El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, eligió Singapur para enviar un mensaje que resume con precisión la paradoja del momento: las relaciones entre Washington y Beijing están mejor que en años, y aun así hay motivos de «alarma justificada.»
En su discurso del sábado ante el Shangri-La Dialogue, el foro de seguridad más influyente de Asia, Hegseth describió un Indo-Pacífico preocupado por «la expansión histórica del poderío militar chino y la ampliación de sus actividades militares en la región y más allá.» No fue un discurso de confrontación, pero tampoco de complacencia.
Distensión con advertencia
El telón de fondo es la cumbre que Trump y Xi Jinping celebraron en Beijing hace apenas dos semanas, en la que ambas potencias priorizaron la estabilización de la relación bilateral por encima de resolver los grandes contenciosos geopolíticos y económicos que las separan. El encuentro marcó un punto de inflexión en el tono, aunque no necesariamente en el fondo.
Hegseth reconoció ese cambio de clima. Las relaciones entre los dos países, dijo, están en su mejor momento en muchos años bajo el liderazgo de Trump. Pero fue cuidadoso en no confundir distensión con abandono de posiciones. «No abordamos este desafío con una confrontación innecesaria, sino con una postura de fortaleza medida y deliberada. Nuestro enfoque es firme, silencioso y claro», señaló ante los delegados reunidos en Singapur.
El tono contrasta con su intervención del año pasado, cuando advirtió sobre «consecuencias devastadoras» en caso de que China intentara invadir Taiwán. Esta vez la retórica fue más contenida, en línea con el momento diplomático.
Sin aliados dependientes
Uno de los ejes del discurso fue la redefinición del rol de EE.UU. en la región. Hegseth fue explícito: la era en que Washington subsidiaba la defensa de naciones ricas terminó. «Necesitamos socios, no protectorados. Buscamos alianzas construidas sobre responsabilidad compartida, no sobre dependencia», afirmó.
En ese marco, elogió a Japón por los «pasos concretos para acelerar su transformación en defensa» y dijo que la administración Trump tiene «grandes expectativas» para la alianza con Tokio. «Juntos estamos mejorando nuestra postura de fuerzas e invirtiendo en las capacidades correctas. Aún no llegamos a la línea de llegada, pero el impulso va en la dirección correcta», sostuvo.
La referencia a Japón no es menor: Tokio ha venido aumentando su presupuesto de defensa de forma sostenida, acercándose al 2% del PBI, y ha ampliado sus capacidades de contraataque en lo que representa el mayor viraje estratégico del país desde la posguerra.
El equilibrio como doctrina
El mensaje central de Hegseth en Singapur puede resumirse en una palabra: equilibrio. EE.UU. no busca dominar Asia, pero tampoco permitirá que ningún otro poder lo haga. «Impediremos que Asia sea dominada por cualquier hegemonía que desestabilice el equilibrio regional y socave el equilibrio que todos buscamos preservar», afirmó.
Subrayó además que, a diferencia de sus aliados europeos occidentales, Washington considera que sus socios asiáticos entienden desde hace tiempo que la base de una asociación duradera no es la adhesión a «valores idealistas» sino la «alineación concreta de intereses nacionales.» Una señal de que la estrategia estadounidense en el Indo-Pacífico se aleja del lenguaje liberal y se acerca a un realismo descarnado.
El Shangri-La Dialogue de este año se celebra en un momento de inusual complejidad: con una tregua comercial frágil entre Washington y Beijing, tensiones no resueltas en el Mar de China Meridional y un rearme regional que no da señales de desacelerarse. El discurso de Hegseth refleja exactamente esa ambigüedad: ni guerra fría ni luna de miel. Algo más difícil de nombrar y, probablemente, más difícil de sostener.
Colaborador en ReporteAsia













