La estrategia de Vietnam ante las tarifas: Trump Tower en Ho Chi Minh y golf en Hanói

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Frente al inminente regreso de aranceles impuestos por la administración Trump, muchos países buscan estrategias para mantener el acceso al mercado estadounidense. En este contexto, Vietnam ha optado por una jugada diplomática audaz: la Organización Trump y un socio local están explorando planes para construir un rascacielos en el centro financiero de Ciudad Ho Chi Minh, en Vietnam.

Como si fuera poco, buscan también facilitar un proyecto inmobiliario de lujo con la marca Trump en las afueras de Hanói. La iniciativa, diseñada para atraer el favor del expresidente estadounidense, ilustra la capacidad de Vietnam para maniobrar con agilidad frente a la diplomacia transaccional de Estados Unidos. Sin embargo, este tipo de apuestas está lejos de ser replicable en otros países.

El complejo de 1.500 millones de dólares, que incluirá tres campos de golf de 18 hoyos y residencias de lujo, fue aprobado de manera acelerada por las autoridades vietnamitas. La presencia del primer ministro Pham Minh Chinh junto al hijo de Donald Trump en el acto de inicio de obra fue una señal inequívoca de cómo el gobierno vietnamita pretende manejar sus relaciones con Washington: a través de una diplomacia orientada a los negocios y los resultados visibles.

Esta estrategia no es improvisada. Vietnam cuenta con un sistema político que permite decisiones rápidas sin una oposición institucional significativa. La prioridad política actual es el crecimiento económico, y la promoción de inversiones extranjeras es una de sus herramientas principales. En ese marco, el proyecto de marca Trump puede interpretarse como parte de una narrativa de desarrollo más amplia, que busca fortalecer el turismo, crear empleo y mantener el interés del capital internacional en el país.

El momento también es estratégico: Vietnam será anfitrión de la cumbre de líderes del APEC en 2027, y tener al expresidente estadounidense de regreso en su territorio podría ser una jugada de visibilidad global. Incluso si las amenazas arancelarias de Washington persisten, el gobierno vietnamita podrá presentar el proyecto como una apuesta por el crecimiento y no simplemente como un gesto político.

No obstante, la iniciativa no está exenta de riesgos. La expropiación de tierras y la compensación a los residentes afectados por el proyecto son temas especialmente sensibles en Vietnam, donde los conflictos por tierras han derivado históricamente en protestas sociales. Las autoridades han instruido a los responsables del proyecto a garantizar una reubicación digna y condiciones de vida mejoradas para quienes sean desplazados. La nueva Ley de Tierras también exige compensaciones justas y transparentes, aunque su aplicación efectiva dependerá del compromiso gubernamental.

Otro elemento que favorece al gobierno vietnamita es su control sobre los medios de comunicación. Esta capacidad de moldear la opinión pública le permite reducir el impacto de las críticas internas, máxime cuando se trata de un proyecto que cuenta con una marca que goza de cierta simpatía popular. El expresidente Trump mantiene una imagen favorable entre muchos vietnamitas, principalmente por su postura crítica hacia China, el vecino con quien Vietnam mantiene relaciones complejas.

En contraste, países con sistemas políticos más abiertos han tenido menos margen de maniobra frente a las presiones arancelarias de la administración Trump. En Tailandia, la sola propuesta de reducir aranceles al maíz estadounidense desató protestas de agricultores y fracturas en el gobierno. En India, las reducciones en los gravámenes a productos como las motocicletas Harley-Davidson y el whisky provocaron reacciones adversas de sectores clave. Y en Corea del Sur, las concesiones otorgadas en un contexto electoral intensificaron el debate político interno y la crítica mediática.

Estos ejemplos demuestran que el modelo vietnamita no es fácilmente replicable. Su éxito se basa en una combinación de factores: una estructura política centralizada, control mediático, ausencia de oposición organizada y una narrativa nacional centrada en el crecimiento. En otros contextos, los mismos movimientos podrían desembocar en crisis políticas y daños reputacionales.

Para Vietnam, el proyecto Trump representa un cálculo frío. Incluso si no se traduce en beneficios inmediatos, consolida su imagen de país abierto a los negocios y le permite ganar tiempo en un entorno geopolítico incierto. Para otros gobiernos, sin embargo, intentar emular esa estrategia sin contar con mecanismos de amortiguación similares podría ser no solo ineficaz, sino contraproducente.

La experiencia vietnamita ilustra cómo un gobierno puede jugar con audacia en el tablero de la diplomacia transaccional, siempre que cuente con los recursos políticos y sociales para gestionar los costos internos. El problema para muchos otros países es que esos recursos no están garantizados.

Lao
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Colaborador en ReporteAsia