¡Toda guerra termina en negociaciones! La rendición negociada de Ucrania esta pronto a concretarse bajo la iniciativa y liderazgo del presidente estadounidense Donald Trump.
Ante las mutuas amenazas del reinicio de ejercicios militares con armamento nuclear, Estados Unidos y Rusia, se obligaron a entenderse y reiniciar negociaciones urgentes que promuevan un Acuerdo de Paz justo y duradero entre Rusia y Ucrania.
Como lo he sostenido tres años atrás, a través del libro “Realpolitik. El orden mundial detrás del conflicto en el este de Ucrania”, la guerra Rusia no la puede perder y Ucrania no la puede ganar; un eufemismo que demostraba a quien se le podía atribuir una victoria tanto en el campo de batalla, así como en las mesas de negociación. La flagrante asimetría de los países beligerantes es evidente y, en consecuencia, los resultados siguen la misma tónica.
De igual forma, los ataques con drones a la infraestructura energética de Rusia les obligan a negociar tomando en cuenta, el espíritu de la Cumbre de Alaska en Anchorage en la cual sí se abordó la hoja de ruta para la paz en el este de Ucrania: reconocimiento de nuevos territorios a favor de Rusia, el no ingreso de Ucrania en la OTAN, principalmente.
Con el transcurso del tiempo y al acercarnos a tres meses de que se cumplan 4 años de la guerra entre Rusia y Ucrania (febrero 2022), se han ratificado las previsiones de que la famosa línea roja mencionada por el presidente ruso Vladímir Putin era y es, acoger territorios históricos rusos a través de la anexión; sucedió con Crimea en 2014 y luego continuó en Lugansk, Donetsk, Jersón y Zaporiyia, que en su conjunto constituyen alrededor de un 20% más de territorio que legitimaría su reconocimiento internacional mediante el Acuerdo de Paz.
Cabe recordar que, Crimea fue parte del Imperio ruso desde 1793 hasta el Soviético en 1954 y al igual que la región del Donbás su población es rusófona. Dicha península tiene un puerto de aguas cálidas y a través del puerto de Kerch une Rusia con Crimea. Con ello y pese al rechazo de algunos líderes europeos se diseñaría una nueva frontera en la cual la garantía de seguridad para Moscú se concentraría en que Kiev no forme parte de la OTAN – Organización del Tratado del Atlántico Norte, se establezca la desmilitarización del Donbás y un límite -aún por definirse- del ejército ucraniano bajo la obligatoriedad que se lo desnazifique, esto es, que los batallones neonazis y de mercenarios no formen parte en operaciones militares de Ucrania en contra de Rusia.
No cabe duda que el interés y la preocupación del presidente norteamericano Donald Trump ha sido que se mitiguen riesgos inaceptables de proseguir la guerra de desgaste en el este de Ucrania. La portavoz de la Casa Blanca Karoline Leavitt ha indicado que: “… el presidente Trump es optimista y que durante diez meses viene hablando con las dos partes [Rusia y Ucrania] y que su deseo es que la guerra termine”. De igual forma enfatizó que: “… el presidente Trump está trabajando con los dos lados” y que, sobre las pretensiones de ciertos líderes europeos: “…no saben de lo que están hablando, […] están impulsando sus propias agendas, […] no quieren que esta guerra llegue a su fin y que […] tal vez ellos se están aprovechando de esa situación”. El mensaje es claro y preciso, la administración republicana busca la paz y trabaja en ello para dejar atrás, lo que aseguran es la “Guerra de Biden”.
Entre los factores adicionales que aceleraron el interés de Estados Unidos de terminar la guerra fueron las onerosas contribuciones económicas al régimen de Kiev que, fueron saqueadas en cientos de millones de dólares en conocidos casos de corrupción en la administración del presidente Volodimir Zelensky. Las continuas purgas en su gabinete terminaron por exacerbar los ánimos en Washington al comprobar que el dinero de sus contribuyentes era robado por la propia administración ucraniana sin ningún escrúpulo; el más reciente relacionado con el desvío de fondos por parte del ministro de Energía.
Diplomacia activa del secretario de Estado de Estados Unidos Marco Rubio
El secretario de Estado de Estados Unidos Marco Rubio señaló el 24 de noviembre en Ginebra – Suiza que, “… se ha hecho un gran progreso”. De los 26-28 puntos de negociación se han debatido y estimo consensuado 16 puntos, eso demuestra los acuerdos mínimos entre Estados Unidos y Ucrania. Días atrás, el secretario Rubio indicó que: “… ya no hay que más sancionar [a Rusia]”; de ahí su interés en impulsar las negociaciones de paz.

Por su parte, el asesor de Política Exterior del Kremlin Yuri Ushakov considera que, el alcance de las negociaciones en Ginebra por parte del secretario de Estado de Estados Unidos es aceptable y en cuanto a los términos de dichas conversaciones están sujetas a discusión y consideración dando un aval positivo.
Trump – Unión Europea
Es necesario mencionar que el Plan de Paz elaborado por la Casa Blanca en conjunto con el Kremlin hace suponer que Estados Unidos abandonaría a su suerte a la Unión Europea al existir señales de entorpecer las negociaciones. En ese aspecto, la administración republicana demostrará contundencia y/o la posible imposición de restricciones al comercio europeo pese a la reciente suscripción del Acuerdo Comercial entre Washington y Bruselas semanas atrás. El presidente Trump no dudará en aplicar mano dura a Europa si opta por no acatar sus disposiciones las cuales salvarán vidas y reducirán los ataques con misiles y drones en ambos frentes de batalla. Estimaciones americanas indican que semanalmente mueren en combate entre 5.000 y 8.000 combatientes.
El mandatario estadounidense ha enfatizado que ni Ucrania ni la Unión Europea tienen “cartas” para intervenir en la solución el conflicto bélico. La realidad les supera a Ucrania y a la Unión Europea, incluso ni la Organización de las Naciones Unidas ONU ha solicitado ser tomada en cuenta en los diálogos de paz pese a ser el organismo intergubernamental más importante del mundo.
En ese contexto, es indudable que, el presidente Trump demuestra una genuina y auténtica preocupación por la seguridad y estabilidad de Europa al resolver una guerra que se encuentra al otro lado del mundo. Y bueno, como nada es gratis en esta vida, Washington esperaría iniciar la explotación de los yacimientos de tierras raras en Ucrania como consecuencia del acuerdo entre Estados Unidos y Ucrania para que se recupere todo el dinero erogado por la administración demócrata de Joe Biden al régimen de Kiev.
Es necesario indicar que, el gobierno estadounidense suspenderá la ayuda militar a Kiev, inteligencia satelital y electrónica, logística, entrenamiento, repuestos, munición; esto como demostración de que las negociaciones no deben tener obstáculos de por medio en el campo de batalla.
En esa misma línea, y ante un hipotético conflicto nuclear entre Estados Unidos y Rusia, para el gobierno norteamericano sería inconcebible la destrucción de Europa, no sólo por el ámbito geográfico sino por el ámbito comercial, esto es, no por cuestiones filantrópicas.
Washington no estaría en condiciones de reconstruir Europa nuevamente, así como lo hizo a concluir la Segunda Guerra Mundial. En fin, un posible Plan Marshall II para la reconstrucción de Europa sería inconcebible en el actual contexto de recesión global e inflación. Como lo abordaré posteriormente Estados Unidos prevé enfrentarse con China en el Pacífico en protección de Taiwán.
Retomando las reacciones de resignación en las capitales europeas por la rendición del régimen de Kiev, es oportuno preguntarnos ¿Por qué la Unión Europea quiere boicotear la paz? Úrsula von der Leyen se contradice al mencionar que Ucrania debe tomar decisiones sobre su soberanía, pero como representante de la Unión Europea pide una silla en las negociaciones de paz.
Es curioso escuchar la facilidad con la cual se atribuye éxito en los diálogos de paz en Ginebra cuando el Plan de Paz lo debaten americanos y rusos; la llamada Paz justa y duradera para Europa. Asimismo, las élites europeas consideran a Ucrania de importancia para Europa, pero no le permitirán su ingreso a la Unión Europea por ser el país más corrupto del mundo según el presidente Donald Trump y su ex asesor de Seguridad Nacional John Bolton, ni tampoco la aceptarán en la OTAN, ya que es un país problemático; incluso frente a cualquier discurso de motivación y respaldo en su favor, es conocido que por ley, la OTAN no puede acoger a un país que mantiene conflictos bélicos ya que ello, activaría el artículo 5 correspondiente a la seguridad colectiva de la Alianza Atlántica.
Además, según el ministro de Exteriores de Hungría Péter Szijjartó ha señalado que, la escalada empeora la seguridad, economía y la cuestión humanitaria europea. Agrega que, “… Ucrania y Europa ya han perdido demasiado en la guerra”. No hay ninguna mejora si se prolonga la guerra; para ello hay que tener en cuenta el inicio del invierno en Ucrania y la seguridad – garantía del servicio de luz eléctrica y gas para calefacción.
Por su parte, el canciller alemán Friedrich Merz se ha mostrado en contra de la paz y más bien ha dicho que hay que fortalecer a Ucrania. Aquello con una clara connotación por la suspensión de ordenes de compra a la compañía Rheinmetall y sus perspectivas de negocio en venta de armamento militar a Kiev. Son curiosas sus declaraciones cuando afirma que está en favor de la soberanía europea cuando se debe hablar de la soberanía ucraniana y la restricción a la amenaza potencial del improbable y peligroso ingreso de Ucrania a la OTAN en desmedro de la seguridad de Rusia.
Finalmente, el primer ministro polaco ha restado importancia a la relevancia del Plan de Paz de Estados Unidos y Rusia tachándolo de: “…trampa, manipulación rusa”. Sin comentarios al respecto. Sólo una cosa más, Estados Unidos ha demostrado que puede tomar decisiones sin contar con las élites europeas, es más, no las necesita ya que el país norteamericano es una de las tres potencias mundiales, conjuntamente con China y Rusia, en los ámbitos comercial, energético y militar.

Los resultados favorables a la paz en el este de Ucrania para la administración estadunidense conducirán a reducir la inflación que golpea su economía al restablecer el comercio de petróleo. Además, el presidente Trump aspira resolver hasta fin de año el cambio de régimen en Venezuela al considerarlo a su presidente como líder del Cártel de los Soles. También se debe tomar en cuenta que Estados Unidos se enfoca en la protección de Taiwán y el aseguramiento de la producción y transporte de chips. No cabe duda que, Estados Unidos se enfrentará con China en defensa de Taiwán y pretende disponer de todos sus recursos operativos para dicho enfrentamiento y para la protección del comercio y
rutas marítimas en el Indo – Pacífico.
Es necesario mencionar que, el parlamento ucraniano, la Rada, debe derogar la ley que prohíbe las negociaciones con Rusia. Conforme hemos visto las negociaciones de paz las realiza directamente Estados Unidos con Rusia y no Rusia con Ucrania. Pese a ello, el Plan de Paz de 28 puntos lo han discutido el 24 de noviembre en Ginebra los gobiernos de Washington y Moscú. Además, la firma de la paz debe contar con reformas en la Constitución Política de Ucrania, ya que señala a su territorio como indivisible. No cabe duda que el Plan de Paz aprovecha el debilitamiento del gobierno de Zelensky por la corrupción institucional que constituye parte esencial de su vida política.
En suma, de continuar la dinámica constructiva de las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia, estaríamos cerca del fin a la “Guerra de Biden”, Rusia regresaría a los mercados globales, se desmantelarían los 19 paquetes de sanciones, se lo readmitiría al sistema Swift de pagos, recuperaría territorio estratégico; aquí una precisión, el Donbás fue el centro industrial soviético y se haría con recursos naturales en la zona: grandes reservas de carbón, litio, titanio, grafito, yacimiento de esquisto.
Esperemos que muy pronto se suscriba el Acuerdo de Paz y se restablezca la armonía en el este de Europa, no sólo para la seguridad y estabilidad de los países beligerantes sino también para el normal desarrollo de los mercados globales.
Abogado & Máster en Relaciones Internacionales. Docente de Geopolítica, Sociología y Realidad Nacional en la Escuela Superior Militar “Eloy Alfaro”.
Instructor de Geopolítica contemporánea en la Universidad de las Fuerzas Armadas – ESPE. Profesor de Maestría en Geopolítica contemporánea en la Academia de Guerra del Ejército – Universidad de las Fuerzas Armadas ESPE.
Conferencista de la Academia de Guerra Aérea AGA de la Fuerza Aérea Ecuatoriana FAE. Autor del libro “Realpolitik. El orden mundial detrás del conflicto en el este de Ucrania” publicado bajo el sello Editorial Planeta.








