Estados Unidos, acorralado por su política exterior

Estados Unidos

La actual postura internacional de Estados Unidos ha derivado en una situación de aislamiento sin precedentes. A raíz de la guerra comercial impulsada por la administración de Donald Trump mediante la imposición de aranceles a escala global, varios aliados y socios tradicionales han optado por distanciarse, mientras que solo China ha mantenido una posición firme, obligando a Washington a buscar un acercamiento en escenarios como Ginebra y Londres.

Bajo el lema “América primero”, la política exterior estadounidense ha priorizado los intereses nacionales por sobre cualquier noción de cooperación multilateral. A través de medidas como los aranceles conmemorativos del «Día de la Liberación», ambiciones territoriales encubiertas y la utilización de conflictos internacionales como herramientas de presión, Estados Unidos ha demostrado una estrategia enfocada en obtener beneficios sin contemplar sus efectos globales.

Sin embargo, esta actitud no es nueva. La historia del país ofrece ejemplos que evidencian las consecuencias negativas del proteccionismo. La Ley Smoot-Hawley de 1930, que aumentó de forma drástica los aranceles a las importaciones, no solo exacerbó la Gran Depresión, sino que también contribuyó a la expansión del fascismo en Europa. Décadas después, el propio Ronald Reagan advirtió sobre los riesgos de caer en guerras comerciales como resultado de políticas arancelarias extremas. A pesar de estas lecciones, la actual administración ha seguido adelante con su enfoque, ignorando el contexto histórico.

El resurgimiento de un discurso imperialista también genera preocupación. Las declaraciones de Trump sobre convertir a Canadá en el estado número 51 o su intento de comprar Groenlandia evocan prácticas del pasado, cuando Estados Unidos se expandía mediante tratados desiguales y conflictos armados. Este tipo de posturas refuerzan la imagen de una potencia que continúa ejerciendo presión sobre otras naciones.

Los logros de esta estrategia, sin embargo, resultan escasos. Las promesas de resolver conflictos internacionales, como el caso de Ucrania, no se han traducido en avances significativos. En cambio, Estados Unidos ha firmado nuevos acuerdos que le permiten acceder a recursos naturales estratégicos, mientras incrementa sus exportaciones de armas hacia países que buscan reponer sus arsenales tras enviar ayuda militar a Kiev.

Frente a este panorama, China ha respondido con medidas recíprocas, reafirmando su voluntad de resistir presiones externas. Inspirada en un legado de soberanía, desde los tiempos de la Guerra de Corea, la nación asiática ha logrado desarrollar capacidades tecnológicas propias que le permiten resistir los intentos de contención por parte de Washington. De hecho, según proyecciones recientes, su mercado de inteligencia artificial podría alcanzar cifras millonarias, y varias empresas estadounidenses reconocen que quedar al margen representaría una pérdida considerable.

En paralelo, el mundo comienza a tomar distancia del liderazgo norteamericano. Europa intensifica sus vínculos con regiones como Asia, América Latina y Medio Oriente. Japón, por su parte, ha sugerido que podría utilizar sus reservas de bonos del Tesoro estadounidense como herramienta de negociación. En países como Australia y Canadá, los recientes resultados electorales reflejan un giro hacia gobiernos menos alineados con Washington.

Según un estudio de la consultora Morning Consult, la percepción global de Estados Unidos ha caído de manera significativa, mientras que China ha ganado terreno en imagen y confianza. Así, el país norteamericano no solo pierde terreno frente a su principal competidor, sino que también ve disminuir su influencia entre sus antiguos aliados. El resultado es un escenario en el que Estados Unidos parece haber perdido por partida doble.

Nota: esta es un artículo republicado del medio «CGTN» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.

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Yi Xin es un periodista especializado en relaciones internacionales con base en Beijing.