La estrategia de Corea del Sur en un nuevo orden tecnológico

Corea

Los vientos de la guerra comercial soplan con fuerza sobre el panorama tecnológico global, y mientras las grandes potencias intentan renegociar sus reglas, las compañías asiáticas están trazando nuevos caminos de avance y retroceso. La incertidumbre generada por las políticas arancelarias y las restricciones de inversión del gobierno estadounidense ha llevado a un momento de redefinición, donde las economías de Asia, especialmente la de Corea del Sur, están mostrando una resiliencia y una ambición notables en sectores clave como los semiconductores y las baterías. Al mismo tiempo, la complejidad de este nuevo orden se hace evidente en los mercados grises y en la caída de antiguos gigantes tecnológicos.

En un gesto que ilustra la delicada danza de la diplomacia y el comercio, funcionarios del gobierno chino se reunieron en Tokio para promover la próxima Feria de Cantón, la exhibición comercial más grande del país. Este acercamiento, apoyado por grupos empresariales japoneses tradicionalmente pro-Pekín, se produce en un momento de crecientes tensiones. La política comercial del presidente estadounidense Donald Trump está generando un alto grado de incertidumbre, llevando a líderes empresariales a concluir que la cooperación económica entre Japón y China es ahora más necesaria que nunca.

Esto sucede mientras Japón, la Unión Europea y Corea del Sur han acordado establecer aranceles «recíprocos» del 15% con la administración de Trump a cambio de inversiones sustanciales y la compra de productos estadounidenses. India, un centro cada vez más importante para la producción de iPhone, ha sido golpeada con una tasa del 25%, mientras que China se enfrenta a una fecha límite para llegar a un acuerdo arancelario, con negociaciones recientes que no lograron un avance significativo, en gran parte debido a los controles de exportación de tecnología de EE.UU.

En medio de esta incertidumbre masiva, las grandes empresas tecnológicas de Corea del Sur han continuado forjando su camino, tanto comercial como tecnológicamente, en la industria de los semiconductores. Un ejemplo contundente es el acuerdo de Samsung Electronics para suministrar chips a Tesla en un contrato valorado en 16.5 mil millones de dólares hasta 2033. Aunque Samsung intentó mantener el nombre del cliente en secreto, el propio CEO de Tesla, Elon Musk, reveló el trato, confirmando además que la nueva planta de Samsung en Texas estará dedicada a la fabricación del chip de IA de próxima generación de Tesla. Este acuerdo es un gran alivio para Samsung, que tiene previsto invertir más de 37 mil millones de dólares en Texas en los próximos años, en su intento por alcanzar a Taiwan Semiconductor Manufacturing Co., el líder mundial en el negocio de la fabricación de chips por contrato.

La ambición surcoreana no se detiene en Samsung. LG Electronics también está incursionando en la fabricación de dispositivos de semiconductores. La empresa está desarrollando un “hybrid bonder”, un dispositivo que permite la unión de múltiples chips en un mismo paquete. Este movimiento marca la entrada de LG en un segmento de la industria estimulado por la creciente demanda de memoria de alto ancho de banda (HBM), esencial para las aplicaciones de inteligencia artificial generativa.

En este mismo campo, Hanmi Semiconductor, que ya posee una cuota de mercado global del 90% en los “TC bonders” utilizados para fabricar HBM, está invirtiendo una suma considerable para construir una nueva planta de “hybrid bonders” en la ciudad de Incheon. Con planes de iniciar operaciones el próximo año, la compañía aspira a colarse entre los diez principales productores de dispositivos de fabricación de chips a nivel mundial para el final de la década, una muestra de la confianza y el crecimiento acelerado del sector en Corea del Sur.

Sin embargo, el panorama de los chips está lejos de ser una historia de éxito sin complicaciones. Un mercado negro rampante en China ha socavado los esfuerzos de Washington por frenar las ambiciones tecnológicas de Pekín. A pesar de los estrictos controles de exportación impuestos por el gobierno estadounidense, procesadores avanzados de inteligencia artificial de Nvidia, valorados en al menos mil millones de dólares, fueron enviados a China en los tres meses posteriores al endurecimiento de las restricciones.

Un análisis del Financial Times, basado en contratos de venta, documentos de empresas y entrevistas, revela que el B200 de Nvidia, un chip muy solicitado para entrenar los últimos sistemas de IA, se ha convertido en el producto estrella de este mercado negro. Aunque la venta de estos chips dentro de China es legal si se pagan los aranceles correspondientes, la exportación desde EE.UU. hacia China viola las regulaciones estadounidenses. Nvidia ha insistido en que «no hay pruebas de ninguna desviación de chips de IA» y que las empresas que intentan ensamblar centros de datos con productos de contrabando están «en una posición perdedora», ya que el soporte y servicio de Nvidia solo se brinda a productos autorizados. Aún así, la existencia de este mercado negro pone de manifiesto las limitaciones de las políticas de control y la enorme demanda china por esta tecnología.

Aranceles recíprocos: ganadores y perdedores

El dominio asiático también se está manifestando en el mercado de las baterías. Aquí, la historia es un espejo de la situación de los semiconductores, con las empresas surcoreanas ganando terreno en un mercado estadounidense que se vuelve cada vez más difícil para los competidores chinos. LG Energy Solution, Samsung SDI y SK On están expandiendo sus producciones locales y fortaleciendo alianzas en Estados Unidos. La japonesa Panasonic también se ha sumado a esta tendencia, habiendo iniciado la producción de baterías de iones de litio en su segunda planta en territorio estadounidense. Por el contrario, las empresas chinas se ven presionadas fuera del mercado. Automotive Energy Supply Corp. suspendió la construcción de su planta de baterías para vehículos eléctricos en Carolina del Sur, citando la incertidumbre política y de mercado, mientras que Gotion paralizó indefinidamente la construcción de su instalación en Michigan.

No todas las historias son de éxito. La presión de la competencia global y la falta de innovación han llevado al declive de antiguos gigantes japoneses. La empresa Japan Display (JDI), que alguna vez fue un fabricante líder de paneles, se ha visto obligada a vender el equipo de producción de paneles LCD y OLED de su planta en Mobara, en las afueras de Tokio. Esta venta significa que la empresa ya no suministrará paneles para el Apple Watch, una pérdida simbólica y material. JDI fue el resultado de una fusión de los negocios de paneles de Sony, Toshiba y Hitachi, un proyecto impulsado por un fondo de inversión público-privado con el objetivo de fomentar la competitividad de las industrias estratégicas. Sin embargo, la compañía ha acumulado pérdidas durante los últimos 11 años, incapaz de seguir el ritmo de sus rivales de Corea del Sur, Taiwán y China continental.

En un giro que refleja la interconexión de la industria, el proveedor de materiales avanzados Air Liquide ha reforzado su posición en Corea del Sur con la apertura de la planta de fabricación de molibdeno más grande del mundo. Esta nueva instalación en Hwaseong, provincia de Gyeonggi, suministrará a los principales clientes de semiconductores un material innovador que se está convirtiendo en un prometedor reemplazo para el tungsteno en la fabricación de chips. La «revolución» del molibdeno está impulsando las próximas generaciones de chips de memoria y lógica avanzados, impulsados por las aplicaciones de IA. Air Liquide, que ya tiene una unidad de producción en Japón y planea abrir otra en Estados Unidos, demuestra su liderazgo tecnológico al ser el primero en suministrar soluciones de molibdeno a gran volumen.

En un panorama tan incierto, las tendencias son claras: Corea del Sur se está posicionando con fuerza en la vanguardia de la tecnología de semiconductores y baterías, aprovechando las tensiones comerciales para su propio beneficio. La caída de empresas como JDI en Japón sirve como un recordatorio de que la complacencia no tiene lugar en la carrera tecnológica. Mientras tanto, la persistencia de un mercado negro de chips avanzados en China demuestra que las prohibiciones políticas tienen sus límites. Y en este escenario, las empresas de suministro de materiales, como Air Liquide, están apostando fuerte por la región que consideran el nuevo epicentro de la innovación. Es una era de intensa competencia, de riesgos calculados y de una reconfiguración global donde los viejos gigantes caen y las nuevas potencias forjan su destino.

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Colaboradora en ReporteAsia.