Mientras Trump y Xi Jinping protagonizaban la dimensión política de la cumbre de Pekín, el premier Li Qiang convocó el jueves por la tarde a los CEOs estadounidenses de la delegación en el Gran Palacio del Pueblo para una reunión separada que tuvo su propio peso específico. Frente a Jensen Huang de Nvidia, Elon Musk de Tesla, Tim Cook de Apple, Larry Fink de BlackRock y Dina Powell McCormick de Meta, entre otros, Li abrió con una frase que resumió el mensaje central que la administación china quiso transmitir a la comunidad empresarial americana: «Veo muchas caras conocidas y viejos amigos.»
La escena —un premier chino recibiendo en el salón más ceremonial del país a los CEOs de las empresas más valiosas del mundo— fue tan calculada en su protocolo como en su contenido. Li Qiang ocupa el segundo lugar en la jerarquía del Partido Comunista Chino, por detrás de Xi. Que sea él quien se reúna con los ejecutivos mientras Xi lo hace con Trump no es una división de tareas burocrática sino una señal política precisa: los negocios son serios, tanto como para que el segundo hombre más poderoso de China les dedique tiempo propio el día más importante de la cumbre.
El mensaje a los ejecutivos
Li fue directo en el contenido de su mensaje. «China y Estados Unidos pueden y deben seguir siendo amigos y socios», dijo en la apertura televisa del encuentro. La frase espejaba el lenguaje que Xi había usado horas antes con Trump, pero dirigida específicamente al universo empresarial que Li tenía enfrente: hombres y mujeres que toman decisiones de inversión, apertura de plantas, acuerdos de suministro y estrategias de mercado que se miden en miles de millones de dólares y que en los últimos años han estado condicionadas por la incertidumbre de la relación bilateral.
El mensaje de fondo era de estabilidad y apertura. China no solo tolerará la presencia de empresas americanas en su mercado sino que la promoverá activamente, en línea con lo que Xi le había dicho a los mismos ejecutivos cuando ingresaron a la sala de la reunión bilateral más temprano ese día: las puertas de China «solo se abrirán más».
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Para los CEOs presentes, la reunión con Li tenía un valor operativo que la bilateral Trump-Xi no podía darles: el premier es el responsable del gobierno del día a día de la economía china, el funcionario que supervisa la política industrial, la regulación empresarial y las relaciones comerciales en su dimensión técnica. Una señal de Li sobre el entorno regulatorio para las empresas extranjeras vale, en términos prácticos, tanto o más que las declaraciones de buena voluntad del banquete de Estado.
Huang, Musk y Cook: tres casos, tres agendas
La presencia de Jensen Huang en la reunión con Li fue el elemento que más atención generó en los mercados. China representa una porción enorme del mercado potencial de Nvidia que las restricciones de exportación impuestas por Washington le impiden aprovechar. La versión H20 del chip de Nvidia —diseñada específicamente para cumplir con esas restricciones y operar en el mercado chino— fue suspendida sin previo aviso en el otoño de 2025. El ministerio de Comercio chino había recordado horas antes, en una conferencia de prensa regular, que «China es un proveedor clave de la infraestructura global de IA» y que es «tanto un gran comprador como un gran vendedor» de semiconductores. Las exportaciones chinas de chips crecieron un 83,7% interanual en valor en los primeros cuatro meses del año. El posicionamiento no fue casual: Beijing recordó que en la cadena de suministro de IA, la dependencia es mutua.
Para Musk, la reunión con Li tuvo el tono de una visita de negocios de alto nivel que el CEO de Tesla realiza con regularidad en China. La Gigafactory de Shanghái entregó 213.000 vehículos en el primer trimestre de 2026, un 23,5% más que el año anterior, representando cerca del 60% de las entregas globales de Tesla en ese período. Musk llegó al encuentro con Li no como un ejecutivo que pide acceso sino como uno que ya opera y necesita que las condiciones se mantengan. La distinción importa: Tesla no está intentando entrar a China, está intentando no ser sacada.
Cook, por su parte, viajó a Pekín en lo que se espera sea su último gran viaje diplomático como CEO de Apple antes de retirarse el 1 de septiembre. Apple enfrenta en China la competencia renovada de Huawei —cuyo Mate 60 Pro fue recibido como un símbolo de independencia tecnológica cuando fue lanzado con chip doméstico avanzado— y necesita señales claras de que el entorno regulatorio para sus operaciones de manufactura y sus ventas en el mercado local se mantendrá estable. La reunión con Li fue esa señal.
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El rol de Powell McCormick y Fink
Dos presencias en la sala merecen atención particular por lo que representan más allá de sus empresas individuales. Dina Powell McCormick, vicepresidenta de Goldman Sachs devenida representante de Meta en la delegación, aporta un perfil doble de ejecutiva tecnológica y ex funcionaria del primer gobierno Trump que la convierte en un canal de comunicación informal entre el mundo de los negocios y la Casa Blanca. Meta tiene en China una situación singular: Facebook, Instagram y WhatsApp están bloqueados en el país, pero la empresa tiene intereses en el ecosistema de publicidad digital global que se articulan con anunciantes chinos que operan fuera del país. Su presencia en la reunión con Li es más una apuesta por el futuro que una defensa del presente.
Larry Fink de BlackRock, el mayor gestor de activos del mundo, representa al capital financiero que observa la relación bilateral con una lógica de décadas: los flujos de inversión entre las dos economías más grandes del planeta dependen de la previsibilidad regulatoria y la estabilidad geopolítica. BlackRock fue una de las primeras gestoras occidentales en obtener licencia para operar un fondo de gestión propia en China, en 2021, y mantiene una apuesta de largo plazo en el mercado de capitales chino que se valoriza o deprecia según el estado de la relación bilateral.
Li Qiang y el rol del premier en la diplomacia económica
La decisión de Xi de delegar la reunión con los CEOs en Li Qiang no fue solo protocolar. Desde que asumió como premier en marzo de 2023, Li construyó su perfil como el interlocutor preferido de la comunidad empresarial internacional, con un estilo más pragmático y menos ideológico que el de Xi en los encuentros de negocios. Fue Li quien encabezó la apertura del Foro de Davos en enero de 2024 con un discurso explícitamente pro-inversión extranjera, y quien en los meses siguientes mantuvo reuniones regulares con líderes empresariales de Europa, Japón y Corea del Sur para transmitir el mensaje de que China seguía abierta al capital internacional pese a las tensiones geopolíticas.
Esa división de roles —Xi como árbitro de los grandes principios, Li como administrador de la confianza empresarial— es un reflejo del modelo de gobernanza económica que el PCCh ha desarrollado en la última década. Y la reunión del jueves en el Gran Palacio del Pueblo fue su expresión más visible en el contexto de una cumbre cuyo resultado los mercados globales estarán leyendo durante las próximas semanas.











