Desatando el bambú: una solución basada en la naturaleza

Bambú China

Los plásticos son fundamentales en nuestra vida moderna, utilizándose en todo, desde envases y construcción hasta textiles y bienes de consumo. Son económicos y versátiles, pero conllevan costos ambientales significativos. La producción global anual de plástico se ha disparado en el siglo XXI, aumentando entre 2000 y 2019 de 234 millones de toneladas a 460 millones de toneladas. Hasta 2019, solo el 19 % de ese plástico fue incinerado –y apenas el 9 % se recicló. La mayor parte se desecha en vertederos o se libera al ambiente. Los plásticos, además, liberan sustancias químicas nocivas que contribuyen a la “triple crisis planetaria” del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación.

Asimismo, los plásticos emiten gases de efecto invernadero a lo largo de todo su ciclo de vida. Se proyecta que estas emisiones representarán el 15 % de nuestro presupuesto global de carbono para el 2050. Mientras tanto, tanto los ecosistemas terrestres como los marinos se están saturando de montañas de residuos plásticos. Se estima que, solo en 2016, entre 19 y 23 millones de toneladas de plástico ingresaron a los ecosistemas acuáticos.

Se están realizando esfuerzos para abordar esta crisis. El Comité Intergubernamental de Negociación de la ONU sobre la Contaminación Plástica trabaja en el desarrollo de un tratado legalmente vinculante sobre este problema. Además, se han implementado medidas regionales y nacionales, como la prohibición de plásticos de un solo uso comunes en la Unión Europea en 2021, así como regulaciones sobre bolsas plásticas en al menos 127 países. Por otro lado, investigadores exploran materiales de baja emisión de carbono y de origen biológico, conocidos como “bioplásticos”, para sustituir a los plásticos derivados de combustibles fósiles. Sin embargo, aún existen desafíos relacionados con la durabilidad, los componentes no degradables y los costos asociados a los bioplásticos. El bambú es una variante de bioplástico prometedora. Crucialmente, el bambú puede sustituir muchos plásticos de un solo uso, como pajillas, cubiertos, vasos, tazones y envases de alimentos. Estos artículos se encuentran entre los que más emisiones generan y de los más difíciles de reciclar, representando entre el 30 % y el 50 % del uso total de plásticos.

“Como solución basada en la naturaleza, el bambú ofrece opciones diversificadas para reemplazar los plásticos”, afirma mi colega Li Yanxia, oficial superior de programas en la Organización Internacional de Bambú y Rattan (INBAR).

Esta organización intergubernamental, con 51 Estados miembros, tiene su sede en China y emplea métodos de investigación modernos y tecnologías de punta para abrir nuevas vías de innovación y generación de valor.

“Oro verde”

China ha trabajado con el bambú durante 7,000 años. Tradicionalmente, esta planta se ha utilizado para fabricar puntas de flecha, cestas, plumas, papel, pergaminos, zapatos, alimentos y materiales de construcción. Hoy en día, contando con 7.5 millones de hectáreas de bosques de bambú, las avanzadas industrias manufactureras y de procesamiento del país generan miles de millones de dólares: el valor total de la producción de bambú en China para 2023 fue de 541 mil millones de CNY (75 mil millones de USD). Esto le ha valido al bambú el nombre internacional de “oro verde” por su capacidad para impulsar el desarrollo económico sostenible.

“En China, la investigación, el desarrollo y las aplicaciones industriales de plásticos a base de bambú han experimentado un rápido crecimiento en los últimos años”, comenta Changhua Fang, profesor en el Centro Internacional de Bambú y Rattan (organización hermana de investigación técnica de INBAR). “Especialmente en los sectores de productos de uso diario y suministros para el sector de la restauración, se han desarrollado e industrializado muchos nuevos productos.” Entre ellos se incluyen bicicletas de bambú, fundas para teléfonos, palas para turbinas eólicas y componentes estructurales.

Bambú China

Lo que distingue al bambú de otros materiales es su capacidad para abordar de manera sinérgica desafíos globales como la mitigación del cambio climático, la reducción de la pobreza, la conservación del medio ambiente, la resiliencia en la construcción y, ahora, la contaminación plástica.

Además de su capacidad para sustituir a los plásticos de un solo uso, la planta puede actuar potencialmente como un poderoso sumidero de carbono. Y, como herramienta comprobada en la restauración de tierras, el bambú puede prosperar en terrenos marginales y degradados con mínimos insumos agrícolas. También crece rápidamente y consolida los suelos gracias a las extensas redes de rizomas (tallos subterráneos gruesos) que establece. Recientemente, el bambú apareció en las noticias tras las inundaciones en Pakistán y los terremotos en Ecuador, debido a que es un material fuerte, de bajo costo y resiliente para los esfuerzos de reconstrucción post-desastre.

Bambú como sustituto del plástico

En los últimos años, China ha lanzado varias iniciativas y planes para aprovechar el potencial del bambú como alternativa al plástico.

En 2022, INBAR colaboró con el gobierno chino para lanzar la Iniciativa «Bambú como Sustituto del Plástico» (BASP). Esta iniciativa tiene como objetivo aprovechar el bambú para reducir la contaminación plástica, combatir el cambio climático y acelerar el cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU. El objetivo último de BASP es fomentar nuevos paradigmas y modelos a lo largo de toda la cadena de productos de bambú que puedan reemplazar a los plásticos.

El gobierno chino ha adoptado varias medidas de apoyo para facilitar la implementación de BASP.

En 2023, la Administración Nacional de Bosques y Pastizales de China y INBAR coorganizaron el Primer Simposio Internacional sobre el Bambú como Sustituto del Plástico. Durante el evento, se presentó el plan de acción global de BASP, que constituye el marco principal para coordinar y ampliar la acción internacional de la iniciativa, complementado por un plan de acción nacional para China.

El plan chino se centra en tres áreas principales de sustitución del plástico: artículos de primera necesidad, productos industriales y la arquitectura y materiales de construcción. Además, para 2025 se propone: establecer un sistema industrial preliminar de bambú en sustitución del plástico; aumentar en más del 20% el valor agregado integral de los principales productos de bambú destinados a reemplazar el plástico, en comparación con las cifras de 2022; y mejorar en un 20% la tasa de utilización integral de los materiales de bambú.

Alcanzar este objetivo requerirá una alta coordinación multisectorial y un sólido apoyo gubernamental. Li cree que esta ambiciosa meta es alcanzable bajo las condiciones adecuadas, ya que se necesitan “esfuerzos conjuntos de todas las partes interesadas y actores, basados en sus capacidades, conocimientos y tecnologías, para perseguir y cumplir los objetivos de vencer la contaminación plástica.”

Un ejemplo de esto en la práctica se encuentra en el condado de Anji, en la provincia de Zhejiang, al este de China. A pesar de contar con solo el 1,8% de los recursos nacionales de bosques de bambú, Anji es responsable del 10% del valor total de la producción nacional. La zona alberga un centro sostenible de producción y procesamiento de bambú que integra ecoturismo, alimentación y negocios de biocombustibles. Esto pone de relieve cómo una sólida coordinación industrial, el apoyo del gobierno y la participación pública pueden impulsar el desarrollo regional del bambú en sustitución de los plásticos tradicionales.

Bambú China

Con las políticas de fomento y los marcos empresariales adecuados, podrían surgir clústeres similares en otras regiones del Sur Global ricas en bambú. “Las industrias de sustitutos del plástico a base de bambú en otros países aún están en sus inicios y pueden aprender de la experiencia de China”, afirma Fang.

Para estos países, establecer una estrategia nacional es una prioridad máxima. Esto alineará a las partes interesadas del sector y garantizará un crecimiento cohesionado. Dentro de sus contextos específicos, los países deberían desarrollar una política nacional que incorpore diversos mecanismos de incentivos fiscales: exención de impuestos para pequeñas y medianas empresas; reembolsos fiscales en equipos, herramientas y maquinarias importadas; y procedimientos simplificados para la importación de materiales. Tales medidas ayudarán a atraer inversiones y a fortalecer las cadenas de valor del bambú.

Viabilidad internacional de las cadenas de producción del bambú

En 2023, INBAR lideró un importante proyecto piloto internacional para evaluar las cadenas de valor del bambú, el cual se espera concluya el próximo año. Este proyecto investiga genes, cultivos, propiedades de los materiales, productos y evaluaciones del ciclo de vida en seis países, que representan áreas ricas en bambú a lo largo de las zonas tropical y subtropical: Vietnam, Malasia, Etiopía, Camerún, Ecuador y Brasil.

Hasta el momento, los investigadores han estudiado varias especies de bambú de alto rendimiento, incluyendo Oxytenanthera abyssinica, Guadua angustifolia (“Kunth”) y Thyrsostachys oliveri (“Gamble”), en términos de tasa de crecimiento, características estructurales, interacciones génicas y más. Además, se ha traducido al inglés un manual de cultivo de Oxytenanthera abyssinica para orientar la formación, difundir conocimientos y aumentar su presencia en África. También se han realizado encuestas para identificar cuáles productos plásticos son adecuados para ser sustituidos. En Etiopía, que cuenta con un marco de política nacional sobre el bambú, estos productos incluyen persianas, bolsos y películas de embalaje.

El comercio global juega un papel vital en esta iniciativa, respaldado por recursos como UN Comtrade, una base de datos integral para el seguimiento de los flujos del comercio internacional. Sin embargo, antes de 2017, el bambú estaba mal clasificado como madera. Esto se debía a la falta de códigos precisos del Sistema Armonizado (HS), que constituyen un sistema numérico internacional para clasificar mercancías y determinar aranceles. El año 2018 marcó la primera vez en que los nuevos códigos HS se implementaron en su totalidad, incluyendo categorías para productos tejidos, materiales de construcción y más. Esto permitió a los países reportar de manera precisa su comercio de bambú.

Estos nuevos datos son sumamente valiosos. Revelaron que la menaje de mesa y utensilios de cocina son las mercancías de bambú más comercializadas, seguidos de productos de uso diario como los mondadientes. Esta información permite mapear con precisión los flujos del comercio internacional, lo que ayuda a los responsables de la toma de decisiones a identificar los mercados a los que deben destinar sus recursos para lograr el máximo impacto. Además, sirve como una «prueba de concepto», ya que las cifras revisadas muestran que las mercancías de bambú se comerciaron a casi el doble del valor en dólares estimado anteriormente, pasando de 1.700 millones de USD en 2017 a 3.200 millones en 2018. Esto sugiere una mayor aceptación del bambú como producto ecológico de lo que se pensaba, lo cual es fundamental para transformar la percepción pública de la planta.

El cultivo a gran escala del bambú podría generar preocupaciones ecológicas y forestales. El tipo de sistema de gestión, la selección de especies y la biodiversidad local pueden determinar resultados muy diferentes. En términos generales, el bambú puede prosperar en sistemas agroforestales, en la silvicultura (gestión de recursos forestales), en el cultivo asociado y en enfoques de economía circular, todos los cuales fomentan la biodiversidad y permiten la plantación de otros cultivos forestales. Estas prácticas también ofrecen beneficios económicos adicionales a los agricultores al diversificar sus fuentes de ingresos. Dado que el bambú puede crecer en terrenos subóptimos, contribuye a preservar los bosques locales y evita invadir la biodiversidad nativa. Sin embargo, estas acciones dependen de seleccionar especies no invasoras y de emplear técnicas de cultivo sostenibles.

Perspectivas a futuro

Aun así, persisten desafíos serios. Por ejemplo, muchos productos de bambú todavía se comercian utilizando códigos HS asignados a maderas, como es el caso del carbón de bambú y los suelos de bambú. Además, para acceder al mercado de la Unión Europea, que cuenta con regulaciones sobre importaciones libres de deforestación, el bambú debe cumplir con los mismos requisitos y estándares que la madera. No obstante, el bambú es una hierba y posee un patrón de crecimiento y un régimen de manejo completamente diferente al de los árboles, lo que impone una carga financiera onerosa a sus productores.

Reducir los aranceles sobre los productos de bambú también podría hacerlos más competitivos frente a los productos plásticos, los cuales ya gozan de aranceles más bajos.

Es fundamental que los actores de las organizaciones públicas, privadas y del tercer sector trabajen de manera coordinada para liberar los recursos financieros que ayudarían a las pequeñas y medianas empresas de bambú. Con el financiamiento adecuado, podrían escalar, perfeccionar y automatizar la producción, diseñar marcos políticos favorables y condiciones propicias, así como desarrollar estándares de calidad para los productos. Además, los agricultores y las comunidades rurales necesitan vínculos más accesibles y asequibles con sistemas de certificación externos y programas de capacitación. Paralelamente, las campañas públicas—ejecutadas en conjunto por el Estado, la sociedad civil y los medios—deben aumentar la concienciación de los consumidores sobre el papel del bambú en la reducción de la contaminación plástica.

Cualquier solución debe ser transfronteriza y, por lo tanto, de naturaleza multilateral para aprovechar el potencial del bambú. Con las iniciativas y los marcos adecuados, esta planta puede convertirse en la potencia que el mundo necesita para enfrentar los desafíos de nuestro tiempo.

Nota: esta es un artículo republicado del medio «Dialogue Earth» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.

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Austin Smith es un profesional de las comunicaciones con una maestría en antropología ecológica. Trabaja en la Organización Internacional de Bambú y Rattan.