Qué es el «aura farming», el fenómeno viral que nació en el anime y encontró su ícono en un niño indonesio

La tendencia que mezcla jerga gamer y carisma efectista pegó el salto de TikTok a las calles, con Indonesia como epicentro simbólico del boom del que todos hablan: «Aura Farming».

El origen del término

El «aura farming» es un híbrido lingüístico surgido en comunidades de anime y videojuegos: combina «aura», usado como sinónimo de carisma o magnetismo personal, con «farming», el verbo gamer que describe repetir una acción para acumular recursos o puntos. El registro más antiguo del uso data de enero de 2024 en TikTok, aunque el concepto ya circulaba desde antes entre fanáticos de anime y usuarios de Roblox.

El niño que le puso cara al fenómeno

El salto a la viralidad global llegó a mediados de 2025 con un video filmado en Indonesia. Rayyan Arkan Dikha, un chico de apenas 11 años oriundo de la provincia de Riau, fue grabado bailando de pie en la proa de una lancha de carreras durante el Pacu Jalur, una tradicional competencia de botes de remo.

Con anteojos de sol y vestimenta tradicional Teluk Belanga, Dikha ejecutó una serie de movimientos rítmicos y calmos para arengar a los remeros, con una frialdad que los usuarios de internet calificaron de inmediato como el ejemplo más puro de «aura farming»: cero esfuerzo aparente, máximo impacto visual.

 

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Su rol tiene raíces folclóricas propias: se lo conoce como Togak Luan o Tukang Tari, un performer infantil cuya función tradicional es motivar al equipo y señalar a los espectadores cuándo la embarcación va en punta. Se elige a niños para este papel por el nivel de equilibrio que exige mantenerse de pie en la proa a toda velocidad.

De la jerga de internet a las batallas presenciales

Lo que empezó como una etiqueta para calificar momentos de carisma involuntario —desde escenas de anime hasta gestos cotidianos como no mirar el menú al pedir un café— escaló en 2026 a un fenómeno con presencia física: ya circulan videos de «batallas de aura farming» organizadas cara a cara, donde participantes compiten por proyectar la mayor frialdad posible frente a cámara, en una suerte de gamificación presencial de un concepto que nació puramente digital.

El caso ilustra un patrón que se repite en la cultura viral contemporánea: un gesto local y folclórico —en este caso, ligado a una tradición de remo centenaria en Indonesia— resignificado y amplificado por plataformas globales hasta convertirse en una categoría estética universal, sin que el protagonista original necesariamente buscara ese lugar.

 

Lao
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Colaborador en ReporteAsia