América Latina, ante una oportunidad histórica de resetear sus instituciones

América Latina China EE.UU.

Hay cuatro hechos ineludibles: a) la necesidad de China de expandirse y asegurar su abastecimiento, b) el inmenso stock de recursos naturales de América Latina, c) el cada vez mayor disconformismo de las poblaciones de nuestra región con sus dirigentes por las promesas de mejora social incumplidas y d) una creciente desigualdad social en América Latina que genera mayor dependencia de subsidios políticos.

Hay tres estrategias seleccionadas por los países de la región para lidiar con éstos eventos fácticos: a) Considerar a China como un socio comercial y estratégico prioritario, ofreciéndole recursos naturales a cambio de la plusvalía de mayores recursos fiscales o apoyo financiero. Sería el caso emblemático de Argentina y Chile, b) Considerar a China sólo como un socio comercial, importante pero complementario a los vínculos que se mantienen con otras potencias como Estados Unidos y la EU por otros asuntos geoestratégicos. Sería el caso de Colombia y Brasil. Y finalmente la opción c) Minimizar el vínculo comercial con China, ya sea por decisión propia o por interés de Estados Unidos, tal el caso de México y los países de América Central.

Latam
Estados Unidos busca que América Latina reduzca su vínculo con China, pero una relación equilibrada con ambas potencias parece ser la estrategia más virtuosa.

Hay dos tendencias claras relativamente recientes. La primera es un aumento en la demanda global de bienes y servicios a posteriori de la crisis 2020 junto a la hiperliquidez generalizada, generada por el impulso monetario de los bancos centrales para ayudar a las economías a recuperarse. Todo ello ha impulsado presiones devaluacionistas sobre el dólar que a su vez se reflejaría en una suba cíclica de largo plazo en el precio de los commodities que producen y exportan los países de América Latina. La segunda es el debilitamiento persistente de las instituciones locales (normas, reglas, acuerdos, división de poderes, etc) en nuestros países para mantener unido el tejido social y de «check and balance» políticos, así como constituirse en elementos componedores básicos de la inversión sustentable de largo plazo.

Por lo tanto, están dados todos los elementos para que tengamos un boom de precios de nuestros productos exportables por mucho tiempo y junto a ello un aumento de recursos fiscales; en plena convivencia concomitante con dichas instituciones frágiles, permeables e ineficientes que deben administrar la bonanza.

Hay una estrategia superadora que podrían considerar los países de la región en el marco de este contexto de hechos y circunstancias: consiste en exportar bienes e importar instituciones.

Se deben alcanzar acuerdos bilaterales de vinculación estratégica de largo plazo con nuestros socios. No más zigzagueos oportunistas según el gobierno de turno y dependientes del valor de los bienes y servicios.

Seleccionaríamos a los socios no sólo por el tamaño de su demanda, sino además por los bienes públicos que podríamos nosotros adquirir de ellos.

De Estados Unidos aprenderíamos e implementaríamos las mejores prácticas referidas al valor de la democracia, la división de poderes, el liberalismo económico y la libertad de prensa. De Europa tomaríamos la aplicación de consensos básicos, la generación de reglas permanentes en el tiempo, la unificación de criterios y la prosecución de objetivos comunes. De China tomaríamos la planificación de largo plazo.

Sólo así podremos construir instituciones sólidas que permitan no sólo en principio atraer y generar inversiones que permitan el crecimiento, mayor nivel de empleo y menor pobreza; sino adicionalmente un cambio cultural lento pero continuo que cale en las generaciones más jóvenes para generar una renovación que permitiera transformar nuestros países en la potencialidad de lo que podríamos ser.

Acerca del autor

Es licenciado en Administración de Empresas egresado de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina). Posee un Titulo de  Máster en Relaciones Internacionales (FLACSO), un Titulo de Máster en Relaciones Económicas Internacionales (Universitat de Barcelona), un Diploma de Posgrado en Integración Económica Regional y Relaciones Económicas Internacionales (Universitat de Barcelona-Beca obtenida de la Fundación Carolina), un Posgrado de Especialización en Mercado de Capitales (UBA, Argentina) y un Posgrado en Negocios con Commodities Agrícolas (UBA). Desde el 2011 dirige JACOB, empresa especializada en consultoría económica-financiera.