El cobre no es el mineral más fotogénico de la transición energética, pero sí el más indispensable. Cada turbina eólica requiere varias toneladas. Cada vehículo eléctrico usa cuatro veces más cobre que uno a combustión. Cada kilómetro de red eléctrica renovable demanda conductores que solo ese metal puede proveer con la eficiencia requerida. Y el 46% de la producción mundial de ese metal sale de Sudamérica, con Chile y Perú como los dos pilares del corredor cuprífero más importante del planeta. Para China, Japón y Corea del Sur —las tres economías que más cobre consumen en términos relativos a su tamaño industrial— eso no es una estadística: es una dependencia estructural.
Chile es el mayor productor mundial de cobre, con una participación que oscila entre el 25% y el 27% de la oferta global. Perú es el segundo. Juntos representan más del 34% de la producción mundial. La diferencia entre ambos radica en la estructura de su industria: Chile tiene una empresa estatal dominante —Codelco— que convive con grandes multinacionales; Perú opera con un modelo más abierto a la inversión extranjera, donde las empresas chinas, canadienses y australianas tienen una presencia más directa.
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Codelco cerró 2025 con una producción de 1,332 millones de toneladas de cobre, apenas por encima de las 1,328 millones del año anterior. El número esconde una historia más compleja: la estatal chilena lleva varios años batallando para revertir la caída estructural de sus leyes de mineral y los problemas operativos en sus minas principales. En el primer semestre de 2026, Codelco produjo 689.000 toneladas, un incremento de 61.000 toneladas respecto al mismo período de 2024, impulsado por el ramp-up del proyecto Rajo Inca y la nueva sección Andes Norte de El Teniente. Sin embargo, un derrumbe en El Teniente en julio de 2026 que costó la vida a seis trabajadores interrumpió temporalmente esa recuperación.
Del lado de los privados, el panorama es más dinámico. BHP consolidó su posición como el mayor productor de cobre del mundo en términos de empresa individual, con 516.200 toneladas solo en el segundo trimestre de 2025. Teck Resources entregó 134.100 toneladas en el cuarto trimestre de 2025, un crecimiento del 10% interanual impulsado por el ramp-up de su mina Quebrada Blanca en Chile, que tuvo su mejor trimestre del año. MMG —controlada por Minmetals de China— fue la gran sorpresa: su producción anual de cobre creció un 27% en 2025, alcanzando 506.900 toneladas, impulsada tanto por Las Bambas en Perú como por el activo Khoemacau en Botsuana. En el primer trimestre de 2025, MMG había registrado un salto del 76% interanual, la cifra más llamativa del sector.
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Perú aporta una dimensión adicional al mapa cuprífero: el riesgo social. Las Bambas, la mina gigante de MMG en Apurímac, fue durante años el símbolo de los conflictos entre la industria minera y las comunidades locales. Los cortes de ruta y las paralizaciones forzosas le costaron a la empresa cientos de millones de dólares en producción perdida. La clausura de Cobre Panamá de First Quantum —ordenada en noviembre de 2023 tras ser declarada inconstitucional su concesión— eliminó de golpe el 1,5% de la oferta mundial y fue un recordatorio de que los permisos legales no garantizan la continuidad operativa. El cobre sudamericano llega a Asia en barcos de gran porte con rutas que se redeseñan ante cada cambio arancelario, y cualquier interrupción logística o política se traduce de inmediato en volatilidad de precios en el London Metal Exchange.
La demanda que viene es la que da urgencia a todo este escenario. El Banco Mundial anticipa que el cobre podría alcanzar nuevos máximos históricos en términos nominales, mientras J.P. Morgan advierte que la demanda del metal para la transición energética se duplicará hacia 2035. La brecha de oferta —agravada por la caída en las leyes de mineral, el aumento de costos y la escasez de nuevos descubrimientos— empieza a manifestarse desde 2025. Argentina, el tercero en reservas mundiales de cobre, con una producción proyectada para crecer un 340% entre 2024 y 2035, emerge como el gran candidato a llenar parte de ese vacío en la próxima década.
Periodista especializado en tecnología, energía e infraestructura.














