Xi Jinping aterrizó el lunes en Pyongyang para una visita de Estado de dos días a Corea del Norte, la primera desde junio de 2019 y el primer viaje al exterior del presidente chino en lo que va de 2026. Kim Jong Un y su esposa Ri Sol Ju lo recibieron personalmente en el aeropuerto y lo acompañaron a la Plaza Kim Il Sung, donde se celebró una ceremonia de bienvenida con salva de 21 cañonazos, banda militar, desfile de las tres armas y miles de ciudadanos alineados en las calles con banderas, flores y globos.
Xi y su esposa Peng Liyuan fueron trasladados desde el aeropuerto hasta la Casa de Huéspedes del Estado Kumsusan entre multitudes que cubrían ambas márgenes de las avenidas de la capital norcoreana. En el recorrido, niños y adolescentes con vestimentas festivas aplaudieron y agitaron banderas chinas y norcoreanas en una coreografía que el protocolo de Pyongyang reserva para los visitantes más importantes.
La elección de Pyongyang como primer destino internacional de Xi en 2026 —antes que cualquier capital occidental, antes que Moscú, antes que los foros multilaterales del verano— no fue accidental. Es el primer mensaje de la visita: la relación con Corea del Norte ocupa un lugar prioritario en la agenda de política exterior china, independientemente de las conversaciones que Beijing mantenga simultáneamente con Washington u otros actores del sistema internacional.
El artículo en el Rodong Sinmun: el protocolo de los aliados más cercanos
Antes de aterrizar, Xi publicó un artículo firmado en el Rodong Sinmun —el diario oficial del Partido del Trabajo de Corea— en el que describió a China y Corea del Norte como «vecinos socialistas amistosos que se apoyan mutuamente y comparten un futuro común» y señaló que la relación bilateral «se encuentra en un nuevo punto de partida histórico, enfrentando nuevas oportunidades de desarrollo y asumiendo nuevas misiones de los tiempos». Publicar un artículo firmado en el diario oficial del partido gobernante de un país antes de una visita de Estado es una fórmula diplomática que China reserva para sus vínculos más cercanos e ideológicamente afines. Xi hizo lo mismo antes de su visita a Rusia en 2023 y antes de su primera visita a Corea del Norte en 2019.
En el artículo, Xi subrayó que «sin importar cómo cambien los tiempos o cómo evolucione el panorama internacional, la amistad tradicional entre China y la DPRK permanece inquebrantable y duradera, demostrando constantemente una vigorosa vitalidad.» También destacó que en los últimos años él y Kim han sostenido seis reuniones, manteniendo «una estrecha comunicación estratégica y diseñando conjuntamente un plan para el desarrollo de las relaciones chino-norcoreanas.» Ese número —seis encuentros en años recientes— es la evidencia más directa de que la relación bilateral no es solo ceremonial: es una coordinación política activa y sostenida.
La reunión en Kumsusan: cuatro propuestas y un aniversario
Las conversaciones formales entre Xi y Kim se celebraron en la Casa de Huéspedes del Estado Kumsusan, en Pyongyang. Xi presentó cuatro propuestas concretas para el desarrollo de la relación bilateral en la nueva era.
La primera: profundizar la comunicación estratégica de alto nivel y consolidar la confianza política mutua. Xi señaló que la orientación estratégica de los máximos líderes de ambos países «es la mayor fortaleza de las relaciones China-DPRK» y se declaró dispuesto a mantener una comunicación estratégica cercana con Kim para guiar la relación bilateral hacia «nuevas alturas». Ambas partes acordaron aprovechar el 65° aniversario del Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua entre China y Corea del Norte —firmado en 1961 y que incluye una cláusula de asistencia mutua en caso de agresión— para fortalecer los intercambios en todos los niveles.
La segunda: elevar el nivel de la cooperación práctica. Xi expresó la disposición de China a profundizar la alineación de estrategias de desarrollo y ampliar la cooperación práctica en sectores como economía y comercio, agricultura, construcción, ciencia y tecnología y atención sanitaria. Señaló explícitamente la reapertura total de los cruces fronterizos y la reanudación de vuelos civiles y trenes internacionales de pasajeros como oportunidades para aumentar los intercambios entre personas, una referencia directa a la normalización de la relación económica bilateral después de años de restricciones derivadas de la pandemia de COVID-19 y las sanciones internacionales.
La tercera: fortalecer los lazos entre los pueblos de los dos países. Xi mencionó la preservación de los monumentos dedicados a los mártires de los Voluntarios del Pueblo Chino en territorio norcoreano como una responsabilidad compartida, en una referencia a los soldados chinos caídos durante la Guerra de Corea (1950-1953). También llamó a ampliar intercambios en educación, cultura y artes, turismo, deportes, medios de comunicación, juventud y relaciones entre ciudades hermanas. La mención de Corea del Sur como destino potencial de repatriación de restos de soldados chinos ocurrió de manera paralela en un contexto diferente —las entregas anuales que Seúl realiza en Incheon—, pero la preservación de los monumentos en el norte es la dimensión que le compete a Pyongyang.
La cuarta: profundizar la coordinación estratégica multilateral para defender la justicia internacional y oponerse al hegemonismo y la política de poder. Xi llamó a ambas partes a rechazar «cualquier plan o acción destinada a revivir el militarismo y socavar la seguridad y estabilidad regionales», a defender el sistema internacional con las Naciones Unidas en su núcleo y el orden internacional basado en el derecho internacional, y a promover conjuntamente la multipolarización del mundo y una globalización económica universalmente beneficiosa.
Kim: la visita demuestra que el vínculo es «inquebrantable»
Kim respondió con el mismo registro afectivo y político que caracteriza las cumbres chino-norcoreanas. Calificó a Xi como «el huésped más respetado del pueblo de la DPRK» y describió la elección de Pyongyang para el primer viaje al exterior del año como «una enorme demostración de la importancia que otorga a las relaciones DPRK-China y la profunda amistad entre los dos países, lo cual es un tremendo aliento para el lado norcoreano.» Kim calificó la visita como una demostración de que el vínculo bilateral «es inquebrantable» y dijo que las relaciones «siempre han estado en el lado correcto de la historia y han defendido la autonomía y la justicia.»
Kim también ofreció un balance de la relación desde la reunión bilateral en Beijing en septiembre del año pasado, destacando «avances positivos en varios campos que han traído beneficios tangibles a los dos pueblos.» Expresó apoyo explícito al principio de una sola China, a las posiciones de Beijing sobre sus intereses fundamentales —incluyendo Taiwán y el Mar del Sur de China— y al concepto de «comunidad con un futuro compartido para la humanidad» que Xi propugna en los foros internacionales.
Kim dijo que el departamento norcoreano correspondiente trabajará estrechamente con sus contrapartes chinas para implementar las propuestas de Xi y promover nuevos avances en los intercambios y la cooperación bilateral en economía y comercio, infraestructura, ciencia y tecnología, educación e intercambios culturales y entre personas. Señaló que el partido y el Estado norcoreanos consideran el desarrollo de las relaciones con China como «el principal empeño estratégico del Estado.»
Por la noche, Kim ofreció un banquete de bienvenida en el que Xi declaró que la relación bilateral «se encuentra en un nuevo punto de partida histórico», la frase que sintetizó el tono del primer día de la visita: no una consolidación del pasado sino el inicio de una nueva fase con mayor densidad en todos los planos de la relación.
Colaborador en ReporteAsia














