertamente los medios masivos de comunicación para advertir sobre la detección de una tendencia de escala estratégica de actos de sabotaje y operaciones encubiertas de Rusia contra blancos en países europeos miembros de la OTAN.
Ken McCallum (director del SS/MI5) denunció un plan de la inteligencia militar rusa (GRU) para diseminar violencia criminal y social en las grandes áreas urbanas del Reino Unido y Europa. Mientras que Richard Moore (director del SIS/MI6), señaló el incremento de acciones de sabotaje por parte de agentes rusos contra blancos en Europa. Gran parte de las comunidades de inteligencia de los países de la OTAN, casos de Alemania, Polonia, Estonia, Noruega y Finlandia, se sumaron a difundir el estado de alerta.
Estas señales fueron potenciadas en diciembre de 2024 cuando el recién asumido Secretario General de la OTAN Mark Rutte expresó que el peligro avanzaba sobre Europa Occidental; diagnóstico ratificado por los jefes de estado en la cumbre del Consejo de Europa en Bruselas el 6 de marzo de 2025. En tanto que James Appathurai, asistente del Secretario General de la OTAN para temas de ciberguerra y guerra híbrida dio detalles sobre planes rusos de sabotajes a transportes ferroviarios, ataques urbanos incendiarios y complots para eliminación de empresarios líderes europeos.
En este contexto de consenso de las potencias militares europeas en sostener a Ucrania y coincidir en el diagnóstico de amenaza de guerra en el corto/mediano plazo por parte de Rusia, posición que lideran Reino Unido, Francia, Alemania, y los miembros de la OTAN del frente Central-Báltico-Escandinavo (Polonia, Estados del Báltico, Finlandia, Suecia y Noruega), se produce la percepción de un sostenido incremento en las variables de ciberguerra, sabotajes, medidas activas y guerra de información por parte de Moscú, contra blancos europeos en sistemas de transporte, comunicaciones gubernamentales, infraestructura crítica, y producción industrial. Las mismas integran la matriz de guerra de dominio múltiple de Rusia: amenaza nuclear-guerra convencional-guerra de información-guerra de inteligencia.
Think tanks occidentales de tendencia conservadora, tales como el Council on Foreign Relations a través de la página web de Foreign Affairs, el Center for Strategic and International Studies (CSIS de Washington) y el International Institute for Strategic Studies (IISS de Londres), concentran sus papers expertos en visibilizar lo que denominan la “escalada de la guerra híbrida de Rusia contra Europa”.
Es Doctor en Relaciones Internacionales (Universidad del Salvador, Argentina), Master of Strategic Studies and Defense (China's National Defense University) y Master en Planeamiento Estratégico y Dirección por Objetivos del Instituto Internacional de Estudios Globales para el Desarrollo Humano (España). Asimismo, tiene un tercer Master of Strategic Studies (US National Defense University, Estados Unidos) y es Lic. en Estrategia y Organización del Instituto de Estudios Superiores del Ejército argentino. Asimismo, es miembro del Consejo Asesor Académico de la Facultad del Ejército, es profesor en el doctorado en Defensa de dicha entidad, profesor invitado en la Universidad de Cuyo y de la Universidad Católica de Córdoba, e integra el Consejo Asesor de la Fundación CIEPEI (Centro de Investigación en Estudios Políticos Económicos e Internacionales).
Magister en Ciencia Política por la Facultad de Derecho y Profesor en Historia por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata.















