Papa Francisco: compasión en un mundo complejo

Papa Francisco

Hoy, el Papa Francisco, conforme a su deseo, será enterrado en Santa María la Mayor y no en San Pedro. Este sencillo deseo personifica el carácter de uno de los hombres más santos de nuestro tiempo.

En un mundo cada vez más caracterizado por la división, la desconfianza y la desilusión, el Papa Francisco se erige como una figura imponente de claridad moral y humilde compasión. Desde su elección en 2013 como el 266º Obispo de Roma, Jorge Mario Bergoglio —el primer papa de América y el primer jesuita en asumir el papado— redefinió lo que significa ser un líder espiritual en el siglo XXI.

Su pontificado no ha estado marcado por la grandeza ni por el dogma, sino por un compromiso inquebrantable con la humanidad, la misericordia y la justicia social.

El Papa Francisco devolvió un renovado sentido de relevancia a la Iglesia Católica, no alterando sus enseñanzas fundamentales, sino cambiando su tono: de uno de juicio a uno de amor. Al hacerlo, ha hecho que la Iglesia sea más accesible para millones de personas que antes se sentían alejadas por su rigidez.

Con su radical humildad rompió con tradiciones de siglos al elegir vestimentas papales más sencillas, rechazar el opulento Palacio Apostólico y optar por un modesto apartamento en la Casa Santa Marta del Vaticano, además de pagar personalmente la cuenta de su hotel tras su elección. Así envió un mensaje claro: este es un papa que lidera no desde un trono, sino desde entre el pueblo.

El énfasis del Papa Francisco en la inclusión ha sido quizás el aspecto más revolucionario de su pontificado. Ha defendido constantemente a los marginados —desde los pobres y los refugiados hasta la comunidad LGBTQ+ y los presos—. Su célebre frase “¿Quién soy yo para juzgar?”, en referencia a los católicos homosexuales, marcó un alejamiento significativo de la postura tradicionalmente dura de la Iglesia y generó una conversación global sobre la aceptación y la dignidad.

En sus encíclicas y discursos públicos, Francisco ha articulado una profunda visión de justicia social que integra el cuidado de los pobres, la protección del medio ambiente y la construcción de la paz. Su encíclica de 2015, Laudato Si’, un apasionado llamado a la acción ambiental y una crítica al exceso consumista, fue aclamada en todo el mundo. En un solo acto, convirtió la sostenibilidad ambiental y la degradación ecológica en un tema científico que concierne a todos.

Papa Francisco

Una y otra vez, llamó a los líderes mundiales a abordar las injusticias estructurales que perpetúan la pobreza y el conflicto. Condenó el comercio de armas, la trata de personas y los sistemas económicos que priorizan el lucro sobre las personas. En un discurso ante el Congreso de los Estados Unidos en 2015, evocó a Abraham Lincoln, Martin Luther King Jr., Dorothy Day y Thomas Merton, una alineación llamativa que subrayó su deseo de vincular la fe con la responsabilidad civil y la gobernanza ética.

El Papa Francisco también surgió como una rara voz moral en la diplomacia internacional. Jugó un papel clave en la restauración de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, y ofreció repetidamente al Vaticano como un terreno neutral para el diálogo y la reconciliación en regiones asoladas por la violencia, como Siria, Sudán del Sur y Ucrania. En tiempos en los que incluso las democracias se veían desafiadas, la voz de Francisco tenía peso. En una época de polarización política, autoritarismo creciente e inestabilidad global, Francisco ofreció una visión de unidad basada en la humanidad compartida. No predicaba la perfección, sino la perseverancia en el amor. Su lenguaje, muy similar al de Gandhi, no era el de la condena, sino el del acompañamiento: caminar junto a los demás, no por delante de ellos.

Sus visitas papales estuvieron marcadas por momentos profundamente personales: besar los pies de prisioneros, abrazar a niños con discapacidad, consolar a refugiados. Estos actos no eran meramente ceremoniales, sino coherentes con una vida entera de servicio. Antes de ser papa, Bergoglio era conocido en Buenos Aires por viajar en metro y visitar villas de emergencia: un sacerdote entre el pueblo. Ha llevado ese espíritu al Vaticano, recordándole al mundo que el verdadero liderazgo se basa en la cercanía y la empatía.

Sin embargo, Francisco también tuvo sus críticos. Los tradicionalistas dentro de la Iglesia se resistieron a sus reformas y a su apertura percibida. Su decisión de permitir que los obispos locales tuvieran mayor discreción en temas como el acceso a la comunión de católicos divorciados y vueltos a casar provocó debates teológicos. Resultaba difícil desafiar mentalidades forjadas a lo largo de siglos. Pero Francisco no se dejó desanimar, eligiendo el diálogo en lugar del decreto, y la compasión en lugar de la rigidez.

Papa Francisco

Más allá de la reforma institucional, quizás el mayor regalo del papa haya sido su capacidad para reavivar la esperanza. La espiritualidad de Francisco es profundamente ignaciana, inspirada en la tradición jesuita del discernimiento y la acción social. Es una espiritualidad que abraza la duda y la lucha como parte de la fe. Esto resuena profundamente en una generación desencantada con el dogma pero sedienta de sentido. Para los jóvenes, especialmente, el Papa Francisco representa una rara figura moral que habla con credibilidad sobre los temas que les preocupan: la justicia climática, la migración, la paz y la dignidad.

Al mirar hacia el futuro, el legado del Papa Francisco ya comienza a tomar forma. Puede que no haya reescrito la doctrina, pero sí ha reorientado a la Iglesia hacia las periferias. Ha recordado al mundo que la religión, en su mejor versión, no trata de excluir, sino de abrazar. En un mundo donde las voces más estridentes suelen sembrar división, el Papa Francisco continúa susurrando un mensaje diferente: misericordia, humildad y esperanza.

En el vasto recorrido de la historia, pocas figuras religiosas han logrado tocar tantas vidas a través de tantas divisiones. El Papa Francisco es una de esas figuras. Su pontificado no es simplemente un capítulo en la historia de la Iglesia; es un capítulo en la historia moral de nuestra época. Y por ello, el mundo —no solo los católicos— le debe una profunda gratitud.
A medida que los cardenales electores se reúnen para elegir al nuevo Papa, esperamos y rezamos para que el nuevo pontífice mantenga vivo el legado del Santo Padre.

Es triste que, según lo informado por tres arzobispos en India, Francisco, a pesar de su entusiasmo por visitar ese país, no haya podido hacerlo.

Nota: esta es un artículo republicado del medio «The Wire» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.

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Najeeb Jung es ex rector de Jamia Millia Islamia y ex vicegobernador de Delhi. Actualmente es presidente del Instituto de Estudios Avanzados de Asia.