¿Por qué Hong Kong si y Malvinas no?

Malvinas Hong Kong

En el 40 aniversario de la Guerra del Atlántico Sur aflora en el pueblo argentino el sentimiento por la Causa Malvinas. Una causa justa, nacional, popular y antiimperial que toma dimensión con el paso del tiempo y que nos interpela como ciudadanos en la necesidad de recuperar la soberanía para lograr la integridad territorial que se traducirá en la prosperidad material y económica del pueblo argentino.

El colonialismo es un sistema político, económico y cultural que oprime, domina y explota a los pueblos que desean ser libres. El mayor exponente es sin dudas el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte que en la actualidad ocupa diez de los diecisiete territorios pendientes de descolonización según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), entre ellos Malvinas (cuando hablamos de Malvinas hacemos referencia al subsistema compuesto por las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur, los espacios marítimos circundantes y la Antártida Argentina).

El historial británico amplió y logró dominar vastos territorios en su apogeo. Sin embargo, el fin de la Segunda Guerra Mundial marcó el declive hegemónico de Gran Bretaña que fue amortiguado por el ascenso estadounidense. En el marco de la Guerra Fría, las dos superpotencias rechazan las relaciones coloniales dando un margen de soberanía política a los países del tercer mundo para iniciar el proceso de descolonización.

Ante esto, la pregunta que surge es por qué la República Popular de China logró recuperar la soberanía sobre Hong Kong hace más de dos décadas y Argentina no pudo hacer lo mismo con Malvinas. Si bien ambos territorios fueron ocupados por la misma potencia los resultados son diferentes. Cabe resaltar que este análisis comparativo presenta similitudes y diferencias, pero puede resultar un insumo que nos sirva para pensar una estrategia exitosa como la que realizó China.

La importancia geoestratégica de Malvinas y Hong Kong

El dominio imperial británico del siglo XIX se debe al gran desarrollo de su flota naval. Por ello, el control del espacio marítimo es fundamental para la expansión del poder nacional. Con ello se accede a la diversidad de recursos naturales, se controlan las rutas comerciales y se proyecta el poder hacia tierra firme.

El Atlántico Sur es un espacio estratégico por el valor comercial de sus recursos naturales, la biodiversidad existente, el comercio exterior, el paso interoceánico y la proyección hacia la Antártida. Otrora este espacio era considerado periférico por los grandes centros de poder, sin embargo, a partir del informe Shackleton (1976) Gran Bretaña comienza a revalorizar estos territorios, convirtiéndolos en vitales para el mantenimiento de su economía.

la pregunta que surge es por qué China logró recuperar la soberanía sobre Hong Kong y Argentina no pudo hacer lo mismo con Malvinas

En cuanto a Hong Kong, la importancia refiere a su carácter marítimo y portuario, siendo el único puerto de aguas profundas del Estrecho de Malacca, convirtiéndose así en el tercer puerto más activo del Imperio Británico hacia fines del siglo XIX. El carácter geoestratégico cobró mayor relevancia en las últimas décadas del siglo XX con la expansión de las economías de Asia-Pacífico y en la actualidad con el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, por el cuál fluye gran parte del comercio marítimo a Europa, el Golfo Pérsico y África.

Mismo invasor, desenlaces diferentes

La ocupación británica en el Atlántico Sur data de 1833 cuando se concretó la usurpación de las islas Malvinas y los espacios circundantes. A partir de ese momento, y sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, Argentina ha realizado su reclamo reivindicando su soberanía en todos los foros regionales y multilaterales. Quizás la conquista más importante fue la resolución 2065 de 1965 de la ONU la cual obliga a Gran Bretaña a negociar la soberanía de las islas.

La posibilidad real y concreta de discutir dicha soberanía se manifiesta a partir de 1974 con el documento no oficial que acerca la propuesta británica. Ambos gobiernos inician las conversaciones sobre las bases del condominio para resolver la disputa de la soberanía.

La cancillería Argentina presenta una contrapropuesta sobre el condominio, en la cual la administración conjunta preveía el momento en que el gobierno de la Argentina asumiría la totalidad de las funciones constitucionales, administrativas, judiciales, legislativas, la responsabilidad de la defensa y la conducción de las relaciones exteriores de las Islas Malvinas, reconociendo en esa oportunidad el gobierno británico la plena soberanía argentina. La muerte del presidente Juan Domingo Perón el 1 de julio de 1974 congela estas negociaciones que son retomadas cinco años más tarde por el gobierno de facto y el entonces ministro de Asuntos Exteriores británico, Peter Carrington.

La ocupación británica en el Atlántico Sur data de 1833 cuando se concretó la usurpación de las islas Malvinas y los espacios circundantes

La opción del arrendamiento volvía a florecer con más fuerza y la opción Hong Kong pasaría a ser la más viable: Gran Bretaña devolvería las islas en un plazo que todavía faltaba definir. Según el acuerdo, se restituiría la soberanía sobre las islas Malvinas y los espacios marítimos circundantes, aunque había algunas diferencias con respecto a las islas Georgias y Sándwich de Sur, las cuáles no eran reconocidas legalmente por el gobierno británico, pero podrían entrar en la negociación.

Otro de los puntos fundamentales era garantizar a los isleños y sus descendientes una forma de vida bajo las leyes e instituciones británicas por el tiempo en el que durara el arriendo (planteado en 99 años) pero graduable por generaciones. Es decir, que los hijos de los isleños sean de doble nacionalidad y los nietos argentinos, lo cuál permitiría disminuir el tiempo de arriendo y negociar una nueva fecha.

En síntesis, una vez firmado el acuerdo habría cesión de soberanía territorial y marítima, la administración británica continuaría por el plazo establecido, las dos banderas flamearían juntas, ambos países tendrían un representante en las islas y se crearía un Consejo Conjunto para el desarrollo económico. No es de menor importancia mencionar que Gran Bretaña tendría el derecho de explotación de los recursos hasta que el acuerdo caducara.

Sin embargo, todo este andamiaje diplomático fue rápidamente desmantelado por la presión que ejercieron los isleños, quienes al no formar parte de las negociaciones sintieron sus derechos vulnerados, cuyo resultado final se traduce en el congelamiento de las conversaciones entre Argentina y Gran Bretaña. Dos años más tarde, el conflicto bélico del Atlántico Sur abortaría todo intento de reflotar la opción del arrendamiento.

Se podría establecer que el caso de Hong Kong es similar, pero con un final diferente. La Guerra del Opio (1839 – 1842) entre la dinastía Qing y el imperio británico tiene como resultado la derrota militar del primero, quien se vio obligado a firmar el Tratado de Nanjing, un acuerdo desigual por el cual el entonces emperador chino cedió la isla de Hong Kong en perpetuidad a Gran Bretaña. En 1856 se desata la Segunda Guerra del Opio, liderada por Gran Bretaña y Francia. El resultado fue la firma del Tratado de Beijing, por la cual el país europeo adquirió la península de Kowloon en 1860.

El estado de indefensión del imperio chino condujo a una nueva concesión a Londres en 1898, dónde se cedió durante el plazo de 99 años el área circundante a la península de Kowloon, conocida como los Nuevos Territorios.

Todos los gobiernos de China posteriores a la Revolución de 1911 nunca reconocieron los tratados desiguales. Con la fundación de la República Popular (1949), en varias ocasiones el gobierno declaró que Hong Kong era territorio chino.

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Deng Xiaoping manifestó su intención de recuperar la soberanía sobre los territorios adquiridos por Gran Bretaña. Luego de varias negociaciones, el mandatario chino junto a su par británica Margaret Thatcher suscriben en 1984 la declaración conjunta sino-británica, por la cual Hong Kong, la península de Kowloon y los Nuevos Territorios pasarían a manos chinas una vez que finalice el acuerdo de arrendamiento el 1° de julio de 1997.

Realizando un paralelismo con la propuesta de condominio compartido entre Argentina y Gran Bretaña, el caso de Hong Kong resulta similar en algunos puntos, pero diferente en otros. Los intereses británicos para conceder la creación de la Región Administrativa Especial de Hong Kong en 1997 estaban vinculados a mantener las relaciones económicas-comerciales que se habían afianzado en esos territorios durante la ocupación.

Si bien la región estaba subordinada al gobierno central de China, mantenía cierta autonomía en su sistema socio-económico, permaneciendo las leyes vigentes que hasta ese momento regían: libertad de expresión, prensa, publicación, manifestación, religión; derecho a huelga, inglés como idioma oficial, al igual que el chino; sistema financiero independiente, dólar como moneda de circulación, políticas de baja presión tributaria; status de puerto libre; territorio aduanero y centro financiero internacional; desarrollo de las relaciones exteriores sin intervención del gobierno central, las cuales se mantendrían por cincuenta años. Así, se puso en práctica el principio “un país, dos sistemas” que promovía china con establecimiento de Hong Kong como región especial.

Con ello, China ganaba un canal de inserción internacional gracias a las facilidades adquiridas por Hong Kong durante el gobierno británico para el desarrollo empresarial.

Malvinas y Hong Kong: similitudes, diferencias y opciones

Si bien la propuesta de arrendamiento surgida a fines de la década de 1970 entre Argentina y Gran Bretaña tiene similitudes con la opción Hong Kong, hay un detalle no menor que debemos tener en cuenta. Más allá de los tratados desiguales, China logró establecer una fecha límite para la cesión de sus territorios, lo cual obligaba a Gran Bretaña a sentarse a negociar nuevamente la soberanía. Algo que no ocurrió en el caso de Malvinas, ya que la ocupación por la fuerza no conllevó ningún tipo de tratado.

Tanto en el caso de Hong Kong como el de Malvinas, el principio de integridad territorial es el que prima. Es decir, la discusión en torno a la soberanía se da entre los Estados y la población involucrada no es tenida en cuenta como un tercer factor, ya que al hacerlo se reconocería el principio de autodeterminación.

Si bien HONG KONG estaba subordinada al gobierno central de China, mantenía cierta autonomía en su sistema socio-económico, permaneciendo las leyes vigentes

Por otra parte, post conflicto de 1982 el Atlántico Sur dejó de ser un espacio periférico. En términos geopolíticos por su proyección a la Antártida y cómo vía de navegación interoceánica; en términos económicos por el potencial hidrocarburífero e ictícola. En el caso de Hong Kong, su consolidación como centro comercial y financiero del mundo en la década del 70 lo convertía en la puerta de entrada de occidente a China y viceversa, por lo tanto, chinos y británicos tenían intereses comunes, que serían claves para destrabar el conflicto.

Entendiendo esto, la revalorización del Atlántico Sur podría convertirse en algo beneficioso para la Argentina. Si aumenta el interés de Gran Bretaña sobre estos territorios también aumentan sus costos militares. Esto deberá traducirse en una política exterior que intensifique la presión sobre Gran Bretaña, denunciando el colonialismo y la militarización. El encarecimiento de los costos de ocupación a partir de una política latinoamericana unificada puede configurar un nuevo escenario para que los británicos quieran sentarse a negociar la soberanía sobre Malvinas.

China subsumida en la derrota planificó su futuro, logrando la reunificación de Hong Kong y Macao un siglo después, y teniendo como objetivo para el 2050 lograr la incorporación de Taiwán. Argentina deberá aprender de la paciencia china para en un futuro próximo recuperar Malvinas y lograr la tan ansiada integridad territorial.

Hilario Patronelli
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Docente del Departamento de Geografía (FaHCE-UNLP) e investigador del Centro de Investigaciones Geográficas –CIG– e Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales –IdIHCS–, Universidad Nacional de La Plata –UNLP