Japón ha desplegado cazas de sus Fuerzas de Autodefensa como respuesta a las recientes maniobras realizadas por aviones rusos cerca de territorios en disputa entre ambos países. Este incidente se suma a una larga lista de tensiones entre Japón y Rusia, en particular en torno a la soberanía de las islas Kuriles, un conflicto que se ha prolongado durante más de 80 años.
El pasado jueves, dos aviones patrulleros marítimos rusos, del modelo Tupolev Tu-142, realizaron un vuelo que generó preocupación en las autoridades japonesas. Estas aeronaves volaron entre las costas de la isla de Oki, en la prefectura de Shimane, ubicada en el sudoeste de Japón, y el estrecho de Tsushima, en el mar de China Oriental. Posteriormente, cruzaron entre las islas de Okinawa y Miyakojima, dirigiéndose hacia el Pacífico. Tras este sobrevuelo, los aviones rusos se desplazaron hacia el norte, aproximándose a las islas Kuriles, al norte de Hokkaido, sin violar el espacio aéreo japonés, según confirmó el Ministerio de Defensa de Japón.
El contexto de este incidente se enmarca en las maniobras navales «Okean-2024», que comenzaron esta semana y que involucran a Rusia y China en una colaboración militar que ha llamado la atención internacional. Estos ejercicios, que se llevarán a cabo en diversos puntos del océano Pacífico, el Ártico, y varios mares como el Mediterráneo, Báltico y Caspio, han sido descritos como los más grandes desde la caída de la Unión Soviética. La participación de más de 400 buques, incluidos submarinos y barcos de apoyo, más de 120 aviones y cerca de 90.000 efectivos, demuestra el despliegue masivo de fuerzas en estos ejercicios, lo que ha generado preocupación en varios países de la región, incluido Japón.
El gobierno japonés ya había anunciado su intención de vigilar de cerca estas maniobras, debido a las crecientes tensiones entre Japón y Rusia desde la invasión rusa a Ucrania. La invasión no solo ha desatado una crisis a nivel global, sino que también ha deteriorado aún más las ya tensas relaciones entre Tokio y Moscú. Japón, como uno de los aliados más cercanos de Estados Unidos en la región, ha manifestado su rechazo a la agresión rusa en Ucrania y ha implementado sanciones contra el gobierno de Vladimir Putin, lo que ha exacerbado las fricciones entre ambos países.
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La disputa territorial en torno a las islas Kuriles sigue siendo el principal obstáculo en las relaciones bilaterales. Este archipiélago, compuesto por 56 islas e islotes, fue ocupado por la Unión Soviética al final de la Segunda Guerra Mundial y desde entonces su soberanía ha sido motivo de enfrentamientos diplomáticos. Japón reclama cuatro de las islas situadas en el extremo sur del archipiélago, mientras que Rusia mantiene su control sobre todo el territorio. A lo largo de los años, se han realizado varios intentos de resolver esta disputa, pero hasta el día de hoy no se ha alcanzado un acuerdo que satisfaga a ambas partes.
En 1956, Japón y la Unión Soviética firmaron una declaración conjunta que permitió reanudar relaciones diplomáticas, interrumpidas desde el fin de la guerra. En ese acuerdo, se incluía la promesa de devolver dos de las islas a Japón, pero este compromiso nunca se materializó. Desde entonces, la cuestión ha sido una constante fuente de tensiones, aunque en algunos periodos se han dado pasos hacia la reconciliación. En la actualidad, la relación entre Japón y Rusia se ha visto agravada no solo por esta histórica disputa, sino también por la creciente cooperación militar entre Rusia y China, un factor que preocupa especialmente a Tokio.
Los recientes movimientos de aviones rusos cerca de territorios disputados reavivan el temor a una escalada militar en la región. Si bien los aviones Tupolev no violaron el espacio aéreo japonés, su presencia cerca de las islas Kuriles es un recordatorio de la frágil situación en la que se encuentran ambos países. La preocupación de Japón se ve incrementada por la magnitud de las maniobras navales que Rusia y China están llevando a cabo, lo que refuerza la percepción de que el fortalecimiento de la cooperación militar entre estas dos potencias podría cambiar el equilibrio de poder en Asia-Pacífico.
A medida que las maniobras «Okean-2024» continúan, Japón mantiene su postura vigilante y ha dejado claro que no tolerará ninguna provocación en su territorio. Si bien hasta el momento no ha habido incursiones directas en el espacio aéreo nipón, la creciente actividad militar rusa cerca de sus fronteras plantea interrogantes sobre el futuro de la relación entre estos dos países vecinos.













