Los beneficios de la automatización se concentran en inversionistas de capital y una élite tecnocrática, mientras empleados administrativos y ejecutivos de atención al cliente enfrentan una crisis existencial.
Las nubes del monzón pueden traer alivio al calor sofocante de India, pero la nube de la inteligencia artificial agentica (IA) sobre los lugares de trabajo puede arrasar con muchos empleos. Las grandes consultoras la presentan como el futuro del trabajo, pero en realidad amenaza los medios de vida, erosiona el contrato social y vacía las identidades profesionales y personales.
El reciente informe de McKinsey sobre una supuesta armonía entre trabajadores humanos y mano de obra digital autónoma es alarmante para India. La realidad es mucho más oscura. La llegada de agentes de IA autodirigidos implica una reorganización radical del tejido socioeconómico, con desempleo masivo, aumento de la desigualdad y pérdida de dignidad humana.
En un país con alrededor de 380 millones de personas en la fuerza laboral, incluso una pérdida modesta de empleos tendría efectos devastadores. Además, cada año se suman 12 millones de jóvenes al mercado de trabajo. La proyección global de McKinsey —23 % de roles transformados, 83 millones de puestos eliminados contra 69 millones creados— significa millones de indios fuera de nómina a medida que las empresas automatizan tareas deterministas.
Tomemos como ejemplo una oficina bancaria de primer nivel, donde los agentes de IA con capacidad de orquestación ya están reemplazando a empleados encargados de conciliaciones, detectando anomalías y corrigiéndolas automáticamente. Cuando la “mano de obra digital” se convierte en objetivo de recorte, miles de hogares urbanos sienten el golpe del desempleo sin redes de seguridad que los amparen.
La creciente clase media, sostenida por la expansión del sector servicios, corre el riesgo de fragmentarse. Los beneficios de la automatización se acumulan en inversionistas y tecnócratas, mientras trabajadores experimentados son desplazados. La tecnología financiera y la “gigificación” mediante apps ya han desestabilizado los ingresos estables.
El avance de la IA agentica
La IA agentica ahora amenaza empleos de cuello blanco al programar entrevistas, seleccionar candidatos y redactar evaluaciones de desempeño. Esto divide la fuerza laboral en una élite digital privilegiada y una mayoría relegada a trabajos precarios o desempleo crónico.
Desde ingenieros de software hasta ejecutivos de call centers, el trabajador indio siempre se ha destacado por su capacidad de resolver problemas. Pero los sistemas agenticos se apropian de las decisiones rutinarias, relegando a los humanos a meros supervisores que aprueban lo que la IA genera.
Como señaló Wired, en tareas deterministas como resolución de tickets o depuración de código, la IA agentica ya sustituye el juicio humano, degradando la creatividad y el sentido de propósito de los trabajadores, que terminan reducidos a cumplir con algoritmos.
Modelos generativos entrenados en corpus angloparlantes pueden marginar sistemáticamente a dialectos locales. Agentes de reclutamiento pueden penalizar a candidatos con nombres no ingleses o trayectorias atípicas.
En un país que busca democratizar oportunidades, aplicar IA agentica sin control en recursos humanos y desempeño puede cristalizar la inequidad. Sin auditorías transparentes, se perpetúan sesgos, premiando perfiles digitales homogéneos en lugar de valorar la diversidad del talento indio.
Los bucles autónomos también amenazan la ciberseguridad. Un agente en un centro de datos puede consumir datos desactualizados, detectar amenazas inexistentes y activar respuestas erróneas, ignorando vulnerabilidades reales. La investigación antimonopolio en Italia contra DeepSeek muestra que estas “alucinaciones” pueden causar daños legales y reputacionales. Una mala decisión de un agente automatizado puede causar filtraciones de datos o afectar la seguridad nacional.
La confianza en las instituciones indias es frágil. Cuando agentes opacos deciden sobre créditos, becas o entrevistas migratorias, la rendición de cuentas desaparece tras capas de algoritmos. Muchos empleados desconfían de la IA y repiten tareas manualmente, anulando cualquier ganancia en eficiencia. Esto debilita la confianza en la tecnología y en el liderazgo, fomentando el cinismo.
La cohesión social y el bienestar psicológico en India se apoyan en el sentido de propósito que brinda el trabajo. Si los agentes de IA reemplazan interacciones humanas como mentorías o resolución de conflictos, el entorno laboral se vuelve frío y mecánico.
El aislamiento y el agotamiento mental resuenan desde los barrios marginales hasta los polos tecnológicos, donde trabajadores desplazados caen en la desesperanza sin seguridad social, generando una crisis de salud mental sin precedentes.
A pesar de algunas pautas del programa Digital India y proyectos de ley incipientes sobre protección de datos, la regulación es insuficiente para controlar la autonomía de la IA. No hay exigencias legales sobre explicabilidad, auditorías de sesgo ni pruebas de seguridad. Sin legislación firme, con trazabilidad, divulgación de impactos y certificación en ciberseguridad, las empresas seguirán monetizando la IA sin importar el daño social.
Además, el impacto climático de la IA agentica no es menor: entrenar modelos tipo GPT emite cientos de toneladas de CO₂. India ya sufre contaminación severa y redes eléctricas saturadas, y no puede sostener el crecimiento exponencial del consumo energético de los centros de datos.
Políticas centradas en el ser humano
Gobierno y empresas deben superar la falsa dicotomía entre humanos y agentes. Deben diseñar ecosistemas centrados en las personas: invertir en reconversión laboral masiva para roles que requieran inteligencia emocional y criterio ético; imponer auditorías transparentes para detectar sesgos; aplicar estándares sostenibles para mitigar el impacto ambiental.
Es urgente aprobar la Ley de Protección de Datos Personales y el Marco de Gobernanza de la IA, que reconozcan el derecho a impugnar decisiones automatizadas y exijan transparencia algorítmica.
El reloj avanza. India está al borde de un cataclismo inducido por la IA, mientras las grandes consultoras seducen a CEOs con promesas vacías, vendiendo la IA agentica como panacea de eficiencia.
McKinsey y sus pares no solo predicen el futuro: lo fabrican, promoviendo la automatización mientras erosionan los contratos sociales que sostienen sociedades estables. En su lógica, los centros de costos deben eliminarse y la mano de obra digital nunca pide aumento. Eso no es transformación: es explotación disfrazada de innovación.
Cuando McKinsey diga “dejen que los agentes trabajen”, asegúrese de que no signifique “¡que los humanos se vayan!”
Nota: esta es un artículo republicado del medio «The Wire» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.














