Lula viaja a China en mayo: se reunirá con Xi Jinping para buscar alternativas a Trump

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, viajará en mayo a China para reunirse con su par chino, Xi Jinping, en un momento crítico del tablero geopolítico y comercial global. La visita forma parte de una gira que también incluirá Moscú y se produce en un contexto marcado por el anuncio de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump, lo que ha reavivado temores de una guerra comercial de gran escala.

Lula asistirá el 9 de mayo en Moscú a los actos conmemorativos del Día de la Victoria de Rusia, en ocasión del 80° aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial. Apenas tres días después, el 12 de mayo, estará en Beijing para participar del Foro China-América Latina, reafirmando el rol central que Brasil busca jugar como nexo entre América Latina y las potencias emergentes del oriente.

El viaje a China, el segundo de Lula en su actual mandato, ocurre en un momento de creciente cooperación bilateral. Desde su regreso a la presidencia en 2023, el mandatario brasileño ha buscado profundizar las relaciones con Beijing como parte de una estrategia más amplia que combina pragmatismo económico con una mirada multilateral del orden mundial. Brasil ostenta este año la presidencia pro témpore del grupo BRICS y será sede de su próxima cumbre el 6 y 7 de julio en Río de Janeiro.

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En este marco, el vínculo con China se ha tornado estratégico. El gigante asiático es el principal socio comercial de Brasil desde 2009. En 2024, representó el 28% de las exportaciones brasileñas y el 24,2% de sus importaciones. Además de la tradicional relación comercial basada en materias primas como la soja, el mineral de hierro y la carne, los acuerdos bilaterales se han expandido en los últimos años hacia sectores como energía, infraestructura, finanzas y ciencia y tecnología. Durante 2024, ambos países firmaron 37 acuerdos que incluyen el respaldo de Brasil a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI).

La dimensión de esa relación quedó nuevamente en evidencia el pasado 28 de marzo en São Paulo, donde se celebró el Foro Económico y Comercial China-Brasil, organizado por el Consejo Chino para la Promoción del Comercio Internacional (CCPIT) y el Consejo Empresarial Brasil-China. El evento reunió a más de cien representantes empresariales y gubernamentales y derivó en acuerdos comerciales por más de 2.000 millones de dólares en sectores como agricultura, minería y logística.

Durante el foro, Ren Hongbin, presidente del CCPIT, subrayó que China y Brasil se encaminan hacia lo que denominó “50 años dorados de cooperación”. En línea con esta visión, el gobierno de Xi Jinping ratificó su apoyo a la presidencia brasileña del BRICS y alentó la colaboración en cadenas de suministro resilientes, energía verde e innovación tecnológica. Lula, por su parte, ha reiterado que la relación con China es prioritaria y ha sostenido que lo que ambos países hagan juntos “resonará en todo el mundo”.

La visita de mayo también debe leerse en clave de oportunidad. Mientras Estados Unidos endurece su postura comercial con aranceles más altos para productos chinos, europeos y latinoamericanos, Brasil busca posicionarse como un socio comercial alternativo tanto para China como para el propio mercado estadounidense. Durante su reciente gira por Japón, Lula expresó su preocupación por la ofensiva proteccionista de Trump: “Estoy preocupado porque se está dañando el libre comercio y se debilita el multilateralismo”, declaró en Tokio.

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La estrategia brasileña parece apuntar a ganar terreno en mercados afectados por la guerra comercial. Ya durante el primer mandato de Trump, cuando China respondió a los aranceles estadounidenses suspendiendo la compra de productos agrícolas de EE.UU., Brasil amplió su participación exportadora, especialmente en soja y carne bovina. En esa línea, Lula cerró recientemente acuerdos con Japón para abrir ese mercado a la carne brasileña, a sabiendas de que Tokio podría reducir sus importaciones desde Estados Unidos en respuesta a los aranceles aplicados al sector automotor.

Simultáneamente, sectores industriales brasileños como el calzado ven una oportunidad para reemplazar productos chinos en las góndolas estadounidenses. La Asociación Brasileña de la Industria y Comercio espera que el nuevo escenario arancelario permita ganar cuota de mercado en EE.UU. sin provocar fricciones, ya que la balanza comercial entre ambos países es, en general, favorable a Washington.

Más allá del corto plazo, el acercamiento de Lula a China también tiene un anclaje geopolítico. En un mundo que parece fragmentarse en bloques, Brasil apuesta por una estrategia de no alineamiento automático, buscando equilibrio entre las potencias y mayores márgenes de autonomía. Al mismo tiempo, intenta posicionarse como interlocutor válido entre el Norte y el Sur Global, una postura que también quedó reflejada en su reciente participación en el G20 y su activismo diplomático en temas como el cambio climático y la reforma del sistema financiero internacional.

En ese sentido, la alianza con China no es solamente económica sino también política. Xi Jinping visitó Brasil en noviembre de 2024 tras la cumbre del G20 y ambos mandatarios coincidieron en que el vínculo bilateral atraviesa su “mejor momento histórico”. En ese encuentro, se anunciaron inversiones chinas por más de 70 mil millones de dólares en América del Sur, muchas de ellas focalizadas en infraestructura crítica, energía y tecnología. Actualmente, empresas chinas controlan el 10% del suministro eléctrico de Brasil y construyen rutas, puertos y una línea ferroviaria estratégica que conecta el interior del país con el Atlántico norte.

Con esta visita a Beijing, Lula buscará consolidar ese avance, posicionando a Brasil como un socio confiable y estratégico para la segunda economía del mundo. En un escenario de tensiones crecientes y realineamientos globales, la gira del presidente brasileño será observada con atención por todas las capitales, desde Washington hasta Moscú. Pero sobre todo, servirá para confirmar que Brasil apuesta a un mundo multipolar en el que pueda jugar un rol relevante.

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