Con una población musulmana mundial en constante crecimiento y una demanda global de alimentos certificados que supera el billón de dólares, Tailandia ha identificado una oportunidad estratégica: posicionarse como centro regional e incluso mundial de la industria halal. En un contexto de transformación económica, el país del sudeste asiático está impulsando políticas integradas que combinan producción, exportaciones y turismo para aprovechar este nicho de alto valor.
En 2024, Tailandia exportó productos halal por un valor de 335 mil millones de baht, lo que representó un crecimiento superior al 50% respecto al año anterior. Aunque esta cifra aún está lejos de los líderes globales como Brasil, India o Estados Unidos, el gobierno tailandés ha trazado un plan ambicioso: ubicarse entre los cinco mayores exportadores de productos halal del mundo para 2028.
El Ministerio de Industria ha jugado un rol clave al crear el Thai Halal Industry Centre y establecer el National Halal Industry Committee (NHIC), encargados de coordinar las acciones de certificación, promoción y desarrollo empresarial. La industria halal no se limita a la alimentación: incluye cosméticos, moda, turismo y servicios financieros compatibles con la ley islámica. Sin embargo, los alimentos siguen siendo el segmento dominante, representando el 63% del mercado halal mundial, cuyo valor se estima actualmente en 1,4 billones de dólares y se espera que se duplique en los próximos cinco años.
Uno de los motores del crecimiento en Tailandia ha sido la mejora en los estándares de certificación. Más de 7.000 empresas alimentarias tailandesas ya cuentan con la aprobación del Consejo Islámico Central de Tailandia (CICOT), frente a apenas 2.000 en 2019. Esta certificación no solo garantiza el cumplimiento de las normas islámicas, sino también la trazabilidad, higiene y transparencia de los procesos productivos, cualidades cada vez más valoradas incluso por consumidores no musulmanes.
Internacionalización: alianzas y mercados estratégicos
La estrategia tailandesa no se limita a producir más, sino también a exportar mejor. El país ha identificado una serie de mercados prioritarios donde la demanda de productos halal es elevada y donde Tailandia cuenta con ventajas logísticas o acuerdos comerciales favorables.
Entre ellos destaca Indonesia, el país con mayor población musulmana del mundo y vecino directo del reino. Aunque las exportaciones tailandesas de productos halal a Indonesia rondaron los 24 mil millones de baht en 2024, se considera que existe un amplio margen de crecimiento, especialmente si se considera que el consumo de alimentos en ese país crece a un ritmo del 8% anual.
La reanudación de relaciones diplomáticas con Arabia Saudita en 2022 ha abierto nuevas puertas en Medio Oriente, una región que concentra una parte importante de los 57 países miembros de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI), destino prioritario para los exportadores halal. La demanda de alimentos secos, enlatados y listos para consumir ha aumentado, en particular en los países del Golfo y el norte de África.
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Tailandia también apunta a mercados no musulmanes pero con importantes minorías islámicas, como Alemania, Francia e Inglaterra. En estos casos, la certificación halal actúa como un distintivo de calidad, seguridad alimentaria y responsabilidad ética, valores que están ganando terreno entre consumidores globales.
Empresas como CP Foods, Betagro y Thai Union Group lideran esta ofensiva comercial. CPF, por ejemplo, ya cuenta con 23 fábricas certificadas halal y ha obtenido aprobaciones internacionales en países como Malasia, Singapur y los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo. Su objetivo es crecer entre un 10% y un 15% anual en el segmento halal.
Turismo halal: una oportunidad para diversificar el sector
Más allá de la exportación de bienes, Tailandia busca capitalizar el creciente flujo de turistas musulmanes. En 2024, recibió alrededor de 30 millones de visitantes internacionales, de los cuales un 20% eran musulmanes. El país se ubicó como el quinto destino preferido entre las naciones no musulmanas en el índice Mastercard-Crescent Rating Global Muslim Travel Index.
Con el objetivo de atraer aún más visitantes de esta comunidad, las autoridades han promovido la expansión de la oferta gastronómica certificada halal, así como el desarrollo de aplicaciones móviles como Halal Route, que permite localizar restaurantes, mezquitas y horarios de oración. Esta app, impulsada por el Halal Science Center de la Universidad de Chulalongkorn, busca facilitar la experiencia de viaje y reforzar la imagen de Tailandia como un destino inclusivo.
La percepción de seguridad alimentaria también juega un rol clave. Muchos viajeros, como los provenientes de Qatar, Emiratos Árabes o Malasia, valoran la tranquilidad que les genera ver el sello halal en los productos o poder acceder a una tienda 7-Eleven donde se ofrezca comida certificada. En palabras de Winai Dahlan, director del Halal Science Center, «el halal no solo refiere a lo religioso, sino que se asocia con limpieza, confianza y trazabilidad».
Uno de los próximos pasos del gobierno tailandés es la creación de un parque industrial halal en el sur del país, cerca de la frontera con Malasia. Esta zona estratégica permitirá centralizar la producción, facilitar la certificación y potenciar las exportaciones a un mercado vecino clave. Al mismo tiempo, busca atraer inversiones extranjeras de empresas que quieran establecerse en un entorno favorable para el desarrollo de productos halal.
La innovación también es un pilar de la estrategia. Se están destinando recursos al desarrollo de alimentos listos para consumir, adaptados a las preferencias de consumidores del norte de África y Medio Oriente. La incorporación de tecnologías para trazabilidad y control de calidad también es prioritaria, en un contexto donde la transparencia es cada vez más exigida.
No obstante, el desafío es doble: competir con potencias consolidadas como Malasia, mantener estándares rigurosos y evitar escándalos que puedan dañar la credibilidad del sello halal tailandés. Además, la infraestructura logística y el acceso a materias primas certificadas aún presentan cuellos de botella que el gobierno deberá resolver si quiere escalar su posición global.
La apuesta por la industria halal en Tailandia no es solo económica. Implica una visión transversal que abarca desde la inclusión cultural hasta el fortalecimiento del tejido productivo nacional. Combina políticas públicas, promoción turística, mejora regulatoria y apoyo a la pequeña y mediana empresa, en un esfuerzo por diversificar la economía y posicionarse como un actor relevante en un mercado global en expansión.
A medida que la población musulmana mundial crece y que los consumidores demandan productos cada vez más éticos y trazables, Tailandia busca consolidarse como una opción confiable, innovadora y competitiva. No solo quiere ser la «cocina del mundo», sino también el epicentro halal del sudeste asiático.
Colaborador en ReporteAsia













