La República de Corea se convirtió en un régimen democrático en 1987 y ha experimentado un crecimiento económico acelerado, siendo el país que más rápido se ha desarrollado y la décima economía mundial.
Sin embargo, su democracia es perfectible y posee algunas características de los gobiernos
autoritarios que la precedieron, así como obstáculos socioculturales, políticos y jurídicos. El presente libro, «The New Dynamics of Democracy in South Korea», editado por Kim Chae-Han, catedrático y autor de más de 200 artículos y libros, describe, a través de la realización de estudios y encuestas, el estado actual de la democracia en Corea, a fin de comprender su evolución y sus retos.
La publicación está dividida en diez capítulos que corresponden a cuatro categorías que influyen en la democracia coreana: brechas sociales (regionalismo, grupos de edad y clase), relaciones entre las masas y las elites (cultura política, movilización y participación y el sistema de partidos), instituciones políticas (reglamentación jurídica y dominación del poder ejecutivo) y políticas públicas (política de bienestar y política exterior). Debido al carácter académico de la publicación, ésta ayuda a comprender el sistema político coreano con la posibilidad de compararlo con el de otros países.
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En la introducción, el Dr. Kim plantea que la democracia coreana se puede analizar en ciclos de veinte años con cambios entre regímenes conservadores y progresistas cada diez años. Desde su democratización en 1987, Corea ha experimentado diez años de gobiernos conservadores (Roh Tae-woo, líder militar, y Kim Young Sam, líder democrático), diez años de gobiernos progresistas (Kim Dae-jung, líder democrático, y Roh Moo-hyun, líder independiente), diez años de gobiernos conservadores (Lee Myung-bak, líder independiente, y Park Geun-hye, sucesora del presidente Park Chunghee), y el actual gobierno progresista (Moon Jae-in, sucesor del presidente Roh Moo-hyun).
El Dr. Kim pronostica que se espera que un nuevo estilo de líder gane la elección presidencial del 2022. Es posible que su predicción no se cumpla, debido a que uno de los dos principales candidatos para las elecciones presidenciales de marzo de 2022 es el progresista Lee Jae-myung del Partido Kim Chae-Han.
Democrático (PD) y considerado, al igual que Moon Jae-in, sucesor del presidente Roh Moo-hyun. Si, por el contrario, llegara a ganar el principal candidato de oposición del conservador Partido Ming del Poder del Pueblo (PPP), Yoon Seok-youl, exfiscal general y líder independiente, si existiría un nuevo estilo de liderazgo presidencial como lo señala Kim Chae-han. En el capítulo uno, Jhee Byong-kuen comprueba que el sentimiento regional todavía influye en las preferencias electorales.
El sentimiento antiHonam, región del sudoeste de Corea menos industrializada, tradicionalmente progresista, cercana al PD, se enfrenta al sentimiento anti-Yeongnam, región del sudeste de Corea, más industrializada, tradicionalmente conservadora y cercana al PPP. Debido a que el sentimiento regional es maleable y está relacionado con el ambiente político, Jee sugiere reducir esta división al disminuir la disparidad económica entre regiones y previniendo el escalamiento de conflictos ideológicos; dos retos importantes.
Park Kyungmee en el segundo capítulo plantea que las protestas que llevaron a la destitución de la presidenta Park en 2017 hicieron creer a la sociedad coreana que puede influir en la política a través de la participación cívica. Asimismo, demuestra que la edad influye en las preferencias electorales: las generaciones más jóvenes tienden a votar por el PD, mientras que las mayores votan por el PPP. Por lo anterior, sugiere que la base del PPP puede reducirse en el futuro debido al cambio generacional.
Esto que argumenta el autor no coincide con las elecciones del 2022, ya que un gran porcentaje de hombres jóvenes votaron en las internas del PPP por el candidato Yoon.
En la introducción, el Dr. Kim plantea que la democracia coreana se puede analizar en ciclos de veinte años con cambios entre regímenes conservadores y progresistas cada diez años
En el tercer capítulo, Yun Ji-whan argumenta que la neutralización de las clases sociales ha permitido que los políticos coreanos se presenten como benefactores y los líderes hegemónicos de todas las clases sociales, es decir como los únicos salvadores de los prevalecientes males del capitalismo. Destaca que los gobernantes no buscan resolver los problemas sociales, sino crear una hegemonía moral a través del estado benefactor para que la gente se vuelva dependiente de éste, por lo que la calidad de la democracia depende de la sinceridad del líder y no de la participación social.
Este mal que señala Yun aplica para varios países democráticos, incluyendo a Latinoamérica. Cho Youngho, Kim Mi-son y Kim Yong Cheol en el cuarto capítulo realizaron una encuesta que arrojó que la mayoría de los coreanos rechazan el autoritarismo (85%) y consideran que la democracia participativa a través del referéndum debe de ampliarse (59%), mientras que una minoría prefiere la democracia representativa (29%).
Argumentan que las protestas de 2016-17 evidenciaron el alto activismo de los ciudadanos en yuxtaposición con las instituciones representativas débiles a lo que los autores determinan como “democracia contenciosa”, la cual es políticamente inestable. En quinto capítulo, Sung-jin Yoo señala que las protestas que condujeron a la destitución de la presidenta Park en 2017 marcaron un hito donde inmensa participación política resultó en una vuelta exitosa a la democracia con la elección presidencial de Moon Jae-in, quien contó con una participación electoral del 77%, la más alta desde 1997.
Destaca que esta importante participación tuvo lugar por la combinación de una alta insatisfacción política, debido a los escándalos de corrupción del gobierno de Park, con la creencia en la democracia. Según Yoo, esto sugiere que los coreanos desean reformar su sistema político, a pesar de la desconfianza en sus gobernantes.
Kwak Jin-young argumenta en el sexto capítulo que el sistema presidencialista coreano de cinco años otorga una gran autonomía al presidente en el uso de recursos y un amplio control sobre los partidos políticos, pero que éste pierde poder al final de su mandato, el cual capitalizan los partidos influenciando divisiones y fusiones entre ellos para ganar las elecciones y no porque persigan las mismas políticas.
Esto causa que las alianzas partidistas sean inestables, por lo que Kwak sugiere una reforma que permita alianzas entre partidos para impulsar políticas públicas, a fin de que se desarrolle más el sistema de partidos enfocado en las políticas públicas, lo cual incidiría en una mayor gobernanza del sistema político coreano. En el séptimo capítulo Kang Won-taek destaca que las regulaciones relacionadas con la competencia política han permanecido prácticamente igual desde la democratización coreana y muchas han sido heredadas del autoritarismo.
Estima que las leyes electorales anacrónicas favorecen a los dos partidos mayoritarios, ya que es muy difícil crear nuevos partidos políticos, y no permiten la justa competencia en las elecciones, ni la libre participación política porque al votante sólo se le permite el papel de espectador. El autor por tanto sugiere democratizar las leyes que rigen a los partidos para hacer las elecciones más participativas. Esto se considera complicado debido a que son
los mismos partidos políticos que pueden cambiar la ley quienes no quieren perder el poder.
Moon Woojin se refiere en el capítulo octavo a Corea como una “presidencia imperial” debido al dominio del poder ejecutivo en la promulgación de leyes. Argumenta que el presidente tiene amplios poderes que le otorga la Constitución para proponer proyectos de leyes. Además, si el partido del presidente posee mayoría en el Congreso, éste tiene el poder de facto para imponer su propia agenda porque los miembros del Congreso de su
partido no se oponen a los proyectos de leyes que apoya el presidente y si obtienen tres quintos de la mayoría, el decreto se convierte en ley. Esto es un mal que aqueja a varios regímenes democráticos, particularmente en Latinoamérica.
las protestas de 2016-17 evidenciaron el alto activismo de los ciudadanos en yuxtaposición con las instituciones representativas débiles a lo que los autores determinan como “democracia contenciosa”
En el noveno capítulo, Yang Jae-jin realiza un estudio para determinar por qué el estado de bienestar coreano ha avanzado menos que el europeo, a pesar de la consolidación de la democracia en Corea. Su análisis demuestra que debido a que en Corea el movimiento laboral dentro del sector empresarial es fuerte, las demandas de los trabajadores para la redistribución se satisfacen a través de mayores salarios y bienestar corporativo, en lugar de recurrir al bienestar social de todos los ciudadanos. Esto también sucede porque los
congresistas representan a un distrito en particular y no a las necesidades del
país en general como lo es la seguridad social.
Lee Shin-wha explica en el último capítulo cómo influye la opinión pública y la polarización en las decisiones de política exterior, lo cual representa un dilema para el gobierno coreano. Ejemplifica con tres casos cómo se ha dañado la percepción nacional del gobierno coreano por aceptar acuerdos con otros países con: la importación de carne con Estados Unidos en 2008, el acuerdo alcanzado con Japón para compensar a las mujeres de confort en 2015 y el despliegue del sistema antimisiles THAAD en 2015.
Por otro lado, explica el dilema por el daño causado en las relaciones de Corea con Japón cuando el presidente Moon desechó el mismo acuerdo con Japón y, por otro lado, con China por aceptar el THAAD que afecta los intereses de seguridad de China en la región. En conclusión, el presente libro analiza la evolución de la democracia en Corea y su estado actual.
La destitución de la presidenta Park en 2017 causó gran conmoción en el pueblo coreano, lo cual derivó en una reflexión profunda sobre el hecho de que la consolidación de la democracia no es suficiente para acabar con la corrupción y la mala gestión pública. Por tanto, estos ensayos reunidos exploran los retos de la democracia coreana y brinda algunas
alternativas de cómo superarlos, aunque las respuestas no son fáciles y enfrentan la oposición del sistema político actual y las restricciones impuestas a Corea por intereses económicos y de otras naciones dado su contexto geopolítico.
Este libro deja al lector pensando en que Corea y Latinoamérica comparten varios retos en la consolidación de su democracia, por lo que sería interesante compararlos con algunos países de la región. Asimismo, el análisis de la presente publicación se podría ampliar en un futuro para incluir otros temas relevantes para la democracia coreana tales como: el reto de la independencia de la fiscalía general del poder presidencial y de los intereses empresariales, y en un tono más positivo, la confianza de la población coreana en el estado de derecho.
Nota: El artículo fue publicado originalmente por la Revista Asia / América Latina. La reproducción del mismo se realiza con la debida autorización. Link al artículo original:http://www.asiaamericalatina.org/wp-content/uploads/2022/05/12.7-Resena-The-New-Dynamics-of-Democracy-in-South-Korea-1.pdf














