La narrativa dominante sobre el Indopacífico suele reducirse a la rivalidad estructural entre Estados Unidos y China. Sin embargo, esta mirada bipartita pasa por alto un fenómeno en expansión: el papel creciente de las potencias intermedias, que han comenzado a moldear el orden regional con márgenes de autonomía inéditos en décadas recientes. Japón, Corea del Sur y Filipinas constituyen hoy ejemplos paradigmáticos de cómo países medianos, lejos de ser simples piezas de equilibrio, están desarrollando políticas activas para influir en la arquitectura de seguridad y en las cadenas de valor estratégicas.
Autonomía selectiva en un orden incierto
La ausencia de un anclaje global claro ha ampliado las oportunidades para actores con suficiente capacidad militar y económica como para condicionar dinámicas regionales. Estas potencias intermedias combinan tres atributos clave: una base material que les permite proyectar influencia, redes diplomáticas que conectan bloques rivales y una geografía indispensable para el comercio y la seguridad global. Aunque mantienen su pertenencia al paraguas de seguridad estadounidense, exploran alternativas que les otorgan un margen de maniobra estratégico.
Japón: proyección tecnológica y consolidación militar
Japón atraviesa su etapa de mayor gravitación internacional desde la posguerra. Su modernización militar le permite contar con una fuerza entrenada y equipada en defensa antimisiles, guerra antisubmarina y operaciones anfibias, respaldada por una base industrial y tecnológica de primer nivel.
En paralelo, ha flexibilizado sus normas de exportación de armamento, incrementado su participación en la industria de semiconductores y financiado infraestructuras en Asia y África, incluso en competencia con la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China. Este conjunto de políticas refleja la disposición de Tokio a ajustar sus compromisos de alianza en función de prioridades nacionales, sin romper con el entramado de seguridad que lo vincula a Washington.
Corea del Sur: industria de defensa y diplomacia diversificada
Corea del Sur ha adoptado un perfil más asertivo, tanto en seguridad como en economía. Su industria armamentística ha alcanzado proyección global, exportando tanques, artillería y aeronaves a Europa y Medio Oriente. Al mismo tiempo, mantiene un rol protagónico en la producción de semiconductores y baterías, asegurando alianzas en cadenas de suministro críticas.
En el plano diplomático, Seúl coopera con Estados Unidos y Japón en iniciativas trilaterales, aunque evita comprometerse plenamente en esquemas como el “Chip 4”, para no deteriorar su relación con Pekín. La estrategia para el Indopacífico de 2022 refleja esta visión híbrida: consolidar la cooperación con Washington sin renunciar a una agenda propia que refuerce sus vínculos comerciales y tecnológicos en la región.
Filipinas: reposicionamiento en la primera línea
Filipinas ha protagonizado un giro estratégico radical. De una política de acercamiento a China pasó a cuestionar abiertamente sus actividades en el Mar de China Meridional. Manila ha reforzado la cooperación militar con Estados Unidos, Japón y Australia mediante patrullas conjuntas y acuerdos de acceso ampliado a bases. Al mismo tiempo, ha retomado conversaciones con Pekín en materia energética, lo que muestra un enfoque pragmático orientado a mantener canales de negociación.
La búsqueda de acuerdos militares con socios europeos y la presión para sellar un pacto de acceso recíproco con Japón evidencian un esfuerzo consciente por diversificar sus alianzas, consolidando su rol como actor de primera línea en la disuasión frente a China.
Un triángulo complementario
Japón, Corea del Sur y Filipinas representan tres modalidades distintas de proyección del poder intermedio. Tokio fortalece la base tecnológica e industrial de su defensa, Seúl amplía su capacidad de manufactura y diplomacia global, mientras que Manila actúa como pivote geoestratégico en aguas disputadas. Ninguna de estas naciones puede reconfigurar por sí sola el orden regional, pero en conjunto limitan las posibilidades de dominio absoluto de cualquier gran potencia.
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Desafíos y límites estructurales
El ascenso de estas potencias intermedias no está exento de obstáculos. Japón enfrenta debates internos sobre la normalización de su política de defensa y los costos fiscales asociados. Corea del Sur continúa condicionada por la amenaza norcoreana, que absorbe parte de sus recursos estratégicos. Filipinas, por su parte, depende de la estabilidad política interna y de su capacidad real para sostener una disuasión creíble.
Aun con estas limitaciones, el poder gravitacional del Indopacífico se desplaza hacia el centro del tablero. Al construir capacidades autónomas, desplegar diplomacias activas y mantener autonomía selectiva, estas naciones medianas no solo condicionan el comportamiento de Washington y Pekín, sino que también legitiman las normas que garantizan un sistema regional abierto.
Es Doctor en Relaciones Internacionales (Universidad del Salvador, Argentina), Master of Strategic Studies and Defense (China's National Defense University) y Master en Planeamiento Estratégico y Dirección por Objetivos del Instituto Internacional de Estudios Globales para el Desarrollo Humano (España). Asimismo, tiene un tercer Master of Strategic Studies (US National Defense University, Estados Unidos) y es Lic. en Estrategia y Organización del Instituto de Estudios Superiores del Ejército argentino. Asimismo, es miembro del Consejo Asesor Académico de la Facultad del Ejército, es profesor en el doctorado en Defensa de dicha entidad, profesor invitado en la Universidad de Cuyo y de la Universidad Católica de Córdoba, e integra el Consejo Asesor de la Fundación CIEPEI (Centro de Investigación en Estudios Políticos Económicos e Internacionales).
Magister en Ciencia Política por la Facultad de Derecho y Profesor en Historia por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata.















