India y Pakistán, dos potencias nucleares con una historia marcada por la tensión permanente, protagonizaron esta semana un nuevo episodio de confrontación militar convencional que, por su escala y consecuencias, redefine el equilibrio estratégico en Asia Meridional. La reciente “Operación Sindoor”, lanzada por Nueva Delhi el 7 de mayo como represalia por un atentado terrorista en Cachemira, ha introducido un cambio cualitativo en la política de disuasión entre ambas naciones.
La operación consistió en ataques con misiles dirigidos contra presuntas bases de grupos yihadistas como Lashkar-e-Taiba y Jaish-e-Mohammed, a lo largo del territorio pakistaní, incluyendo objetivos dentro de la provincia de Punjab, región considerada históricamente como el “corazón” geoestratégico de Pakistán. La acción india se produjo tras el atentado del 22 de abril que causó la muerte de 26 civiles en la región de Pahalgam. Según fuentes oficiales, el ataque fue diseñado para evitar instalaciones militares, lo cual muestra la intención de Nueva Delhi de sostener una línea de escalada controlada.
Sin embargo, Islamabad respondió rápidamente con la intercepción y derribo de al menos tres aeronaves militares indias, presuntamente Rafale de fabricación francesa. El dato relevante no solo fue la capacidad de respuesta inmediata, sino el uso de misiles aire-aire PL-15 de origen chino, lo que pone de relieve la creciente sofisticación del sistema defensivo pakistaní y el impacto geopolítico de la cooperación militar con Beijing.
Analistas del Carnegie Endowment for International Peace y del Stimson Center advierten que este episodio marca un quiebre en la estrategia de contención recíproca que, desde 1998, evitaba la internacionalización del conflicto. El hecho de que India haya consolidado la práctica de ataques transfronterizos directos desde 2016, ahora ampliados a zonas internas de Pakistán, constituye una nueva doctrina de acción limitada que busca, mediante el uso calibrado de la fuerza convencional, restaurar la disuasión sin activar la amenaza nuclear.
Este cambio doctrinario se suma a una competencia tecnológica acelerada. China, proveedor clave de misiles y aviones de combate al ejército pakistaní, aparece como actor indirectamente beneficiado por la distracción estratégica que este conflicto impone a India, cuyo alineamiento creciente con Estados Unidos ha sido un punto de fricción en el tablero indo-pacífico. Si bien Beijing ha instado públicamente a la moderación, su influencia sobre Islamabad se revela decisiva en la arquitectura de defensa pakistaní.
A su vez, la Casa Blanca, bajo la administración Trump, observa con cautela. La posible extensión del conflicto pondría a prueba la capacidad de India para actuar como pilar de contención frente al ascenso chino en Asia. El think tank CSIS (Center for Strategic and International Studies) destaca que la efectividad de los misiles chinos contra plataformas occidentales podría reconfigurar las percepciones regionales sobre la calidad del armamento asiático y afectar la confianza en las alianzas estratégicas de Washington.
En definitiva, el episodio de mayo de 2025 no puede ser considerado un evento aislado. Representa una evolución en la conflictividad indo-pakistaní, donde el umbral de disuasión se ha desplazado hacia una zona de ambigüedad peligrosa. La posibilidad de represalias asimétricas, escaladas accidentales o intervenciones de terceros actores subraya la fragilidad del equilibrio regional. En este nuevo escenario, el rol de los organismos multilaterales y la diplomacia preventiva adquieren una urgencia renovada.
Es Doctor en Relaciones Internacionales (Universidad del Salvador, Argentina), Master of Strategic Studies and Defense (China's National Defense University) y Master en Planeamiento Estratégico y Dirección por Objetivos del Instituto Internacional de Estudios Globales para el Desarrollo Humano (España). Asimismo, tiene un tercer Master of Strategic Studies (US National Defense University, Estados Unidos) y es Lic. en Estrategia y Organización del Instituto de Estudios Superiores del Ejército argentino. Asimismo, es miembro del Consejo Asesor Académico de la Facultad del Ejército, es profesor en el doctorado en Defensa de dicha entidad, profesor invitado en la Universidad de Cuyo y de la Universidad Católica de Córdoba, e integra el Consejo Asesor de la Fundación CIEPEI (Centro de Investigación en Estudios Políticos Económicos e Internacionales).
Magister en Ciencia Política por la Facultad de Derecho y Profesor en Historia por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata.















