La postura de Seúl se dio a conocer un día después de que el Gobierno japonés publicara detalles de la evaluación realizada por un organismo asesor de la UNESCO sobre su solicitud para la inscripción de las minas de oro y plata de Sado como Patrimonio Mundial.
«Podríamos oponernos a ello, o no. Depende de cómo lo haga Japón», anunció a los periodistas uno de los funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores surcoreano, bajo la condición del anonimato, cuando se le preguntó si Corea del Sur daría su consentimiento a la solicitud. «El objetivo de ambos Gobiernos es llegar a un acuerdo y evitar que el asunto termine en una votación», agregó.
El Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS, según sus siglas en inglés) recomendó que el caso fuera «remitido de nuevo» a Japón para complementar la solicitud, según informó la agencia de noticias japonesa Kyodo, citando a la Agencia para Asuntos Culturales de Japón.

Japón ha estado tratando de inscribir en la lista del Patrimonio Mundial, la mina Sado, otrora la mayor productora de oro en el siglo XVII. Sin embargo, su intento ha provocado protestas de Corea del Sur por la falta de contexto histórico, como un lugar en donde miles de coreanos fueron sometidos a trabajos forzados durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Corea era una colonia japonesa.
De conformidad con la norma, una inscripción en la lista del Patrimonio Mundial requiere más de dos tercios de los votos de los Estados miembros del Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO (WHC), pero ha sido costumbre que la decisión final fuera emitida por consenso.
Corea del Sur es uno de los 21 miembros rotativos del WHC este año, junto con Japón. El WHC decidirá sobre la solicitud de la mina Sado en una reunión en Nueva Delhi, la India, prevista para julio.
Corea del Sur enfatizó en que continuará expresando a Tokio su postura, hasta que cumpla con sus demandas, de un reflejo completo de la historia de la mina Sado relacionado con la movilización forzada de los coreanos en tiempos de guerra.













