Aranceles recíprocos: ganadores y perdedores

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El viernes 1 de agosto de 2025, el reloj marcó el final del plazo autoimpuesto por la administración de Donald Trump para la implementación de un nuevo panorama comercial. Con la entrada en vigor de sus «aranceles recíprocos» el 7 de agosto, se consolida una realidad que, si bien se presenta como una victoria para algunos, esconde una compleja red de consecuencias que impactan directamente en las cadenas de suministro globales y, en última instancia, en el bolsillo del consumidor estadounidense. La retórica de “ganar” y “perder” en estas negociaciones comerciales, como veremos, es mucho más matizada de lo que los titulares sugieren.

Desde el 2 de abril, cuando Trump anunció por primera vez estos aranceles generalizados, las naciones del mundo han estado en una frenética carrera por negociar con Washington y mitigar la carga arancelaria. Las nuevas tasas, si bien sujetas a cambios conforme se cierren acuerdos, ya dibujan un mapa de ganadores y perdedores a corto plazo, pero con implicaciones de largo aliento que redefinen el comercio internacional.

¿Quién «ganó» realmente?

A primera vista, Trump y su estrategia de «aranceles recíprocos» parecen ser los vencedores. La lógica es simple: socios comerciales clave como Japón, Corea del Sur y la Unión Europea aceptaron términos favorables a Estados Unidos para asegurar su acceso al mercado estadounidense y evitar gravámenes aún mayores.

Sin embargo, la definición de «victoria» aquí es crucial. ¿Es ganar calmar la «agitación autoinfligida» en los mercados comerciales y financieros, o es lograr la reubicación de empleos manufactureros y las inversiones prometidas en EE. UU. en los próximos cuatro años? Si es lo segundo, la victoria no se ha materializado. Los acuerdos alcanzados, aunque presentados como triunfos, pueden ser más una pacificación temporal que una solución estructural a los objetivos declarados por la administración Trump.

El Reino Unido emerge como otro aparente ganador en este ajedrez arancelario. Con un arancel recíproco del 10% y el mantenimiento del acceso al mercado automotriz estadounidense, el Reino Unido obtuvo un trato más favorable que otros socios. Fue el primer país en sellar un acuerdo con Trump, logrando reducir 15 puntos porcentuales de la propuesta inicial del 25% en aranceles automotrices, aunque con un límite de 100.000 vehículos. Este «éxito» subraya la estrategia británica de acercamiento a Washington post-Brexit, buscando asegurar ventajas comerciales bilaterales en un panorama global incierto.

Los perdedores…

La otra cara de la moneda revela una serie de «perdedores» que cargan con el peso de estas nuevas políticas. Corea del Sur y Japón ahora enfrentan la misma tasa arancelaria del 15% en automóviles, lo que elimina la ventaja del 2.5% que Corea del Sur tenía bajo su Tratado de Libre Comercio. Esta nivelación de condiciones, lejos de fomentar el libre comercio, castiga la lealtad y los acuerdos preexistentes.

Los casos de Laos y Myanmar son aún más dramáticos, golpeados con aranceles del 40%, solo superados por Siria (41%). Aunque la justificación de la Casa Blanca para estas tasas es opaca, el impacto en las exportaciones textiles y de prendas de vestir de estas naciones del sudeste asiático será devastador, afectando industrias vitales y economías emergentes.

Canadá, el vecino del norte, es considerado como el «claro perdedor» de las negociaciones. Con un arancel del 35%, se encuentra en una posición aislada entre los socios del G7. Esta imposición, justificada por Trump con razones que van más allá de lo puramente comercial –citando el fracaso de Canadá en «frenar la avalancha de fentanilo» y su «represalia» contra las medidas estadounidenses–, evidencia cómo la política comercial bajo esta administración se entrelaza peligrosamente con agendas no económicas.

Pero, en última instancia, el peso de estos aranceles recae sobre los consumidores estadounidenses. Las estimaciones del Budget Lab de la Universidad de Yale son alarmantes: la tasa arancelaria efectiva promedio sobre los bienes importados en EE. UU. alcanzó el 18.3% al 31 de julio de 2025, el nivel más alto desde 1934. Esto se traduce en una reducción del crecimiento del PIB de EE. UU. del 0.5% anual en 2025 y 2026, un aumento de la tasa de desempleo y, lo más tangible para el ciudadano de a pie, un incremento de $2,400 en el gasto anual promedio por hogar. Sectores como el calzado (aumentos del 40% a corto plazo) y la indumentaria (38%) serán los más afectados, con precios que se mantendrán elevados a largo plazo. Los minoristas, que hasta ahora habían logrado contener los precios, se verán obligados a trasladar estos costos a los consumidores en las próximas semanas.

La interdependencia China-Estados Unidos

Uno de los aspectos más reveladores de estos cuatro meses de negociaciones ha sido la exposición de la interdependencia entre China y Estados Unidos, especialmente en lo que respecta a las tierras raras. China, con su control sobre las tierras raras, ejerce una palanca de presión contra los controles de exportación de tecnología estadounidense.El libro de jugadas y las estrategias de los funcionarios chinos en respuesta a la administración Trump parecen estar funcionando, proyectando una imagen de estabilidad frente a la incertidumbre generada por EE. UU.

Mientras el foco global se ha centrado en los aranceles, el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (USMCA), que reemplazó al NAFTA, ha permanecido relativamente al margen. Sin embargo, su próxima revisión en julio de 2026 –o incluso tan pronto como septiembre de este año– representa la próxima gran encrucijada comercial. Aunque el USMCA ha permitido que los fabricantes de automóviles multinacionales operen en Norteamérica como un bloque de producción unificado, la complejidad de calcular el contenido estadounidense y no estadounidense de los vehículos impone una carga adicional.

Cambio de paradigma: los aranceles llegaron para quedarse

Más allá de los titulares de «ganadores» y «perdedores», los analistas coinciden en que estamos presenciando un cambio de paradigma profundo en el régimen comercial global. Este nuevo escenario, donde los aranceles son una herramienta recurrente de política exterior y económica, tiene implicaciones de largo alcance. La fragmentación de las cadenas de suministro, la inestabilidad de los precios y la erosión de la confianza en las instituciones multilaterales son solo algunas de las consecuencias.

La promesa de «hacer grande a América de nuevo» a través de aranceles parece estar construyéndose sobre una base frágil, donde la supuesta ganancia de unos pocos se traduce en un costo tangible y duradero para la mayoría, especialmente para el consumidor que, silenciosamente, carga con el peso de cada «victoria» comercial. En esta nueva era de proteccionismo, el ideal de un comercio globalmente armonioso se desvanece, reemplazado por una implacable lucha por el poder, donde las banderas ondean victoriosas sobre contenedores de envío, mientras en los hogares los precios siguen subiendo.

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Colaboradora en ReporteAsia.