La historia de Runa no es una excepción sino un patrón que las organizaciones humanitarias observan con creciente alarma en toda Asia y el Pacífico: la intensificación de los desastres naturales se está convirtiendo en uno de los principales motores del matrimonio infantil. Según Plan International, doce millones de niñas se convertirán en esposas este año en el mundo.
El estrés financiero como detonante
El matrimonio infantil es un problema global que atraviesa culturas y religiones, ligado de manera estructural a la desigualdad de género, la pobreza, la inseguridad alimentaria y prácticas sociales como el honor familiar y el pago de dotes. Pero el cambio climático aparece ahora como un contribuyente central a uniones cada vez más frecuentes y a edades cada vez más tempranas.
Tanushree Soni, de Plan International, describió el mecanismo con crudeza: cada vez que un impacto climático golpea a una comunidad, se registra un pico de matrimonios infantiles. El disparador es el estrés financiero. Las familias buscan aliviar la carga económica y, como no consideran a las hijas parte de su propia familia sino de la del futuro marido, invertir en las niñas se vuelve un lujo que sienten que no pueden permitirse.
Si bien la ciencia no atribuye al cambio climático un aumento en el número de tormentas tropicales a nivel global, los especialistas coinciden en que una atmósfera más cálida y el incremento de la temperatura y el nivel del mar están intensificando su potencia y su impacto sobre las comunidades.
Los números son contundentes. Según el Comité Internacional de Rescate, tras un desastre natural en Bangladesh los matrimonios infantiles pueden aumentar hasta un 39 por ciento. Asia del Sur, una de las regiones más vulnerables a los efectos del cambio climático, concentra la mayor parte de los matrimonios infantiles del mundo, y Bangladesh registra la tasa más alta de Asia: más del 50 por ciento de las niñas se casa antes de cumplir 18 años.

Sueños interrumpidos y una segunda oportunidad
Casarse implicó para Runa abandonar la escuela para dedicarse a ser esposa y, poco después, madre. Ella no quería casarse: quería seguir estudiando, y la decisión la sumió en la tristeza y la impotencia. Con todo, su historia tuvo un giro poco habitual: años más tarde, la familia de su marido le permitió retomar los estudios con ayuda de organizaciones humanitarias. Hoy dice sentirse esperanzada respecto de su futuro y quiere asegurarse de que su hijo reciba una buena educación. Decidió contar su historia para ayudar a evitar que otras niñas sean casadas antes de estar listas.
Kamrul Hasan Shawon, gerente del programa de cambio climático y resiliencia de Plan International en Bangladesh, relató que con demasiada frecuencia conoce a niñas que aspiraban a ser médicas, pilotos o emprendedoras y que pierden de vista esos objetivos al convertirse en esposas. Con los caminos adecuados, sostiene, esas chicas harían maravillas; alcanza con hacerles la vida segura.
El Niño, un multiplicador de riesgo
Shawon advierte que El Niño de este año —que se proyecta entre los más intensos jamás registrados— intensificará el riesgo de matrimonio infantil en Bangladesh, un país que enfrenta impactos climáticos casi todos los años. El fenómeno aumentaría las lluvias en Asia Central, el sur de Sudamérica, Estados Unidos y partes del Cuerno de África, mientras podría provocar sequías en Australia, Indonesia, partes de Asia y América Central, además de favorecer la formación de huracanes en el Pacífico central y oriental.
El funcionario de Plan International planteó la necesidad de trabajar de manera coordinada con Australia y otros países, porque cuando Bangladesh sufre, esa lucha termina alcanzando al resto del mundo.
Una brecha en las políticas de ayuda
Una nueva investigación de Plan International y la Universidad Tecnológica de Sídney determinó que las niñas resultan desproporcionadamente afectadas por el cambio climático en Asia y el Pacífico. El informe completo, que se publicará este año, analiza cómo los shocks climáticos y los factores de estrés ambiental moldean las trayectorias de vida de las adolescentes en Bangladesh, Nepal y las Islas Salomón.
Para Soni, la investigación es necesaria porque los gobiernos han sido lentos en reconocer un vínculo que quienes trabajan en el terreno ven como una correlación directa. Aunque el gobierno australiano exige un enfoque climático y de género en sus programas de ayuda exterior, las respuestas a los desastres siguen concentradas en la reconstrucción de infraestructura antes que en impactos sociales como el matrimonio infantil y la violencia contra las mujeres. Su mensaje a los gobiernos es un llamado a la acción: no tratar el matrimonio infantil como un problema aislado, porque todas estas cuestiones están entrelazadas.
El Departamento de Asuntos Exteriores y Comercio de Australia respondió que está comprometido con la erradicación del matrimonio infantil y la protección de los derechos de las adolescentes en el Indo-Pacífico, apoyando esfuerzos integrados que abarcan educación, protección infantil, prevención de la violencia de género y servicios de salud sexual y reproductiva, con la igualdad de género y la acción climática en el núcleo de su política de desarrollo internacional.
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Ninguna región está en camino de cumplir la meta 2030
Según Girls Not Brides, ninguna región del mundo está en curso de alcanzar el objetivo de eliminar el matrimonio infantil para 2030. Shreya Ghosh, responsable de la organización para Asia, señaló que la práctica se ha convertido en una estrategia de supervivencia para familias que pierden sus medios de vida e ingresos.
Sin embargo, Ghosh insiste en que se trata de un problema con solución: muchos matrimonios podrían prevenirse si el financiamiento y los recursos destinados a combatirlos se integraran mejor en los programas de respuesta y resiliencia climática. La clave, explica, es contar con respuestas robustas cuando golpea el desastre, pero sobre todo sostener el trabajo en los períodos de calma para cerrar brechas, reducir desigualdades y aumentar la resiliencia de los hogares. También considera vital que más mujeres y niñas con conocimiento de sus comunidades participen en el diseño de las políticas, porque su ausencia explica que las respuestas no atiendan sus necesidades.
Resiliencia que funciona: la evidencia de Camboya
Para Plan International, construir medios de vida resilientes al clima es tan crítico para enfrentar el matrimonio infantil que la organización ya ejecuta programas de cultivos resistentes al clima y granjas flotantes en zonas inundables de Bangladesh. También enseña habilidades digitales a las niñas para que sus familias generen más ingresos —por ejemplo, negociando directamente con supermercados la venta de su producción—, de modo que se vuelvan esenciales para la economía del hogar y menos propensas a ser casadas.
Los resultados avalan el enfoque. En Camboya, donde la organización combinó programas de adaptación climática con educación, alfabetización digital y sesiones de promoción de derechos de las mujeres en aldeas rurales, la tasa de matrimonio infantil cayó al menos un 65 por ciento en tres años. Para Soni, la conclusión es clara: el abordaje comunitario funciona, y cada inversión en las niñas genera un impacto generacional.
Periodista con sede en Brasil, experto en Relaciones Internacionales.














