¿Por qué China llama «Xizang» al Tíbet?

China Tíbet

La historia está llena de ejemplos donde el cambio de nombres de lugares ha sido una herramienta para afirmar la soberanía y la dominación. Desde los debates del movimiento «Rhodes Must Fall» hasta la reciente campaña de Beijing, el acto de renombrar es una práctica para moldear la percepción y la historia. El gobierno de China ha intensificado sus esfuerzos para que el mundo adopte el término «Xizang» en lugar de «Tíbet» para referirse a la región. Aunque China presenta esta iniciativa como una cuestión de precisión lingüística y un acto de decolonización, críticos y académicos argumentan que es una táctica de borrado cultural y político.

El movimiento «Rhodes Must Fall» de 2015, que buscó la eliminación de estatuas de figuras coloniales, mostró cómo el cambio de nombre de lugares y monumentos es un acto simbólico de resistencia contra el racismo institucional y el legado colonial. En un giro irónico, China ha invocado el lenguaje de la decolonización para justificar su campaña. Beijing argumenta que el término «Tíbet» es de origen occidental y, por lo tanto, una imposición colonial. Sin embargo, estudiosos del tema señalan que «Tíbet» se deriva de un nombre indígena, «Bod», que los Tang chinos transliteraron como «Tubo», evolucionando con el tiempo a «Tíbet». Por el contrario, «Xizang» apareció mucho más tarde durante la dinastía Qing y es visto por muchos como un término colonial.

Este esfuerzo por «rectificar» la nomenclatura se intensificó en los últimos dos años. La presión de Beijing para que empresas, editoriales y cartógrafos extranjeros adopten «Xizang» ha tenido un impacto notable. En Francia, el Musée du Quai Branly y el Musée Guimet cambiaron la forma en que etiquetan los artefactos tibetanos, y el Museo Británico en Londres se refirió a Lhasa como en «Tíbet o la Región Autónoma de Xizang». Estas acciones han provocado protestas por parte de comunidades tibetanas y grupos de defensa, que han logrado revertir algunas de estas decisiones.

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La insistencia de China en cambiar el nombre no es una novedad. Ya en la década de 1990, Beijing exigió el uso de la frase «el Tíbet de China» en publicaciones en inglés, un intento que no tuvo éxito en su objetivo de legitimar su gobierno. La nueva campaña, sin embargo, es más sutil y estratégica. Los expertos argumentan que la campaña de cambio de nombre opera en tres niveles: discursivo, territorial y civilizatorio.

  1. Nivel Discursivo: El término «Tíbet» se ha asociado con el movimiento por la autodeterminación y el lema «Tíbet Libre». Al reemplazarlo por «Xizang», Beijing busca despolitizar el discurso internacional sobre la región y oscurecer las críticas a su ocupación y las denuncias de abusos de derechos humanos.
  2. Nivel Territorial: El nombre «Xizang» se aplica solo a la Región Autónoma del Tíbet, una división administrativa que excluye geográficamente la mitad del territorio tradicional tibetano de Kham y Amdo. Renombrar la región como «Xizang» es visto como un acto de amputación territorial, ya que reduce la concepción del Tíbet a una parte más pequeña de su territorio histórico y cultural.
  3. Nivel Civilizatorio: El término «Tíbet» evoca la imagen de una civilización distinta con una rica historia, lenguaje y cultura, que ha influido en naciones vecinas como Nepal y Bután. Al imponer «Xizang», Beijing busca desplazar al Tíbet del centro de su propia civilización de la meseta y subsumirlo en una narrativa Han-céntrica. Esto se ve como un intento de erradicar la identidad cultural y la historia tibetana.

La visita de Xi Jinping al Tíbet, la primera en cuatro años, ocurre en un momento de tensiones por la sucesión del Dalai Lama, quien cumplió 90 años en julio. El líder espiritual ha afirmado que su sucesor será elegido por su oficina y que la reencarnación nacerá en el «mundo libre», lo que implica fuera de China. Beijing, que considera al Dalai Lama un separatista, ha insistido en que elegirá al sucesor según sus propias regulaciones. Este conflicto subraya la lucha por el control político y religioso sobre la región.

La campaña de renombramiento de China ha encontrado una aceptación preocupante en el escenario internacional. Funcionarios de naciones cercanas a China y dependientes de su ayuda, como Nepal y Pakistán, han utilizado públicamente el término «Xizang». Esto es visto por algunos analistas como un acto de «diplomacia de la sumisión», que normaliza el reemplazo de «Tíbet» con «Xizang» en el discurso global.

En última instancia, el debate sobre el nombre de Tíbet es una lucha por la identidad y la soberanía. No es solo un cambio de palabra, sino un intento de reescribir la historia y controlar la narrativa. Para la comunidad tibetana, perder el nombre «Tíbet» sería el paso final en un proceso de borrado cultural que ha incluido la destrucción de instituciones religiosas y la supresión del idioma. Si el mundo acepta el cambio, el debate sobre la soberanía y la autodeterminación del Tíbet podría volverse, en palabras de los analistas, «lingüísticamente ilegible».

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Colaborador en ReporteAsia.