Es claro que una de las grandes diferencias que existen entre las sociedades occidentales y las orientales radica en la concepción que se tiene de los adultos mayores. Mientras que en occidente se ha tendido a invisibilizarlos, en muchos países de Asia oriental, desde China al sudeste asiático, la mirada que tienen de los integrantes de la tercera edad es muy distinta.
Mientras que en esta parte del mundo se ha tendido tradicionalmente a “descartar” a estas personas por estar inactivas desde el punto de vista laboral, en nuestras antípodas se las aprecia por ser una fuente de sabiduría inconmensurable para las comunidades que integran.
Y esta percepción de las personas de mayor edad está íntimamente relacionada a la figura de Confucio, un filósofo chino que ha marcado profundamente la cosmovisión no solamente de China sino de muchas otras naciones asiáticas, cuyas sociedades, respecto a sus principios y valores, se han construido en gran medida según el pensamiento confuciano.
Sobre Confucio
Cuando hablamos de este pensador, nos debemos remontar a un tiempo anterior a nuestra era. Se cree que vivió entre el 551 al 479 A.C., alternando periodos en los que ejerció como maestro con otros en los cuales fue funcionario del pequeño estado de Lu, durante la época de fragmentación del poder bajo la dinastía Zhou o período de los Reinos Combatientes (770-476 a. C.).

Sus enseñanzas serían oficializadas durante el reinado del Emperador Wu (141-87 a. C.), y desde entonces se establecieron como la corriente de pensamiento más popular de los siguientes 2000 años, expandiéndose por todo Asia oriental y el sudeste asiático tal como sucedió con el budismo, mezclándose con las creencias locales de cada país.
Al día de hoy, su figura sigue siendo crucial para el funcionamiento de las sociedades asiáticas, como un eje ordenador y como la base filosófica de toda su estructura social.
El Confucianismo
Su obra más famosa se titula “Analectas” o “Lunyu” -论语-. Se trata de un texto escrito en forma de diálogo con sus discípulos, y que recoge sus reflexiones sobre el ejercicio de un buen gobierno y sobre los deberes de una sociedad virtuosa.
«Cuando hablamos de este pensador, nos debemos remontar a un tiempo anterior a nuestra era. Se cree que vivió entre el 551 al 479 A.C»
En las páginas de las Analectas podemos encontrar conceptos basamentales del protocolo, las relaciones interpersonales y la etiqueta, que hasta el día de hoy siguen vigentes. Por eso, se entiende que su pensamiento funciona como una guía para el comportamiento de los ciudadanos y las clases gobernantes, hacia la construcción de una sociedad armoniosa y virtuosa. En esta construcción, Confucio se centra en ideas como la Piedad Filial (孝 o xiào).
La Piedad Filial es, de alguna manera, la piedra fundacional de todo su pensamiento, y que resulta en el respeto por los mayores, los adultos, los padres y los ancestros en general. Posiblemente, se trate del principio moral más importante de la idiosincrasia china, con fuerte influencia en toda Asia.
¿Qué es la piedad filial?
La piedad filial se practica obedeciendo los deseos de los padres, cuidándolos cuando son mayores y trabajando arduamente para proporcionarles las comodidades materiales y el afecto que necesitan. Este principio se aplica a todos los ancianos, maestros, profesionales de mayor rango o cualquier persona mayor de edad, e incluso al Estado y sus administradores.

La estructura de las sociedades asiáticas está marcada por la Piedad Filial, o el respeto y el amor que deben tener los hijos hacia sus padres y la disposición que debe existir de parte de los más jóvenes hacia los mayores de la familia. Esta implica una devoción a la figura de los padres y de los mayores y un respeto por las jerarquías en general. Según lo interpretaba Confucio, la sociedad es un reflejo de la estructura familiar. Por eso, la piedad filial traspasa en todos los estratos sociales y se aplica tanto en las relaciones interpersonales como en el hogar.
El propio carácter chino de piedad filial, xiào (孝), ilustra el significado del término. Esta palabra combina, arriba, los caracteres “lao” (老), o viejo, y abajo “er zi” (儿子), que significa hijo. El hijo debajo del padre es un símbolo de lo que se define como piedad filial.
El culto a los antepasados
En Asia ser viejo no es lo mismo que no tener valor alguno. Todo lo contrario: como pasa en otras culturas, la longevidad es vista como un estado virtuoso y la salud en la tercera edad, como un tesoro incalculable. Del propio filósofo Lao Tse, otro de los grandes pensadores chinos, se dice que nació viejo, con 80 años, dando a entender que había llegado a este mundo con la sabiduría de un anciano.
«La Piedad Filial es, de alguna manera, la piedra basamental de todo su pensamiento, y que resulta en el respeto por los mayores, los adultos, los padres y los ancestros en general»
Hablando de China específicamente, es muy común que las personas más adultas cultiven la salud y busquen mantenerse activas, realizando ejercicios en espacios públicos, como artes marciales (Tai Chi Chuan, Chi Kung) o se involucren en grupos de danzas, ejercicios gracias a los cuáles las poblaciones de estos segmentos se mantienen vigorosas.
Igualmente común es que las empresas y los gobiernos cuenten entre sus colaboradores con personas de edad avanzada, quienes ofician de asesores y son considerados oráculos a quienes consultar ante situaciones que requieren la maestría que solo la experiencia ofrece.
En esta vida y en otras
Como muestra del respeto hacia las personas de edad avanzada que se cultiva en Asia, destaco las salutaciones que le envió recientemente el primer ministro del Consejo de Estado de China, Li Keqiang, al primer ministro de Japón, Fumio Kishida, por el fallecimiento del ex primer ministro japonés, Toshiki Kaifu, a los 92 años. “Los pueblos de ambos países y la historia siempre lo recordarán”, expresó en su mensaje. Ese “siempre” refleja la importancia que estas personas tienen en vida y más allá de esta, pues el respeto hacia su obra y su esfuerzo se mantiene estén o no presentes en este plano.
En Asia, en general, existe un culto a los antepasados, quienes son venerados como santos y proyectores de las nuevas generaciones, de los hogares y de las familias. Esta cultura puede verse en forma explícita a través de los altares que se levantan en millones de hogares de China, Japón, Corea, como también en Vietnam o Tailandia.

Se trata de espacios espirituales en los que las familias hacen ofrendas a sus antecesores, donde les prenden inciensos, y se comunican con ellos para agradecerles y pedirles guía. En estos lugares suelen estar colgados los retratos de bisabuelos, abuelos, padres, cuya importancia dentro de la familia, y de la sociedad resulta ser el sostén que mantiene a las instituciones más centrales de las sociedades asiáticas.
Cómo hemos visto, el pensamiento de Confucio tiene relación directa con esta manera de entender el valor que tienen los adultos mayores en las comunidades asiáticas: son un tesoro cultural y humano. Mientras, su expectativa de vida sigue en aumento, como sucede en Japón, donde llega a los 86 años.
Milagros Maylin acompaña a las personas en la segunda etapa de la vida. Secretaria de Bienestar Integral. Ministerio de Salud en Ciudad de Buenos Aires, República Argentina.














