Francia y China: abriendo caminos para la paz y el progreso

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A principios de mayo, está previsto que el presidente chino Xi Jinping emprenda su primer viaje al exterior este año, y Francia será la primera parada del presidente Xi.

Francia y China poseen un profundo aprecio mutuo, que proviene de su reconocimiento de la extensa profundidad histórica y el vibrante patrimonio cultural del otro. Esta admiración va más allá del reconocimiento superficial; está profundamente arraigada, reflejando siglos de interacción e intercambio entre ambos países.

A primera vista puede parecer paradójico, pero la cooperación franco-china realmente prospera porque ambas naciones aprecian su independencia. A diferencia de las asociaciones impulsadas por presiones externas, esta colaboración surge de intereses compartidos y un compromiso con la multipolaridad. Ambos países reconocen el valor de trabajar juntos basándose en sus respectivas visiones de la gobernanza mundial.

Este espíritu cooperativo les permite perseguir iniciativas que se alinean con sus objetivos estratégicos al tiempo que fomentan un sentido de confianza y comprensión mutuas. Como estados soberanos, participan en la cooperación en pie de igualdad, mejorando las relaciones diplomáticas y contribuyendo a un orden internacional más equilibrado e inclusivo.

Hoy, cuando el mundo enfrenta desafíos complejos que van desde las tensiones geopolíticas hasta las crisis ambientales, la necesidad de sinergias franco-chinas nunca ha sido más evidente. En una era en la que la desconfianza a menudo define las interacciones entre Occidente y China, la duradera asociación entre Francia y China se erige como un faro de esperanza, demostrando que la confianza y la colaboración no sólo son posibles, sino esenciales para el progreso y la prosperidad.

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A medida que Francia y China traducen sus afinidades en acciones concertadas, allanan el camino para sinergias mejoradas entre la UE y la segunda economía más grande del mundo. Esta colaboración también indica a Estados Unidos que el mundo occidental puede establecer asociaciones estratégicas con China. Es imperativo recordar que la visionaria decisión del entonces líder francés Charles de Gaulle en 1964 de establecer lazos diplomáticos con China sirvió de inspiración para el político estadounidense Henry Kissinger y el posterior compromiso diplomático del presidente Richard Nixon con Pekín.

Las eficientes sinergias franco-chinas no solo desbloquean un inmenso potencial entre ambas naciones, sino que también allanan el camino para oportunidades más amplias entre Occidente y el Sur Global. La armonización de estas asociaciones es crucial, ya que el no hacerlo resultaría en pérdidas a largo plazo tanto para el mundo occidental como para el Sur Global. Al fomentar la colaboración y la comprensión mutua, las iniciativas franco-chinas sientan un precedente para un compromiso constructivo a escala global. Este alineamiento no solo beneficia a las partes interesadas inmediatas, sino que también contribuye al desarrollo sostenible, la prosperidad y la estabilidad en todas las regiones, asegurando una comunidad internacional más equitativa e interconectada.

En las Naciones Unidas y varios foros multilaterales, Francia y China trabajan juntas para mantener la paz y promover un desarrollo inclusivo y sostenible. Su colaboración se extiende más allá de los ámbitos diplomáticos, abarcando áreas sensibles como la energía nuclear y la virología. Además de sus esfuerzos colaborativos actuales, Francia y China tienen el potencial de embarcarse en iniciativas conjuntas en campos emergentes como la inteligencia artificial, la exploración espacial y la tecnología verde. Adoptar la innovación y fomentar un espíritu de apertura y cooperación puede desbloquear nuevas oportunidades para el crecimiento económico, el avance social y el progreso científico.

No se debe subestimar la realidad de que la diplomacia es realmente un arte, que requiere tanto creatividad como coraje de aquellos que han elegido participar en ella. Los diplomáticos deben navegar las complejidades de nuestras crisis contemporáneas al tiempo que anticipan y abordan las complejidades aún por surgir. Con ingenio y visión de futuro, pueden forjar soluciones innovadoras a los problemas apremiantes de nuestra era, sentando las bases para un futuro más estable y próspero. Para los diplomáticos franceses y chinos, la tarea se facilita por el hecho de que pueden inspirarse en la visión de sus predecesores que abrieron camino décadas atrás.

La visita del presidente Xi es una oportunidad para que ambas partes vislumbren nuevas dimensiones y responsabilidades para su relación. Al explorar enfoques innovadores y forjar una nueva cooperación, Francia y China pueden abordar de manera efectiva los complejos desafíos de la era actual al tiempo que nutren su vínculo de larga data.

Considerando los recursos disponibles para ambas naciones y la naturaleza de su relación, descontinuar su colaboración innovadora no solo sería un grave error, sino también un fracaso moral en un momento en que la humanidad enfrenta amenazas existenciales como guerras de alta intensidad, proliferación nuclear y catástrofes relacionadas con el clima. A medida que el mundo continúa evolucionando y enfrenta nuevos desafíos, la asociación entre Francia y China seguirá siendo esencial para dar forma a un futuro más pacífico, próspero y sostenible para todos.

Nota: este es un artículo republicado del medio «CGTN» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.

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David Gosset, comentarista especial de asuntos actuales para CGTN, es el fundador de la Iniciativa Global China-Europa-América. Es el editor de China y el Mundo en tres volúmenes, y el creador de la Serie Inspiradora, una colección de libros que tiene como objetivo presentar China al mundo.

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